A los 60 años, el “Maromero” Páez enfrenta la pelea más dura: su propia realidad

De campeón mundial a un presente silencioso: la vida que pocos conocen de Jorge Páez

A los 60 años, el nombre de Jorge “Maromero” Páez sigue despertando recuerdos de noches electrizantes, arenas repletas y un estilo de pelea tan vistoso como impredecible.

Así encontramos a la leyenda del boxeo hispano Jorge 'El Maromero' Páez |  Univision Phoenix KTVW | Univision

Durante décadas, fue uno de los boxeadores más carismáticos de México, un showman del ring que convertía cada combate en un espectáculo.

Sin embargo, el paso del tiempo ha dibujado un presente muy distinto al brillo de aquellas luces.

Hoy, su vida parece marcada por la nostalgia, los desafíos personales y un silencio que contrasta con los aplausos de antaño.

Nacido en Mexicali, Baja California, Jorge Páez no solo peleaba para ganar; peleaba para entretener.

Sus saltos, sus movimientos teatrales y su forma de provocar al público lo convirtieron en una figura única en el boxeo.

Mientras otros buscaban imponerse con técnica fría, él hacía del cuadrilátero un escenario.

JORGE " MAROMERO" PAEZ : CUMPLE 60 AÑOS Y Como VIVE Es Muy TRISTE

Su carisma le abrió puertas, le consiguió contratos y lo convirtió en un ídolo popular.

Pero detrás de esa sonrisa, siempre hubo una historia más compleja.

Su ascenso fue meteórico.

Con apenas 20 años ya era un nombre conocido, y pronto conquistó el título mundial de peso pluma de la FIB.

Ese cinturón no solo representó gloria deportiva; también le dio fama, dinero y reconocimiento internacional.

Durante los años noventa, su presencia era sinónimo de espectáculo asegurado.

Los aficionados no sabían si verían un nocaut, una pelea caótica o una actuación casi circense, pero sabían que no se aburrirían.

La fama llegó rápido, y con ella, las tentaciones.

Como muchos deportistas que alcanzan el éxito a temprana edad, Páez vivió una vida intensa fuera del ring.

Fiestas, excesos y decisiones impulsivas comenzaron a marcar su trayectoria.

Mientras los fanáticos celebraban sus victorias, su entorno personal se volvía cada vez más inestable.

El dinero fluía, pero también desaparecía con la misma rapidez.

A lo largo de su carrera, acumuló más de cien peleas profesionales.

Fue una cifra impresionante, pero también una señal de desgaste físico y emocional.

El boxeo, como la vida, pasa factura.

Cada combate deja marcas, y en el caso de Páez, esas marcas no solo fueron físicas.

Su estilo arriesgado, lleno de movimientos extravagantes, también significó castigo constante.

Con el paso de los años, el “Maromero” dejó de ser el joven showman y comenzó a enfrentar un nuevo enemigo: el tiempo.

Las oportunidades disminuyeron, las bolsas ya no eran las mismas y la atención mediática se desvió hacia nuevas estrellas.

Lo que antes era un torbellino de aplausos se convirtió en un eco distante.

Su vida fuera del ring tampoco fue sencilla.

Jorge "Maromero" Páez

Problemas legales, dificultades económicas y episodios personales complicados lo colocaron varias veces en los titulares, pero no por sus hazañas deportivas.

Cada noticia parecía reforzar la idea de que el brillo del pasado se estaba apagando.

Hoy, al cumplir 60 años, la imagen del excampeón mundial es muy distinta a la de aquel joven que hacía maromas sobre las cuerdas.

Aunque sigue siendo reconocido por los aficionados, su día a día ya no está rodeado de reflectores.

Vive una etapa marcada por la introspección, los recuerdos y la lucha por mantenerse en pie en una realidad menos glamorosa.

Quienes lo han visto recientemente aseguran que conserva el carisma que lo hizo famoso, pero también una mirada cargada de experiencias.

Su historia es la de muchos campeones que lo tuvieron todo y luego enfrentaron el duro descenso después de la gloria.

El boxeo, que le dio fama y fortuna, también le dejó cicatrices y una vida llena de altibajos.

A pesar de todo, su nombre sigue siendo parte de la memoria colectiva del deporte mexicano.

Para muchos, Jorge “Maromero” Páez no fue solo un boxeador; fue un artista del ring, un personaje que convirtió cada pelea en una función inolvidable.

Y aunque su presente sea más silencioso, su legado continúa vivo en las historias que cuentan quienes lo vieron pelear.

Cumplir 60 años es, para él, una mezcla de orgullo y melancolía.

Orgullo por haber alcanzado la cima del boxeo mundial, y melancolía por los años que no volverán.

Su vida actual puede parecer triste para quienes recuerdan el esplendor de sus mejores tiempos, pero también es un recordatorio de la fragilidad de la fama y del precio que a veces se paga por vivir al límite.

Hoy, lejos de los reflectores, el “Maromero” sigue adelante, con la misma resistencia que mostró en el ring.

Tal vez ya no haga maromas ante miles de personas, pero su historia sigue siendo una de las más intensas y humanas del boxeo latinoamericano.

 

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