Sonia Rivas fue una de las voces más emblemáticas de México, una cantante que llenó teatros y fue parte de la banda sonora de millones.

Su música de amor y sus interpretaciones inolvidables aún resuenan en la memoria de muchos, pero hoy, acercándose a los 70 años, su vida ha tomado un rumbo muy diferente.
Lejos de los reflectores y el glamour, Sonia ha elegido una existencia silenciosa y alejada de la fama, marcada por decisiones personales, amores, pérdidas y una lucha constante por mantener viva su pasión por la música.
Nacida el 12 de julio de 1958 en la colonia del Valle en Ciudad de México, Sonia Rivas creció en un ambiente familiar musical.
Desde pequeña mostró una sensibilidad extrema, característica de su signo zodiacal Cáncer, que ella misma reconocía con humor y sinceridad.
Hija mayor y única mujer entre seis hermanos, su infancia fue una mezcla de protección y aislamiento, lo que la llevó a refugiarse en la música y en su mundo interior.
Su talento musical comenzó a manifestarse muy temprano.
A los cinco años, mientras su madre tomaba clases de piano, Sonia se sentaba bajo el instrumento, emocionándose profundamente con piezas como “Dead Leaves”.
Su maestro de piano pronto reconoció su don innato, y a los seis años ya tocaba melodías complejas con facilidad, mostrando un dominio natural que sorprendía a quienes la rodeaban.
A los siete años, Sonia participó en concursos de televisión, ganando premios y demostrando que su futuro estaba ligado a la música.
Sin embargo, inicialmente no pensaba en la música como una carrera principal, sino más bien como una pasión paralela a otros estudios.
Todo cambió cuando, a los 15 años, audicionó para CBS Records (luego Sony), y fue aceptada para grabar su primer álbum.

Su debut fue un éxito, con canciones originales y una voz que destacaba por su calidad y emotividad.
La aparición en el programa “Siempre en Domingo” de Raúl Velasco fue un punto clave para su carrera, quien la apoyó y la promovió con calidez y respeto.
A pesar de la presión y los desafíos de cantar en vivo, Sonia mantuvo una disciplina férrea y una pasión inquebrantable por su arte.
La vida personal de Sonia estuvo marcada por amores intensos y decisiones difíciles.
Su primer gran amor no sobrevivió a las presiones familiares y sociales, pero a los 18 años encontró a Richard Mochulske, un músico argentino con quien se casó y vivió entre México y Buenos Aires durante siete años.
En Argentina, su carrera floreció y nació su hija Melisa.
Tras divorciarse, Sonia regresó a México como madre soltera, enfrentando el estigma social de la época, pero con la determinación de seguir adelante.
Más tarde se casó con Ignacio “Nacho” Morales, un ejecutivo discográfico que se convirtió en su compañero y apoyo fundamental.
Juntos tuvieron un hijo, Rodrigo, y compartieron una relación de respeto y amor profundo.
Sonia Rivas vivió una carrera intensa, grabando con varios sellos discográficos y adaptándose a los cambios de la industria musical.
Su voz y estilo conquistaron a la radio y al público, convirtiéndose en una figura querida y respetada.
Sin embargo, también enfrentó la realidad de la soledad y la vulnerabilidad que conlleva la fama.

Las giras constantes y la vida de maleta en mano dificultaron la construcción de relaciones duraderas, y aunque conoció a personas buenas y decentes, la soledad fue una compañera constante.
La presión por mantener la excelencia en cada presentación y la exposición pública fueron desafíos permanentes.
Con el tiempo, Sonia decidió alejarse de los escenarios para dedicarse a su familia y a una vida más tranquila, apoyada económicamente por su esposo.
Sin embargo, la música nunca desapareció de su corazón.
Comenzó a producir álbumes para otros artistas y a buscar un nuevo sentido en su carrera.
La muerte de Nacho Morales en 2007 fue un golpe devastador que la llevó a un periodo de retraimiento emocional.
Criar sola a su hijo Rodrigo fue un desafío que asumió con fortaleza.
Con el apoyo de su hija Melisa y amigos, Sonia encontró la motivación para regresar a la música, no persiguiendo modas, sino reinterpretando su legado para nuevas generaciones.

La historia de Sonia Rivas es la de una artista que vivió la gloria, el amor, la pérdida y la resiliencia.
Su voz, que alguna vez llenó teatros y radios, sigue viva en el recuerdo y en sus canciones.
Su vida actual, aunque alejada de los reflectores, está llena de significado y de la pasión por la música que la ha acompañado desde niña.
Sonia Rivas nos recuerda que detrás de cada estrella hay una persona con sueños, luchas y decisiones que moldean su destino.
Su legado es un testimonio de talento, esfuerzo y amor por el arte, y su regreso musical es una inspiración para quienes creen en la fuerza de la voz y el corazón.