Hugo Sánchez Márquez, nacido el 11 de julio de 1958 en la Ciudad de México, es una leyenda del fútbol mexicano y mundial.

Su historia, sin embargo, va mucho más allá de sus logros deportivos y revela una vida marcada por sacrificios, presiones, pérdidas personales y problemas de salud que pocos conocen en profundidad.
Hugo creció en el barrio popular de Jardín Valbuena, en un hogar de clase media donde el fútbol era más que un pasatiempo: era parte esencial de la identidad familiar.
Su padre, Héctor Sánchez, quien también fue futbolista profesional, le inculcó desde pequeño valores fundamentales como la disciplina, el esfuerzo y el respeto por la preparación física.
Durante su infancia, Hugo no solo practicó fútbol, sino también gimnasia, actividad que desarrolló su equilibrio, fuerza y capacidad acrobática.
Estas habilidades se reflejaron más tarde en su estilo de juego, especialmente en sus famosas chilenas y celebraciones con saltos y volteretas.
Además, la influencia deportiva no se limitó a su padre.
Su hermana Erlinda fue gimnasta olímpica, lo que reforzó en Hugo una mentalidad competitiva y la comprensión de que el talento solo funciona con trabajo constante.
A los 14 o 15 años, Hugo ya destacaba en selecciones juveniles de México.
Su estilo rápido e intuitivo llamó la atención y, en 1976, debutó profesionalmente con Pumas de la UNAM.
Con Pumas ganó dos títulos de liga y se consolidó como uno de los goleadores más confiables del fútbol mexicano.

En 1981, dio el salto a Europa con el Atlético de Madrid, donde tuvo que adaptarse a un fútbol más físico y a la presión mediática.
Su esfuerzo fue recompensado con la Copa del Rey y el título de máximo goleador de la Liga española en la temporada 1984-85.
Su fichaje por el Real Madrid en 1985 marcó el punto más alto de su carrera.
Con el club blanco ganó cinco ligas consecutivas, una Copa UEFA, una Copa del Rey y tres Supercopas de España.
Individualmente, logró cuatro trofeos Pichichi consecutivos y la Bota de Oro europea en la temporada 1989-90 con 38 goles.
Sin embargo, el éxito vino acompañado de un desgaste físico considerable.
A comienzos de los años 90, las lesiones en las rodillas comenzaron a afectar su rendimiento.
Aunque nunca se confirmó una lesión grave que requiriera cirugía mayor, el dolor y las molestias recurrentes obligaron a Hugo a ajustar su estilo de juego y aceptar tiempos de recuperación más largos.
Su formación en odontología le proporcionó conocimientos básicos sobre anatomía y procesos de recuperación, lo que le permitió involucrarse activamente en su autocuidado.
La fisioterapia, masajes y ejercicios de fortalecimiento fueron parte fundamental de su rutina para prolongar su carrera hasta los 39 años, algo inusual para un delantero con su estilo explosivo.

La vida personal de Hugo estuvo marcada por relaciones intensas y momentos de estabilidad, pero también por tragedias profundas.
Contrajo matrimonio con Emma Portugal, con quien tuvo tres hijos, entre ellos Hugo Sánchez Portugal, nacido en 1984.
El divorcio fue un proceso complicado que se extendió durante años.
Más adelante, en 1995, contrajo matrimonio con Isabel Martín, con quien tuvo dos hijas y encontró mayor estabilidad familiar.
La pérdida más dolorosa para Hugo fue la muerte trágica de su hijo Hugo Sánchez Portugal en 2014, a los 30 años.
Esta tragedia superó cualquier derrota deportiva o lesión que hubiera sufrido.
El dolor fue profundo, silencioso y duradero, y cambió radicalmente su perspectiva de vida, priorizando la familia por encima de cualquier logro profesional.
Tras su retiro en 1997, Hugo Sánchez se convirtió en entrenador y analista.
Su etapa como director técnico de la selección mexicana entre 2006 y 2008 fue polémica, con resultados que no cumplieron las expectativas y críticas severas que llevaron a su salida.

Su estilo directo y sin filtros generó tanto admiradores como detractores, y su voz permaneció activa en debates sobre el fútbol mexicano y su desarrollo.
Hugo ha expresado preocupación por el aumento de lesiones en el fútbol moderno, atribuyéndolo a calendarios sobrecargados y la intensidad del juego actual.
Propone medidas como aumentar el número de cambios permitidos por partido para proteger la salud de los jugadores y prolongar sus carreras.
Su experiencia personal con las lesiones y la adaptación a las limitaciones físicas han moldeado una visión crítica que busca un equilibrio entre la exigencia deportiva y el cuidado del cuerpo.
A lo largo de su vida, Hugo Sánchez ha demostrado una gran capacidad de resiliencia, levantándose tras fracasos y tragedias.
Su legado no solo se mide en goles y títulos, sino también en la fortaleza con la que enfrentó adversidades personales y profesionales.
Su historia es un recordatorio de que detrás de las figuras públicas hay realidades complejas, donde el éxito convive con el dolor y la necesidad constante de reinventarse.