🌑🐉 China llega donde nadie podía mirar y despierta antiguos mitos: lo que encontraron en la cara oculta de la Luna no solo cambia la ciencia, sino el futuro energético y geopolítico del planeta

La cara oculta de la Luna: la sonda china Chang'e-4 aluniza con éxito por  primera vez en el lado oscuro de nuestro satélite - BBC News Mundo

Para comprender la magnitud de lo que China encontró en la parte oculta de la Luna, primero hay que entender que, para esta civilización, el satélite nunca fue solo una roca en el cielo.

Desde hace más de dos mil años, la Luna ocupa un lugar central en la cultura china, celebrada cada otoño durante el Festival del Medio Otoño como símbolo de unidad, abundancia y eternidad.

En el corazón de ese imaginario vive Chang’e, la diosa inmortal que habita el Palacio Lunar.

No es casualidad que el ambicioso programa lunar chino lleve su nombre.

Cada misión no es solo un avance científico, sino la continuación de una narrativa milenaria.

Ese relato dio un salto histórico en 2019, cuando China se convirtió en la primera nación en lograr un aterrizaje exitoso en la cara oculta de la Luna.

No se trata de un “lado oscuro” en términos de luz solar, sino de un hemisferio eternamente oculto a la vista terrestre debido al acoplamiento de marea.

Aterrizar allí implicaba resolver un problema aparentemente insalvable: la comunicación.

La propia Luna bloquea cualquier señal directa hacia la Tierra.

La solución china fue tan elegante como audaz.

El lanzamiento del satélite retransmisor Queqiao, ubicado en el punto de Lagrange L2 del sistema Tierra-Luna, creó un puente de comunicación permanente.

Sin este eslabón invisible, la misión habría sido imposible.

Con él, China demostró no solo capacidad técnica, sino visión estratégica de largo plazo.

El módulo Chang’e-4 descendió en el cráter Von Kármán, dentro de la cuenca Polo Sur–Aitken, la estructura de impacto más grande y antigua conocida en todo el sistema solar.

Este colosal cráter, de más de 2.500 kilómetros de diámetro y hasta 8 kilómetros de profundidad, es una auténtica cápsula del tiempo.

China encontró una sustancia extraña en el lado oscuro de la Luna y tiene  intrigados a los científicos | Explora | Univision

Los científicos sospechan desde hace décadas que el impacto que lo formó fue tan violento que atravesó la corteza lunar y expuso material del manto, una capa nunca antes estudiada directamente.

El rover Yutu-2, desplegado tras el aterrizaje, comenzó un análisis meticuloso del terreno.

Equipado con radar de penetración lunar y espectrómetros avanzados, reveló algo extraordinario: la presencia de minerales como olivino y piroxeno de bajo calcio, coherentes con material del manto lunar.

Esto no solo validó modelos teóricos, sino que abrió una ventana directa al interior profundo de la Luna, algo que las misiones Apolo jamás pudieron lograr desde el lado visible.

Pero los descubrimientos no terminaron en la geología.

El lado oculto de la Luna ofrece un silencio radioeléctrico absoluto, protegido de la interferencia electromagnética de la Tierra.

Allí, Chang’e-4 realizó experimentos de radioastronomía de baja frecuencia imposibles en cualquier otro lugar cercano, permitiendo estudiar señales del universo temprano, ecos de una época anterior a la formación de las primeras estrellas.

El éxito prolongado de la misión, que superó ampliamente su vida útil prevista, preparó el terreno para el siguiente golpe maestro.

En 2020, Chang’e-5 regresó a la Tierra con 1.

731 gramos de muestras lunares, demostrando una cadena tecnológica completa: aterrizaje, perforación, despegue desde la superficie lunar, acoplamiento orbital automático y reentrada controlada.

Cuatro años después, Chang’e-6 fue aún más lejos al traer por primera vez muestras de la cara oculta.

Entre esas muestras apareció algo inesperado: un nuevo mineral lunar, bautizado como chang’e­sita.

Un cristal diminuto, casi invisible, pero de enorme importancia científica.

Su descubrimiento confirmó que la Luna aún guarda una riqueza mineralógica no catalogada, y reforzó la idea de que su historia geológica es mucho más compleja de lo que se creía.

Sin embargo, el verdadero tesoro no es un mineral visible, sino un isótopo invisible: el helio-3.

Este elemento, rarísimo en la Tierra, se ha acumulado en el regolito lunar durante miles de millones de años debido al bombardeo constante del viento solar.

En la Luna, sin atmósfera ni campo magnético que lo protejan, el helio-3 quedó atrapado en la superficie.

El helio-3 es considerado el combustible ideal para futuros reactores de fusión nuclear.

A diferencia de la fisión, la fusión basada en helio-3 promete energía casi ilimitada sin residuos radiactivos de larga duración.

Se estima que la Luna podría albergar más de un millón de toneladas de este isótopo, suficiente para abastecer a la humanidad durante miles de años.

De confirmarse su viabilidad industrial, el control de estos recursos redefiniría el poder global.

A esto se suma otro recurso vital: el agua.

Cara oculta de la Luna: primeras imágenes de la sonda china Chang'e-4

Las misiones chinas han aportado evidencia de que el agua lunar no se limita a cráteres permanentemente sombreados, sino que podría estar distribuida en minerales y depósitos más accesibles.

El agua no solo sostiene la vida humana, también puede convertirse en combustible mediante electrólisis, permitiendo producir hidrógeno y oxígeno directamente en la Luna.

Esto transforma al satélite en una futura gasolinera interplanetaria.

Con estos hallazgos, el objetivo final de China se vuelve evidente: la Estación Internacional de Investigación Lunar.

No se trata de ciencia ficción, sino de un plan de infraestructura real para establecer una presencia permanente.

Una base capaz de sostener vida, procesar recursos y servir como plataforma para misiones más profundas, incluyendo Marte.

La consecuencia geopolítica es inevitable.

Mientras Estados Unidos impulsa el programa Artemisa, China avanza con una estrategia paralela, tejiendo alianzas y consolidando una arquitectura espacial autónoma.

La Luna ya no es solo un símbolo romántico en el cielo nocturno.

Es el próximo campo de competencia estratégica de la humanidad.

China no solo encontró rocas en la parte oculta de la Luna.

Encontró una ventaja.

Y quizás, el futuro energético del planeta.

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