La periodista Alejandra Rodríguez relató entre lágrimas los 25 días de angustia que ha vivido junto a su esposo, el reportero Diego Guauque, tras serle detectado un tumor maligno que no pudo ser removido por completo.

La historia que hoy rodea la vida del periodista colombiano Diego Guauque ha estremecido al país entero.
Su diagnóstico reciente de un tumor maligno en el estómago, junto con la compleja cirugía a la que fue sometido, ha marcado no solo su vida, sino también la de su esposa, la periodista Alejandra Rodríguez, quien desde el primer minuto no se ha separado de él.
Su relato, cargado de dolor, esperanza y fe, ha conmovido profundamente a quienes siguen de cerca su proceso.
Durante una videollamada realizada para un conocido programa matutino, la pareja decidió abrir su corazón para compartir lo que han vivido en estos 25 días que Alejandra describe como una pesadilla, una mezcla entre terror y resistencia, pero también un espacio donde los pequeños milagros les han permitido sostenerse.
Desde que Diego reveló públicamente su diagnóstico, explicó que aunque fue operado, el tumor no pudo ser retirado completamente debido a que está alojado en varios de sus órganos, lo que complica el tratamiento y obliga a un proceso más largo y delicado.
En medio de este panorama, Alejandra ha sido su apoyo fundamental, su voz serena y la presencia firme que ha tratado de mantenerlo en pie aun cuando la realidad parece desbordarse.
Con evidente emoción, Alejandra confesó que enfrentarse a términos médicos desconocidos ha sido uno de los retos más grandes. No solo debe entenderlos para tomar decisiones responsables junto a los médicos, sino que además debe procesarlos emocionalmente.
“Todo esto es nuevo. Son palabras que jamás había escuchado”, relató, explicando que muchas veces se siente abrumada por no comprender del todo la magnitud de lo que ocurre.
Aun así, procura mantener la calma, porque “esa serenidad es lo que necesito transmitirle a él, a nuestra hija y a toda la familia”.
En medio de su testimonio, la periodista compartió una frase que, según ella, se ha convertido en un ancla: las palabras del médico que atiende a Diego. “Uno siempre espera grandes milagros, pero los milagros son de todos los días”.
Esa afirmación se ha convertido en una guía para ella, un recordatorio constante de que la esperanza no siempre llega envuelta en grandes acontecimientos, sino que también se manifiesta en pequeñas victorias.
Durante la conversación, Diego la interrumpió suavemente para reafirmar ese pensamiento. “A veces los milagros son cosas tan simples como lograr que me retiren una sonda… o poder caminar”, expresó.
Y ese comentario dio pie a uno de los momentos más emotivos del relato: cuando Alejandra recordó la primera vez que lo vio dar unos pasos después de la cirugía.
Sus palabras, quebradas por la emoción, dejaron claro que para ella ese instante no fue casualidad, sino “obra de Dios y de la Virgen”.
A pesar de la fuerza que demuestra, Alejandra admitió que no todos los días son iguales. Al inicio del proceso sintió que tenía dos opciones: “sentarme a llorar mientras él estaba en cirugía o levantarme a luchar y darle la fuerza que necesitaba”.
Eligió lo segundo, pero reconoció que hay momentos en los que la fortaleza se resquebraja. En esos instantes, el agotamiento emocional toma el control y el llanto se vuelve inevitable, especialmente cuando recuerda los momentos más duros que han enfrentado juntos.

Sin embargo, incluso en esos días oscuros, la esperanza no desaparece. Para Alejandra, estos 25 días han sido una especie de prueba, una lucha que, aunque devastadora, ella está convencida de que será superada.
Cree firmemente que de aquí en adelante llegarán noticias positivas, porque “si hay vida, hay esperanza”. Ese ha sido su mantra, la frase que repite para levantarse cada mañana y para seguir sosteniendo a su esposo en cada paso del proceso.
Antes de despedirse en la entrevista, la pareja agradeció profundamente todos los mensajes de apoyo que han recibido: de amigos, colegas, seguidores y de quienes han enviado oraciones y detalles de fe.
Alejandra mencionó con especial gratitud un obsequio religioso que recibieron, el cual, según explicó, se ha convertido en un símbolo de protección y compañía espiritual durante esta etapa.
A lo largo de todo el relato, quedó claro que el amor que se profesan no ha hecho más que fortalecerse. Alejandra reiteró que está con Diego en cada segundo, sin importar la situación, sin importar el dolor, sin importar el miedo.
“Estoy aquí, y seguiré aquí”, afirmó con voz firme, dejando ver que, aunque el camino es incierto, su compromiso es absoluto.
La historia de Diego y Alejandra es, sin duda, un testimonio de resistencia emocional, de fe y de amor incondicional.
Un recordatorio de que, incluso en los momentos más oscuros, los pequeños milagros, los gestos de cariño y la fuerza interior pueden convertirse en la luz que guía hacia adelante.
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