🎹💔 A los 54 años Julieta Venegas rompe el silencio que mantuvo por décadas y confiesa la verdad detrás de sus canciones más famosas, sus amores fallidos y el dolor que transformó en música eterna

Julieta Venegas trabajó en un McDonald's y revela todo: hasta lavó platos |  Shows Telehit Música | Telehit

Julieta Venegas Percevál nació el 24 de noviembre de 1970 en Baja California, en el seno de una familia numerosa y disciplinada.

Hija de fotógrafos, creció rodeada de imágenes, silencios y una estricta figura paterna que contrastaba con su espíritu sensible y reflexivo.

Desde niña encontró refugio en la música.

Primero fue el piano, luego la guitarra y finalmente el acordeón, el instrumento que se convertiría en una extensión de su cuerpo y de su identidad artística.

Desde temprana edad supo que la música no era un pasatiempo, sino una forma de comunicarse con el mundo.

Estudió música formalmente mientras cursaba la preparatoria y soñaba con dirigir una orquesta.

Sin embargo, la vida la llevó por otro camino.

A los 17 años se integró brevemente a la escena musical de Tijuana, colaborando con lo que más tarde sería Tijuana No!.

Aunque su paso fue corto, esa experiencia la empujó a escribir sin descanso y a entender que su voz tenía algo distinto.

Mudarse a la Ciudad de México fue un acto de fe.

Tocó en bares, repartió volantes y aceptó cualquier escenario que le permitiera cantar.

La oportunidad llegó cuando Café Tacuba la invitó a abrir sus conciertos.

Poco después firmó su primer contrato discográfico y lanzó Aquí, un debut honesto y crudo que la posicionó como una nueva voz del rock alternativo latino.

A diferencia de otros artistas, Julieta nunca construyó un personaje.

Sus canciones eran diarios abiertos, llenos de dudas, contradicciones y emociones sin resolver.

Esa honestidad la llevó al éxito, pero también la obligó a exponerse emocionalmente una y otra vez.

Con Bueninvento confirmó su talento como compositora, y con Sí dio un giro decisivo hacia un sonido más pop, más accesible, pero no menos profundo.

El éxito masivo llegó con Andar Conmigo, pero también con él llegaron las preguntas.

¿Qué había detrás de esas letras luminosas? ¿Por qué tantas canciones hablaban de irse, de soltar, de despedirse sin rencor?

La respuesta estaba en su vida personal.

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En 1998, Julieta se casó con el músico chileno Álvaro Henríquez, líder de la banda Los Tres.

La relación, aunque intensa, estuvo marcada por la distancia, las agendas incompatibles y diferencias profundas.

El matrimonio duró apenas dos años.

Con el tiempo, Julieta confesó que nunca lograron ponerse de acuerdo en algo tan básico como dónde vivir.

México y Chile se interpusieron entre ellos hasta volver inevitable la separación.

Años después, una revelación sorprendió a muchos: Henríquez la dejó por la actriz que protagonizaba un videoclip de una canción que él mismo le había dedicado.

La ironía fue brutal.

Aquella herida, que en su momento dolió profundamente, con el tiempo se transformó en claridad.

Julieta no habló desde el rencor, sino desde la aceptación.

Más tarde llegó la relación con Jorge Villamizar, vocalista de Bacilos.

Un romance discreto, intenso y creativo.

De esa historia nacieron canciones que marcaron a ambos.

Mientras Villamizar transformó el desamor en No sé mañana, Julieta escribió Me voy, una de las declaraciones de amor propio más poderosas del pop latino.

Dos canciones distintas, nacidas de la misma ruptura, contando la misma historia desde ángulos opuestos.

En 2006 lanzó Limón y Sal, un álbum que consolidó su estatus como una de las artistas más queridas de habla hispana.

Canciones como Me Voy y Eres Para Mí conectaron con millones.

Sin embargo, con el paso de los años surgió una pregunta inesperada: ¿para quién estaba escrita realmente Limón y Sal? Las teorías fueron desde una dedicatoria amorosa hasta una metáfora doméstica, incluso una canción dedicada a su gato.

Julieta nunca lo aclaró.

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Prefirió dejar que la canción viviera en la interpretación de cada oyente.

En 2010, su vida cambió de nuevo.

Julieta se convirtió en madre.

El nacimiento de su hija Simona trajo felicidad, pero también controversia.

Durante años evitó hablar del padre, intentando proteger a su hija del escrutinio mediático.

Finalmente, un proceso legal obligó a reconocer públicamente al músico argentino Rodrigo García como padre, cerrando un capítulo que Julieta vivió en silencio y bajo presión.

La maternidad, la exposición pública y los conflictos personales se reflejaron en Los Momentos, uno de sus discos más introspectivos.

Ya no cantaba desde la juventud, sino desde la experiencia.

Desde una mujer que había amado, perdido, perdonado y seguido adelante.

A los 54 años, Julieta Venegas no ha hecho una confesión escandalosa.

Ha hecho algo más poderoso: admitir que muchas de sus canciones nacieron del dolor, que la calma que transmite es fruto de batallas internas y que su mayor acto de valentía ha sido seguir siendo honesta consigo misma.

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