
La quinta temporada de The Chosen, centrada en la Semana Santa y los últimos días de Jesús antes de la crucifixión, ha sido descrita por su propio equipo como la más intensa jamás rodada.
Cada escena exigía no solo precisión técnica, sino una inmersión emocional que empujaba a los actores al límite.
Nadie lo sintió más que Jonathan Roumie.
Conocido por su preparación extrema, Roumie llegó a este rodaje en un estado físico y espiritual distinto.
Según personas cercanas a la producción, había profundizado aún más en la oración, el ayuno y el estudio bíblico.
No era un simple método actoral: para él, representar a Jesús nunca fue solo actuar, sino una responsabilidad espiritual.
Todo cambió durante la grabación de una escena crucial de la temporada.
Tras el “corte”, algo se quebró.
Roumie no pudo levantarse de inmediato.
Sus hombros comenzaron a sacudirse y, en cuestión de segundos, rompió en llanto.
No un llanto contenido ni discreto, sino uno profundo, desbordado, como si el peso emocional hubiera atravesado todas sus defensas.
El set quedó en completo silencio.
Técnicos, actores y productores se miraban sin saber qué hacer.
Nadie se atrevió a interrumpirlo.
Algunos miembros del equipo relataron después que la atmósfera era distinta, densa, casi reverente.
No parecía una crisis de actuación ni agotamiento común.

Era otra cosa.
Cuando finalmente logró hablar, Roumie solo dijo que necesitaba estar solo.
Se retiró a su tráiler y permaneció allí durante horas.
Al salir, sus ojos estaban hinchados, el rostro marcado por el llanto.
Al ser consultado de manera informal sobre lo ocurrido, respondió con una frase que se repetiría entre el equipo durante semanas: “No sé cómo explicarlo, pero por un momento sentí algo demasiado grande para mí”.
Esa no fue la primera vez que el actor hablaba de la carga espiritual del papel.
A lo largo de los años, Roumie ha contado cómo interpretar a Jesús transformó su vida personal, su fe y su manera de entender el sufrimiento humano.
Antes de The Chosen, atravesaba una etapa de profunda incertidumbre económica y emocional.
Fue precisamente en ese momento cuando, según su propio testimonio, decidió entregarle completamente su carrera a Dios.
Desde entonces, su preparación para cada temporada ha ido más allá de lo profesional.
Oraciones prolongadas, momentos de silencio absoluto y una disciplina espiritual constante se convirtieron en parte del proceso.
Miembros del equipo han relatado que, en los descansos, era común encontrarlo apartado, con la Biblia en las manos, completamente concentrado.
La quinta temporada llevó esa intensidad a un nuevo nivel.
Interpretar a un Jesús que avanza conscientemente hacia el sufrimiento, la traición y la muerte no fue algo que Roumie pudiera “apagar” al terminar la jornada.
Cada escena parecía dejar una huella.
Algunos compañeros comenzaron a preguntarse dónde terminaba el personaje y dónde comenzaba el hombre.
Dallas Jenkins, creador de la serie, optó por no dar explicaciones públicas detalladas.
Su reacción, según testigos, fue de profundo respeto.
Ordenó una pausa en el rodaje ese día y permitió que el equipo se tomara un momento para procesar lo ocurrido.
“Hay cosas que no se fuerzan ni se explican”, habría dicho en privado.
El impacto no se limitó al actor.

Extras y técnicos confesaron sentirse emocionalmente removidos durante esas jornadas.
Algunos lloraron sin saber por qué.
Otros describieron una sensación de silencio interior difícil de expresar.
Para muchos, trabajar en The Chosen dejó de ser solo un empleo y se convirtió en una experiencia personal inesperada.
Roumie, tiempo después, reconocería que la temporada lo llevó a confrontar el dolor, la entrega y el amor sacrificial de una manera que nunca había experimentado.
“Interpretar a Jesús no te deja igual”, confesó en una charla íntima.
“Te obliga a mirarte, a vaciarte, a aceptar que no controlas nada”.
Hoy, mientras el público espera el estreno de la temporada, la historia de aquel día sigue creciendo, alimentada por susurros, miradas cómplices y un llanto que nadie ha logrado olvidar.
Para algunos fue agotamiento.
Para otros, un momento de profunda conexión espiritual.
Lo cierto es que Jonathan Roumie no volvió a ser el mismo después de esa escena.
Y quizá esa sea la razón por la que millones de personas sienten que, al ver The Chosen, no solo observan una serie, sino algo que toca fibras más profundas.
Tal vez no sea casualidad.
Tal vez, como ocurrió en ese set silencioso, hay experiencias que no se pueden explicar… solo sentir.