
Para entender lo que significa “el más grande”, primero debemos enfrentarnos a una realidad incómoda: tamaño no es una sola cosa.
¿Hablamos de masa?
¿De diámetro?
¿De volumen total incluyendo su atmósfera extendida?
En el mundo cotidiano, más grande suele significar más voluminoso.
Pero en el universo, la gravedad complica todo.
A veces, añadir más masa no hace que un planeta crezca… lo hace encogerse.
Aquí es donde entran dos nombres que dominan el debate: ROXs 42Bb y HAT-P-67b.
Dos mundos radicalmente distintos.
Dos campeones diferentes.
Dos formas opuestas de ser gigantes.
ROXs 42Bb fue descubierto en 2013, a unos 500 años luz de la Tierra.
Orbita una estrella joven y tenue, pero lo verdaderamente perturbador no es su distancia a nosotros… sino su distancia a su propia estrella.
Gira a unas 157 unidades astronómicas.
Para ponerlo en perspectiva: Neptuno orbita a solo 30 unidades astronómicas del Sol.
ROXs 42Bb está más de cinco veces más lejos de su estrella que Neptuno del Sol.
Y ahí surge el misterio.

Los modelos clásicos de formación planetaria indican que tan lejos del disco protoplanetario no debería haber suficiente material denso para formar un gigante gaseoso mediante acreción lenta.
Simplemente no hay “ladrillos” suficientes para construir algo tan masivo.
Entonces, ¿cómo llegó allí?
La hipótesis más aceptada es inquietante: probablemente no se formó como un planeta tradicional.
Es posible que haya nacido por colapso gravitacional directo, el mismo proceso que forma estrellas.
Una región del disco colapsó bajo su propia gravedad y dio origen a este coloso.
Eso lo convierte en un híbrido conceptual: masa planetaria, origen estelar.
Y su masa es brutal.
ROXs 42Bb posee aproximadamente nueve veces la masa de Júpiter.
Nueve.
Recordemos que Júpiter ya contiene más del doble de la masa de todos los demás planetas del sistema solar combinados.
Pero aquí viene el giro contraintuitivo: aunque tiene nueve veces la masa de Júpiter, su radio es solo unas 2,5 veces mayor.
¿Por qué?
Porque la gravedad lo comprime.
A medida que añades masa a un gigante gaseoso, la presión interna aumenta tanto que el hidrógeno se compacta en estados exóticos, incluso metálicos.
El planeta se vuelve más denso.
Más pesado.
Más compacto.
La física impone un límite superior al tamaño planetario.
Alrededor de 1,5 a 2 masas de Júpiter se alcanza el radio máximo.
Más allá de eso, añadir masa no lo hace más grande: lo hace más pequeño.
ROXs 42Bb no es una esfera hinchada.
Es un monstruo comprimido por su propia gravedad.
Pero si ese es el campeón en masa, HAT-P-67b es el rey indiscutible en volumen.
Este planeta tiene más del doble del radio de Júpiter.
Es, por diámetro medido con precisión, uno de los más grandes confirmados.
Y sin embargo… tiene menos del 60% de la masa de Júpiter.
Su densidad es de aproximadamente 0,061 gramos por centímetro cúbico.
El agua tiene densidad 1.
Saturno, famoso por ser liviano, tiene 0,687.
HAT-P-67b es menos denso que el corcho.
Más esponjoso que un malvavisco.
¿Cómo puede existir algo así?
La respuesta es calor extremo.
Este mundo orbita su estrella a solo 0,065 unidades astronómicas.
Completa una órbita en menos de cinco días.
Está tan cerca que su temperatura ronda los 1900 Kelvin.
Esa radiación brutal infla su atmósfera.

El gas se expande como un globo sobrecalentado.
La gravedad del planeta intenta contenerlo, pero la energía estelar lo empuja hacia afuera.
El resultado es un gigante inflado, con una atmósfera que se extiende mucho más allá de su radio visible.
Y lo más dramático: está perdiendo masa.
Observaciones espectroscópicas han detectado helio escapando al espacio.
Su atmósfera forma una envoltura que supera su lóbulo de Roche, el punto donde la gravedad de la estrella comienza a dominar.
Una vez que el gas cruza esa frontera, se pierde para siempre.
HAT-P-67b se está evaporando lentamente.
Y su destino es aún más trágico: su estrella está evolucionando hacia una fase de subgigante.
En unos cientos de millones de años, se expandirá lo suficiente como para engullir al planeta por completo.
Uno es un gigante frío y distante que probablemente sobrevivirá miles de millones de años.
El otro es un coloso inflado, condenado a morir joven.
Entonces, ¿cuál es el planeta más grande?
Si medimos por masa, ROXs 42Bb gana.
Si medimos por radio, HAT-P-67b es el campeón.
Pero hay un problema aún más profundo.
La definición oficial coloca el límite entre planeta y enana marrón en 13 masas de Júpiter, el umbral para fusionar deuterio.
ROXs 42Bb está por debajo.
Técnicamente es un planeta.
Sin embargo, si se formó por colapso gravitacional directo, ¿no es más parecido a una estrella fallida?
Aquí es donde la ciencia revela su lado humano: nuestras categorías son herramientas, no verdades absolutas.
El universo no respeta nuestras definiciones.
Produce objetos en un espectro continuo.
Planetas que se comportan como estrellas.
Estrellas fallidas que parecen planetas.
Gigantes que se encogen al ganar masa.
:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2F634%2Fb37%2F31d%2F634b3731dbe9bdef537e5ff4af428611.jpg)
Mundos que se inflan hasta casi desintegrarse.
La búsqueda del “más grande” expone algo más fascinante que un récord: revela los límites físicos del cosmos.
No puede existir un planeta infinitamente grande.
Si acumula suficiente masa, se convierte en enana marrón.
Si acumula aún más, en estrella.
Hay fronteras invisibles dictadas por la gravedad y la física nuclear.
Y apenas hemos explorado una fracción minúscula de la galaxia.
Con miles de millones de estrellas aún sin estudiar, es estadísticamente casi seguro que existen mundos aún más extremos que nuestros campeones actuales.
Tal vez ya estén ahí, esperando a que telescopios como el James Webb o el futuro Nancy Grace Roman los revelen.
La verdadera respuesta no es un nombre.
Es una advertencia humilde: lo que hoy llamamos “el planeta más grande jamás descubierto” es solo el más grande que hemos podido ver… hasta ahora.
El universo siempre guarda algo más colosal en la oscuridad.
Y cuando lo encontremos, probablemente volverá a romper nuestras categorías, nuestros modelos y nuestra arrogancia cósmica.
Porque si algo nos han enseñado ROXs 42Bb y HAT-P-67b, es que el tamaño en el universo no es solo una cuestión de números.
Es una batalla entre gravedad, calor y destino.
Y esa batalla apenas comienza.