☀️🌍 El Sol despierta su lado oscuro: la advertencia secreta de la NASA, el ciclo solar maldito de 100 años y el escenario apocalíptico que podría dejar a la humanidad sin luz, sin GPS y sin control del cielo

Alerta de la NASA por llegada de una tormenta que podría causar apagones

Imagina que una ola invisible, un tsunami cósmico cargado de energía, impacta contra la Tierra.

No llega con agua, sino con radiación, partículas solares y campos magnéticos descontrolados.

Así es como actúa una tormenta solar extrema.

Cuando el Sol libera una eyección de masa coronal, miles de millones de toneladas de plasma viajan a velocidades absurdas por el espacio.

Si esa nube apunta hacia nosotros, el choque con la magnetosfera terrestre puede ser brutal.

La magnetosfera es nuestro escudo.

Sin ella, la atmósfera comenzaría a desvanecerse lentamente, como ocurrió en Marte.

Gracias a esta barrera, la mayoría de las partículas solares son desviadas, creando uno de los fenómenos más bellos del planeta: las auroras.

Pero incluso este escudo tiene límites.

Y los científicos temen que nos estemos acercando peligrosamente a ellos.

El Sol no es constante.

Cambia de humor cada 11 años en lo que se conoce como el ciclo solar.

Durante el mínimo solar, la actividad es baja.

Luego aparecen manchas solares, fulguraciones, tormentas y caos magnético, hasta llegar al máximo solar.

En ese punto, incluso el campo magnético del Sol se invierte por completo.

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El ciclo actual, el número 25, comenzó oficialmente en 2024… y ya está rompiendo expectativas.

Lo inquietante es que este máximo solar está siendo mucho más intenso de lo previsto.

Algunas investigaciones recientes sugieren que no se trata solo del ciclo de 11 años, sino de algo más profundo y raro: un ciclo solar de aproximadamente 100 años, conocido como el ciclo de Gleissberg.

Este ciclo, poco comprendido y altamente debatido, parece amplificar o debilitar la actividad solar durante décadas enteras.

Según estudios publicados en 2024 y 2025, el ciclo de Gleissberg podría haberse reiniciado.

La señal clave proviene del flujo de protones atrapados en los cinturones de radiación de la Tierra.

Durante años, ese flujo aumentó lentamente, indicando un Sol relativamente tranquilo.

Pero en el último año comenzó a caer de forma abrupta, una señal clásica de que una fase de alta actividad está a punto de comenzar.

Los datos provienen de satélites que cruzan la Anomalía del Atlántico Sur, una región donde el campo magnético terrestre es más débil y la radiación se acerca peligrosamente a la superficie.

Es el laboratorio perfecto para observar cómo el Sol nos afecta sin poner en riesgo directo a los instrumentos.

El problema no es solo el espacio.

Cuando la actividad solar aumenta, la atmósfera superior de la Tierra se expande.

Los satélites en órbita baja encuentran más resistencia, pierden velocidad y altitud.

Algunos ya han caído antes de lo previsto.

Con miles de nuevos satélites privados, como las megaconstelaciones de internet, el riesgo de colisiones y fallos en cadena crece de forma alarmante.

Las consecuencias en la Tierra serían inmediatas.

Fallos en el GPS, interrupciones en la aviación, radios en silencio, comunicaciones de emergencia afectadas.

Las redes eléctricas son especialmente vulnerables.

Una tormenta solar potente puede inducir corrientes en los transformadores, sobrecargarlos y destruirlos.

En 1989, una tormenta geomagnética dejó sin electricidad a seis millones de personas en Canadá durante horas.

Hoy, un evento similar sería mucho más devastador.

Y luego está el precedente histórico que hiela la sangre: el evento Carrington de 1859.

Una tormenta solar tan intensa que incendió líneas telegráficas en Europa y América del Norte.

Si algo así ocurriera hoy, los científicos advierten que podría provocar apagones continentales, colapsos financieros y una crisis tecnológica global sin precedentes.

La NASA reconoce que subestimó este ciclo solar.

Se avecina una tormenta solar que podría afectar a satélites, redes  eléctricas y GPS

Tras un ciclo 24 inusualmente tranquilo, muchos pensaron que el Sol había entrado en una etapa dócil.

Se equivocaron.

Ahora, con el ciclo de Gleissberg aparentemente despertando, los próximos ciclos solares podrían ser igual de intensos o incluso peores.

Algunos modelos sugieren que la actividad futura podría duplicar la actual.

Esto no significa el fin del mundo, pero sí el fin de la complacencia.

Los astronautas enfrentan mayor riesgo por radiación, los satélites necesitan protección extra y las infraestructuras eléctricas deben adaptarse.

La buena noticia es que estudiar estos fenómenos nos da tiempo.

Si sabemos que una tormenta se acerca, podemos apagar sistemas críticos y reducir daños.

Mientras tanto, el cielo seguirá regalándonos auroras imposibles, visibles incluso en latitudes donde nunca antes aparecían.

Belleza nacida del peligro.

Un recordatorio luminoso de que vivimos bajo una estrella viva, caótica y poderosa.

El Sol no es nuestro enemigo, pero tampoco es un aliado dócil.

Está entrando en una nueva fase de su historia, y la humanidad, más dependiente que nunca de la tecnología, deberá aprender a convivir con su furia.

Porque esta vez, el próximo gran estallido no será solo un espectáculo… será una prueba global.

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