🚀 Algo No Cuadra en el Lado Oscuro de la Luna: El Cráter Gigante, las Luces Misteriosas y el Descubrimiento Que Obligó a la NASA a Regresar Donde Nunca Miramos 👁️🌑

Revelan el origen del cráter más grande de la Luna l RTVE

Un cráter lunar suele ser una cicatriz simple: una roca espacial impacta la superficie y deja su huella.

La Luna está cubierta de ellas.

Pero existe una excepción monumental que rompe todas las reglas conocidas.

En el lado oculto del satélite, lejos de la vista terrestre, se encuentra la cuenca Polo Sur–Aitken, una estructura tan gigantesca que desafía la imaginación humana.

Con unos 2.400 kilómetros de ancho y hasta 8 kilómetros de profundidad, este cráter podría tragarse el Everest entero y aún pedir más.

Los científicos creen que se formó cuando un asteroide del tamaño de un país entero se estrelló contra la Luna hace más de 4.

000 millones de años, en una época en la que el satélite todavía era un océano de lava ardiente.

El impacto no solo deformó la Luna para siempre, sino que arrancó material de sus capas más profundas y lo esparció por la superficie.

Ese material, conocido como KREEP —una mezcla rica en potasio, fósforo y elementos de tierras raras— es una auténtica cápsula del tiempo química del nacimiento lunar.

Durante años se creyó que el asteroide había impactado desde el sur.

Pero al comparar la cuenca con estructuras similares en Marte y Plutón, los investigadores notaron algo inquietante: la forma de lágrima del cráter indicaba claramente que el impacto vino del norte.

Eso cambia todo.

Significa que el material más valioso terminó concentrado en el borde sur del cráter.

Exactamente donde la NASA planea aterrizar.

La misión Artemis 3 no eligió el polo sur lunar al azar.

La NASA desconcertada: hay algo extraño en uno de los cráteres de la Luna

Allí no solo hay sombra permanente capaz de preservar hielo de agua durante miles de millones de años, sino también pistas directas sobre el interior profundo de la Luna.

Agua para sobrevivir, oxígeno para respirar, hidrógeno para combustible.

La Luna deja de ser un destino simbólico y se convierte en una estación estratégica para la expansión humana hacia Marte.

Pero cuanto más estudiamos la Luna, menos tranquila parece.

Desde hace siglos, astrónomos han registrado destellos extraños en su superficie.

William Herschel los observó en 1787: luces brillando durante horas en plena oscuridad lunar.

Hoy los llamamos Fenómenos Lunares Transitorios.

Se han documentado más de 3.000.

Algunos duran segundos, otros minutos, otros horas.

No todos tienen la misma causa.

Los más breves suelen ser impactos de meteoritos.

Incluso una roca del tamaño de una bola de billar puede generar un destello visible desde la Tierra.

Pero los que duran minutos parecen tener un origen más inquietante: fugas de gas desde el interior lunar.

El radón, un gas radiactivo, puede acumularse bajo la superficie y liberarse de forma repentina, produciendo un brillo fantasmagórico.

Y luego están los más perturbadores: luces que duran horas.

Estudios recientes sugieren que podrían ser nubes gigantes de polvo lunar cargadas eléctricamente por el viento solar, elevándose hasta 100 kilómetros sobre la superficie y reflejando la luz de estrellas y planetas cercanos.

La Luna, aparentemente inerte, interactuando activamente con el entorno espacial.

El lado visible y el lado oculto de la Luna no solo se ven diferentes, son diferentes.

El lado que observamos desde la Tierra tiene una corteza más delgada y vastas llanuras de lava solidificada, los famosos mares lunares.

El lado oculto es áspero, antiguo, brutalmente craterizado.

Durante décadas nadie supo explicar esta asimetría, hasta que las misiones GRAIL de la NASA revelaron la verdad: otra colisión colosal, esta vez con un planeta enano, alteró la estructura interna del satélite para siempre.

Descubren un doble cráter en la cara oculta de la luna producido por el  impacto de un cohete de origen desconocido

Ese impacto generó una onda de calor que redistribuyó minerales raros hacia el lado cercano, alimentando volcanes durante millones de años.

Así nació la belleza oscura de los mares lunares.

La Luna no fue un mundo tranquilo; fue un campo de batalla cósmico.

Hoy sabemos que bajo la superficie lunar existen tubos de lava gigantescos, cuevas de cientos de metros de ancho, con temperaturas sorprendentemente estables.

Podrían convertirse en refugios naturales contra radiación, micrometeoritos y temperaturas extremas.

Incluso podrían contener agua.

No es ciencia ficción: el radar ya los ha detectado.

La misión india Chandrayaan-3 confirmó la presencia de azufre cerca del polo sur y midió temperaturas inesperadamente altas en el suelo.

También detectó múltiples elementos químicos esenciales.

Cada descubrimiento refuerza una idea inquietante: la Luna no está muerta.

Sigue enfriándose, contrayéndose, generando pequeños sismos, liberando energía.

Incluso se ha identificado una capa viscosa entre el manto y el núcleo lunar, una especie de océano interno semifundido que se mueve lentamente, deformado por la gravedad de la Tierra.

La Luna responde a nuestro planeta tanto como nosotros a ella.

Por eso Artemis no es solo un regreso.

Es una confrontación.

Vamos a pisar un mundo que creíamos entender, pero que sigue guardando secretos bajo kilómetros de roca y polvo.

Secretos que podrían redefinir nuestra historia, nuestro futuro y nuestra relación con el cosmos.

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