Amanda del Llano, actriz chiapaneca de la Época de Oro del cine mexicano, vio brillar su carrera con papeles inolvidables y un premio Ariel a mejor coactuación femenina, pero también enfrentó el rechazo de la sociedad y un descenso profesional tras decidir incursionar en desnudos artísticos que la industria no supo aceptar

 

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Isaura Amanda Llano Serrano nació el 20 de julio de 1920 en Cintalapa, Chiapas, y desde sus primeros pasos como extra en películas de 1941 comenzó a construir una trayectoria que la llevó a trabajar al lado de gigantes del cine nacional como Pedro Infante, Jorge Negrete y Germán Valdés “Tin Tan”, logrando reconocimiento con títulos como Reportaje y La rebelión de los colgados (por la cual fue galardonada con el Ariel) antes de que una elección artística marcara un punto de inflexión en su vida artística.

Desde el inicio, Amanda destacó no sólo por su talento frente a la cámara sino por su versatilidad como intérprete de música ranchera y bolero, grabando temas que aún son recordados, como A grito abierto y Échame a mí la culpa.

Su carrera cinematográfica se extendió por más de dos décadas, con participaciones en 48 filmes en los que supo encarnar papeles variados, aunque muchas veces secundarios, mostrando una presencia cálida y auténtica que la hizo querida por el público.

Los años cincuenta representaron un periodo decisivo para Amanda del Llano.

En 1955 aceptó interpretar escenas de desnudo artístico en la película El seductor, alineándose con una tendencia incipiente en el cine mexicano junto a otras actrices de la época, como Ana Luisa Peluffo y Kitty de Hoyos.

Sin embargo, lejos de catapultarla a papeles más importantes, esa decisión fue duramente juzgada por gran parte de la sociedad conservadora de la época, provocando que su carrera cinematográfica en México comenzara a decaer.

 

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Se relata que Amanda reflexionó profundamente sobre las repercusiones de su elección artística: “Este tipo de escenas no me dieron lo que esperaba; en cambio me cerraron puertas”, habría confesado en privado a amigos cercanos en aquel entonces, expresando su dolor por la crítica y el ostracismo profesional que siguió a su atrevimiento.

Ante la falta de oportunidades en el cine mexicano, la actriz decidió buscar nuevos horizontes y se trasladó a España, donde encontró recepción favorable como cantante de música ranchera y bolero.

En tierras europeas, su voz y carisma la llevaron a conquistar audiencias, especialmente en ciudades del sur de España, Estados Unidos y Centroamérica, donde sus interpretaciones resonaron con fuerza.

No obstante, a finales de la década de 1950 y principios de los sesenta, Amanda regresó a México con la esperanza de reactivar su carrera cinematográfica.

Aunque apareció en filmes como Los hermanos del hierro (1961) y Tiburoneos (1963), los roles que obtuvo fueron escasos y en su mayoría secundarios, relegándola al teatro y a producciones menos visibles si se comparan con sus épocas de gloria.

 

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A pesar de las dificultades, su legado artístico fue reconocido incluso tras su partida: en 2006, el gobierno de Chiapas inauguró la Sala Amanda del Llano en Tuxtla Gutiérrez, un espacio dedicado a honrar su contribución al cine mexicano.

La historia de Amanda del Llano fue también una historia marcada por la fragilidad humana.

En 1964, la actriz enfrentó complicaciones de salud que la llevaron a someterse a tres intervenciones quirúrgicas por problemas intestinales, de las cuales su cuerpo no se recuperó, falleciendo apenas unos días antes de cumplir 44 años, el 24 de junio de 1964 en Ciudad de México.

En los últimos años de su vida, Amanda se dedicó también al teatro, incluyendo la obra Juego de reinas, en la que interpretó personajes como la reina María Antonieta, mostrando que, pese a los tropiezos profesionales, su amor por el arte permaneció intacto hasta el final.

Hoy, la memoria de Amanda del Llano se mantiene viva no sólo por sus actuaciones en pantalla, sino por la valentía con la que enfrentó los prejuicios de su época y por la huella que dejó como una de las figuras más representativas del cine nacional, recordada tanto por su talento como actriz y cantante como por su búsqueda constante de expresión artística auténtica en tiempos de grandes desafíos.

 

Amanda del Llano - Wikipedia, la enciclopedia libre