🤫 ¿NO ESTABA SOLO? El secreto tras la presencia de una persona misteriosa en el lugar de los hechos estalla hoy, 13 de enero de 2026.

La cumbia peruana, ese latido constante que recorre las venas del norte del país, ha enmudecido.

El pasado sábado 27 de diciembre, el mundo artístico despertó con una noticia que parecía una broma cruel del destino: Denis Alexander Quevedo Godos, el genio detrás de la agrupación “Zafiro Sensual” y cariñosamente apodado “La Pluma Dorada”, partió a la eternidad a la temprana edad de 37 años.

Lo que en un principio se reportó como un deceso repentino, ha comenzado a desvelar una trama de advertencias médicas ignoradas, crisis familiares en la madrugada y una lucha silenciosa contra afecciones cardíacas que el compositor prefirió matizar con una sonrisa y una melodía.

Denis Quevedo no era solo un director de orquesta; era el arquitecto de un sonido que fusionaba la nostalgia sanera con la alegría del pueblo.

Su muerte, ocurrida en la Clínica Belén de Piura, dejó en shock a una fanaticada que apenas 48 horas antes lo había visto brillar en un concierto multitudinario en Pomahuaca, Cajamarca, celebrando la Navidad.

Nadie podía imaginar que, mientras los ecos de sus últimas composiciones aún vibraban en el aire, el “maestro” estaba librando su última batalla física en la soledad de su hogar.

UNA MADRUGADA DE TERROR: LOS ÚLTIMOS MINUTOS

El relato de los hechos, reconstruido a través de las desgarradoras declaraciones de su padre, Florencio Quevedo, y su cuñado, Carlos Alejandro, nos sitúa en una escena de impotencia absoluta.

Eran aproximadamente las 2:30 de la mañana cuando Denis, quien intentaba descansar tras las agotadoras jornadas de fin de año, comenzó a sentirse indispuesto.

En un intento desesperado por buscar ayuda, trató de bajar del segundo al primer piso de su vivienda.

Fue en las gradas donde la tragedia se hizo inevitable.

Sus músculos, esos mismos que ejecutaban con maestría el teclado y dirigían arreglos musicales complejos, dejaron de obedecerle.

Su padre relata que Denis empezó a presentar una coloración oscura en el rostro, una señal inequívoca de la falta de oxígeno.

El artista perdió el conocimiento antes de tocar el último peldaño.

Sus hijos pequeños, testigos de la escena, salieron a la calle gritando por auxilio: “Tío, mi papá está mal, ayúdanos”.

Carlos Alejandro, su cuñado, fue el primero en acudir al llamado.

Lo encontró recostado sobre un mueble, ya sin rastro de consciencia.

En una carrera contra el tiempo, lo subieron a una camioneta.

Durante el trayecto a la clínica, Carlos intentó reanimarlo con estímulos físicos, pero Denis ya no respondía.

Al llegar al centro médico, la doctora de turno solo necesitó una mirada para sentenciar el destino del músico: “Ya no, ya”.

Pese a los ruegos de la familia para que utilizaran desfibriladores o cualquier equipo disponible, el diagnóstico fue irreversible.

Denis Quevedo había fallecido oficialmente a las 3:30 de la madrugada.

LA CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA: ADVERTENCIAS IGNORADAS

La verdad que hoy sale a la luz es que “La Pluma Dorada” caminaba sobre una cuerda floja de salud.

Según reveló Carlos Alejandro, Denis sufría de complicaciones cardíacas y problemas severos de presión arterial desde hacía tiempo.

Lo más inquietante es que, apenas una semana antes de su muerte, su médico de cabecera le había lanzado una advertencia definitiva tras un chequeo de rutina.

“Denis, ¿te sientes bien? Estás volando en la presión”, le habría dicho el facultativo.

La respuesta del compositor fue un reflejo de su carácter: se rió y aseguró que estaba perfectamente, a pesar de que el médico le recetó pastillas mucho más fuertes para controlar los picos de hipertensión.

Denis, entregado por completo a su arte, parecía creer que su pasión por la música lo blindaba contra cualquier fallo orgánico.

Su madre recordaría más tarde cómo su hijo era capaz de dejar el plato de comida a un lado, olvidándose de sus necesidades básicas, con tal de terminar una composición.

DEL TÍTULO DE CONTADOR AL TRONO DE LA CUMBIA

La historia de Denis Quevedo es también la de una promesa cumplida.

Antes de entregarse a las partituras, Denis fue un estudiante brillante, graduándose como Contador Público Colegiado.

Su madre confesó durante el entierro que, en su juventud, ella lo presionaba para que se alejara de la música y se enfocara en una carrera “segura”.

“Mamita, voy a cumplir tus deseos, voy a terminar mi carrera, pero la música no la voy a dejar nunca”, fue la promesa que le hizo.

Y así fue.

El día que recibió su título, miró a su madre y le dijo: “Madre, he cumplido tus deseos.

Ahora voy a seguir lo que me gusta a mí”.

Denis fue un artista autodidacta; sin pasar por conservatorios ni escuelas de música, aprendió solo a cantar, componer y tocar el teclado, demostrando que el talento innato es capaz de superar cualquier barrera académica.

UN ADIÓS EN EL NORTE: LÁGRIMAS EN EL ESCENARIO

El funeral y los homenajes en Piura fueron un testimonio del impacto que Quevedo dejó en la región.

El domingo 28 de diciembre, su hogar se convirtió en un santuario.

El momento más punzante ocurrió cuando sus hijas subieron al escenario instalado para rendirle tributo.

Entre llanto, las menores agradecieron al público por no abandonar a su padre y, en un acto de valentía suprema, interpretaron una de sus canciones: “Es una nostalgia que no puedo controlar, porque tu recuerdo viene más y más”.

Por otro lado, su esposa pronunció palabras que resonarán por mucho tiempo entre los asistentes: “Siempre me decían que debía ser fuerte, pero ¿cómo hacerlo si la fortaleza me la dabas tú?”.

La viuda de Quevedo destacó que tenían proyectos y sueños pendientes que el destino decidió truncar, pero reafirmó que Denis siempre será el “gran amor de su vida”.

¿HUBO ALGO MÁS?

Aunque la causa oficial se ha inclinado hacia un paro cardíaco derivado de su historial médico, en los pasillos de la cumbia del norte aún persisten dudas sobre si la excesiva carga laboral de las fiestas de fin de año y el estrés de dirigir dos agrupaciones de éxito internacional aceleraron el colapso de un corazón que ya estaba herido.

Denis Quevedo Godos deja un legado de canciones que seguirán sonando en cada rincón del Perú.

“Zafiro Sensual” y “La Pluma Dorada” continuarán su camino, pero ya no contarán con la mano maestra que escribía letras con el alma y ponía ritmo a los sentimientos del pueblo.

Hoy, el norte llora a su contador de historias, al hombre que prefirió morir creando que vivir callando sus melodías.

¿Qué opina usted sobre la presión que enfrentan los artistas peruanos durante las temporadas altas de conciertos? ¿Cree que el sistema de salud en las provincias ofrece el soporte necesario para figuras públicas con ritmos de vida tan exigentes? Lo invitamos a dejar sus pensamientos en la sección de comentarios.

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