El 19 de marzo de 1978, en el programa más visto de Latinoamérica, “Siempre en Domingo” de Televisa, ocurrió un momento que marcaría para siempre la historia de la televisión mexicana.
Raúl Velasco, el conductor más poderoso y temido de la televisión mexicana, cometió un error que cambiaría su carrera para siempre: se burló públicamente de María Félix, la icónica actriz conocida como “La Doña”.

Con 44 años y 15 años al aire, Raúl Velasco era una figura imponente.
Su programa dominical atraía a 40 millones de espectadores y su palabra era ley en el mundo del espectáculo mexicano.
A quien invitaba se convertía en estrella; a quien ignoraba, desaparecía.
Sin embargo, su ego y poder también se acompañaban de actitudes arrogantes y, en ocasiones, misóginas.
María Félix, a sus 64 años, ya retirada del cine por una década, seguía siendo la mujer más bella, temida y respetada del país.
Su sola presencia cambiaba el ambiente.
Sin embargo, Raúl Velasco no la quería en su programa.
Había peleado con los productores para evitar su participación, argumentando que era “vieja” y que necesitaban “sangre joven”.
Pero los productores insistieron, reconociendo que María Félix era historia viva del cine mexicano.
La noche empezó con la típica presentación de Velasco, pero cuando anunció a María Félix, lo hizo de manera despectiva, insinuando que su época había quedado atrás hace 50 años, lo que provocó risas incómodas en el público.
María, que estaba detrás del escenario, escuchó todo en silencio.
Su asistente le sugirió cancelar su participación, pero María decidió entrar al set con una calma y dignidad impresionantes.

Cuando María se sentó y cruzó las piernas, ignorando la mano extendida de Raúl, comenzó la confrontación.
Velasco la provocó, preguntándole cómo se sentía ser “una leyenda del pasado”.
María guardó silencio por cuatro segundos, un momento que pareció eterno en televisión en vivo.
Finalmente, respondió con una voz suave pero firme, corrigiendo a Raúl: “No señor Velasco, solo Raúl. Yo soy una leyenda. Tú eres un empleado.”
María no solo defendió su legado, sino que dejó a Raúl y a toda la audiencia sin palabras.
Le recordó que cuando él se retirara, sería reemplazado en minutos, mientras que ella sería recordada por décadas.
Reveló que Raúl le había escrito una carta años atrás pidiéndole disculpas por intentar besarla borracho y que, a pesar de darle una segunda oportunidad, él usó su poder para humillarla.
Además, acusó a Velasco de pedir favores sexuales a actrices jóvenes y de usar su poder para destruir carreras.
El silencio en el estudio era absoluto.
Raúl intentó defenderse, pero sus palabras sonaban vacías y forzadas.
María se mantuvo firme, con la autoridad de una reina que no se arrodilla ante nadie.
Al final, le advirtió que cuando él muriera, sería recordado como el hombre que intentó humillarla y perdió.

El escándalo fue inmediato y brutal.
Los periódicos explotaron con la noticia, las líneas telefónicas colapsaron con llamadas de espectadores y las actrices comenzaron a hablar sobre el acoso y abuso de poder de Velasco.
Televisa entró en crisis, y aunque el programa “Siempre en Domingo” continuó, Raúl tuvo que tomar un descanso temporal que resultó en el fin de su reinado televisivo.
Su reemplazo fue un conductor joven y respetuoso, y los ratings subieron.
Raúl intentó regresar con un programa de radio en un horario nocturno, pero fue cancelado por bajos ratings.
Su carrera nunca volvió a ser la misma.
Mientras tanto, María Félix se convirtió en un símbolo de fortaleza y dignidad.
Rechazó seguir atacando a Raúl, pues consideraba que él ya estaba caído.
En entrevistas posteriores, defendió su actuación en ese programa como un acto de justicia colectiva por todas las mujeres que sufrieron abusos similares.
María nunca se arrepintió de lo que hizo aquella noche y afirmó que, si pudiera volver atrás, lo haría igual o peor.
Para ella, la verdadera fortaleza está en negarse a ser humillada, en mantenerse firme a pesar del miedo.
La historia de aquel enfrentamiento se convirtió en leyenda.
Un símbolo de la lucha contra el abuso de poder y la humillación pública.
María Félix demostró que no era solo una estrella de cine o un ícono de belleza, sino una mujer valiente que enfrentó a uno de los hombres más poderosos de México y salió victoriosa.

Raúl Velasco murió en 2006, recordado principalmente por aquella humillación pública.
María Félix falleció en 2002, pero su legado sigue vivo, no solo por sus películas, sino por ese acto de valentía que inspiró a generaciones.
Esa noche, 40 millones de personas vieron a María Félix destruir a Raúl Velasco con palabras, con dignidad y coraje.
Vieron la diferencia entre la fama pasajera y la leyenda eterna.
María no solo defendió su honor, defendió a todas las mujeres que alguna vez fueron humilladas o abusadas por quienes detentan el poder.
Su historia nos recuerda que la verdadera fortaleza no es la ausencia de miedo, sino actuar a pesar de él.
Que el poder no está en humillar a otros, sino en negarse a ser humillado.
Y que, a veces, un momento de valentía puede cambiar el curso de la historia.