💔✨ A los 60 años, Catherine Fulop rompe décadas de silencio y confirma la verdad incómoda sobre su matrimonio con Fernando Carrillo, un romance de telenovela que escondía traición, humillación y una herida que nunca cerró

Catherine Fulop, la recordada 'Abigaíl', cumplió 60 años y así luce - El  Comercio

La historia comenzó como empiezan todas las leyendas televisivas.

Catherine Fulop, recién salida del mundo de los concursos de belleza tras su paso por Miss Venezuela 1986, era joven, hermosa y ambiciosa.

Aún era vista como una promesa, una cara bonita intentando demostrar que podía sostener una carrera actoral en un medio feroz.

Fernando Carrillo, en cambio, ya era el galán en ascenso: carismático, audaz, dueño de una sonrisa que encendía fantasías y de una reputación que lo precedía.

Se conocieron en 1988 en el set de La muchacha del circo.

Allí nació una química que no pasó desapercibida.

Miradas largas, risas fuera de libreto, una cercanía que traspasaba las cámaras.

Pero fue en Abigail donde el fenómeno explotó.

El público no solo veía una historia de amor, la creía.

Y no estaba equivocado: el romance también existía fuera del set.

La prensa los coronó como la pareja de oro de las telenovelas.

Revistas, entrevistas, portadas.

Todo conducía a un desenlace inevitable: la boda.

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En 1990, Catherine y Fernando se casaron ante los flashes, vestidos como príncipe y princesa de un cuento moderno.

Para América Latina, la ficción y la realidad se habían fundido.

Pero lo que nadie vio fue que el cuento empezó a romperse el mismo día.

Años después, Catherine revelaría una verdad difícil de digerir: Fernando Carrillo la engañó el día de la boda civil.

Tras la ceremonia, la dejó en casa y tuvo un encuentro sexual con una vecina de ella en el ascensor del edificio.

La humillación fue inmediata, brutal, imposible de borrar.

Pero lo más devastador llegó horas más tarde, en la noche de la boda religiosa, cuando él mismo se lo confesó.

No hubo arrepentimiento real.

Según Catherine, Fernando justificó su conducta diciendo que a él se le ofrecían mujeres todo el tiempo y que ella debía acostumbrarse a lo mismo.

Era una lógica retorcida, casi cruel.

Aun así, ella lo perdonó.

No porque no doliera, sino porque era joven, estaba enamorada y sentía el peso de un país entero observándolos.

Los años siguientes fueron una contradicción permanente.

En pantalla seguían siendo la pareja ideal en producciones como Pasionaria y Cara Bonita.

Fuera de cámara, el matrimonio se erosionaba entre desconfianza, rumores y una infidelidad que nunca dejó de repetirse.

Catherine pensó en divorciarse casi de inmediato, pero se quedó por dos razones: quería demostrarle al público que podían funcionar y, en el fondo, conservaba la esperanza de que Fernando cambiara.

No cambió.

Los rumores de infidelidades continuaron y Catherine pasó de princesa de cuento a esposa que resiste en silencio.

En 1994, finalmente, pidió el divorcio.

Cuatro años bastaron para que el sueño se convirtiera en una lección dolorosa.

Fernando Carrillo, por su parte, siempre habló del episodio con ligereza.

En entrevistas lo describió como una “travesura juvenil”, minimizando el impacto emocional.

Insistía en que lo importante había sido su honestidad al confesarlo.

Catherine Fulop in Bathing Suit Shares "Postcards From a Day at the Beach"  — Celebwell

Para muchos, esa narrativa sonaba más a autojustificación que a madurez.

Con los años, él siguió regresando al pasado, publicando fotos antiguas, llamando a Catherine “un amor importante, pero no el amor de su vida”.

Incluso cuando ella lo bloqueó en redes sociales, él insistió en mencionarla públicamente.

Esa insistencia contrastaba con el silencio firme de Catherine, quien había decidido reconstruir su vida lejos de ese capítulo.

En Argentina encontró estabilidad junto a Osvaldo Sabatini.

Se casaron en 1998 y formaron una familia sólida con sus hijas Oriana y Tiziana.

Catherine se reinventó como conductora, figura del fitness y personalidad querida, dejando atrás el papel de esposa traicionada.

Ya no era “la ex de Carrillo”, era Catherine Fulop en plenitud.

No fue sino hasta sus 50 y, con mayor claridad aún a los 60, que finalmente puso palabras a lo que siempre sintió.

Admitió que Fernando nunca fue el amor de su vida, que no fue el compañero que necesitaba y que, visto en retrospectiva, su importancia había sido exagerada por la narrativa pública.

Fue una relación que pasó por su vida, pero no la definió.

Esa confesión derribó la última ilusión.

El romance dorado de Abigail no era una historia de amor épica, sino una experiencia temprana marcada por inmadurez y dolor.

Catherine sobrevivió, aprendió y siguió adelante.

Y quizás esa sea la verdad más poderosa de todas.

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