🔥🕊️ Antes de que el Espíritu Santo pueda descender sobre tu vida, hay siete cosas que Dios exige que sueltes primero: verdades incómodas que casi nadie se atreve a predicar 😨🙏

El mundo de los espíritus

La primera barrera es el amor oculto por el pecado.

No se trata de la lucha honesta contra la debilidad humana, sino de aquello que se justifica, se protege y se esconde.

El Espíritu Santo es santo, y donde el pecado es celebrado o defendido, su presencia se apaga.

No se puede abrazar la oscuridad y esperar que la luz gobierne el corazón.

El arrepentimiento verdadero no es remordimiento emocional, es una decisión radical de soltar lo que separa el alma de Dios.

La segunda cosa que debe irse es el control.

Muchos desean la guía del Espíritu, pero sin soltar el volante de sus vidas.

El Espíritu Santo no es un asistente que ejecuta planes humanos, es Dios mismo, soberano y libre.

Mientras una persona insiste en dirigir su propio camino, el Espíritu no puede gobernar.

La rendición no es debilidad, es el punto exacto donde comienza la dirección divina.

La tercera barrera es la amargura y la falta de perdón.

El resentimiento es un veneno espiritual que endurece el corazón y bloquea la comunión con Dios.

No importa cuántas oraciones se hagan, un corazón cargado de rencor no puede ser lleno del Espíritu de paz.

Perdonar no siempre restaura relaciones, pero siempre libera el alma.

Donde hay perdón, el Espíritu fluye con libertad.

Cuáles son los Siete Espíritus de Dios según la Biblia?

La cuarta cosa que debe morir es el orgullo espiritual.

No el orgullo evidente, sino el disfrazado de religiosidad.

Ese que aparenta fortaleza, pero se niega a reconocer necesidad.

Dios resiste al soberbio y se acerca al humilde.

El Espíritu Santo no se derrama sobre quienes creen tenerlo todo bajo control, sino sobre los que confiesan su total dependencia de Él.

La llenura no es recompensa para los fuertes, es refugio para los quebrantados.

La quinta barrera son los apegos al mundo.

Distracciones, ambiciones desordenadas, placeres que roban el hambre espiritual.

No siempre llegan como pecado evidente, muchas veces llegan como ruido constante.

El Espíritu no compite con ídolos.

Donde el corazón está dividido entre Dios y el mundo, la presencia se debilita.

Reordenar los amores no es perder la vida, es finalmente encontrarla.

La sexta cosa que debe irse es el miedo acompañado de la duda.

El Espíritu Santo no opera en un ambiente gobernado por el temor.

El miedo paraliza, la duda asfixia y ambos impiden avanzar hacia lo que Dios quiere derramar.

La fe no es ausencia de preguntas, es decisión de confiar aun sin respuestas.

Cuando el miedo gobierna, el Espíritu es resistido; cuando la fe se levanta, la puerta se abre.

La séptima y más profunda barrera es el corazón dividido.

No es algo externo, es interno.

Los espíritus inmundos gritaban: 'Tú eres el Hijo de Dios', pero él les  prohibía que lo diesen a conocer – INFOVATICANA

Decir “Señor” mientras se guardan áreas no rendidas.

El Espíritu Santo no viene a visitar una parte de la vida, viene a reinar sobre todo.

Dios no unge lo que no posee por completo.

Un corazón dividido no puede sostener el fuego.

Solo un corazón entero, rendido y disponible se convierte en altar donde el cielo desciende.

La conclusión es clara y confrontadora.

El Espíritu Santo no está esperando perfección, está esperando permiso.

Permiso para limpiar, para ordenar, para quemar lo que estorba y llenar lo que está vacío.

La plenitud espiritual no llega por esfuerzo, llega por rendición.

No se alcanza controlando más, sino soltando todo.

Cuando el creyente deja de aferrarse a lo que lo apaga, el fuego de Dios encuentra espacio para descender.

Y cuando el Espíritu finalmente llena, nada vuelve a ser igual.

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