😳 “Me rompió en público”: Heriberto Murrieta revela el lado oscuro del legendario Jacobo Zabludovsky 🎙️🩸

Era un secreto a voces, pero nadie se atrevía a decirlo.
Jacobo Zabludovsky, la voz que narró por décadas el México oficial, tenía un rostro oculto, uno que no salía en cámara.
Heriberto Murrieta lo conoció de cerca.
No como espectador, sino como aprendiz, como soldado dentro del templo llamado 24 Horas.
Y después de más de 35 años, finalmente ha decidido contarlo todo.
Su voz tembló, pero no de miedo.
Fue en 2023, frente a Jorge “El Burro” Van Rankin, donde Murrieta rompió la barrera.
“No recuerdo los buenos momentos con tanta claridad como el día que me humilló delante de todos.
” Así empezó.
Así detonó la bomba.
Un episodio que marcó su carrera y su autoestima.
Era joven.

Había sido llamado desde Hoy Mismo para integrarse al equipo élite de noticias.
Su primer encargo parecía un sueño: cubrir una rueda de prensa con Cantinflas.
Pero cuando entregó el guion a Zabludovsky, el ídolo lo leyó, lo rompió en pedazos…y lo dejó caer como basura frente a toda la redacción.
“Eso fue todo.
No hubo corrección.
Solo destrucción.”
Ese fue el primer puñal.
Pero no el último.
Otro llegó con Hugo Sánchez.
Una entrevista prometedora, valiosa.
Pero al llegar al estudio, se había retrasado unos minutos.
“No vas,” dijo Jacobo sin levantar la voz.
Era su manera de golpear.
Fría, quirúrgica.
La nota salió después.
Pero Murrieta ya estaba roto por dentro.
“Aún sueño que llego tarde y él me dice que no entro,” confesó.
Pero no todo era miedo.
En medio del tormento profesional, hubo escenas extrañas, casi cinematográficas, que mostraban a otro Jacobo.
Uno de ellos ocurrió en la casa de María Félix.

Ambos, Jacobo y la Doña, compartían una relación intensa, elegante, casi imposible de etiquetar.
Murrieta los vio reír juntos, debatir sobre literatura, sobre la tauromaquia, sobre el peso de ser íconos.
María le lanzó una frase inolvidable a Murrieta: “Tú tienes el puño y los pantalones.
” Esa noche, entre batas de seda, vino caro y carcajadas sinceras, Heriberto vislumbró algo que jamás había visto: a Jacobo bajando la guardia.
Y sin embargo, detrás del poder, también habitaba la herida.
El episodio más oscuro de Zabludovsky no ocurrió frente a cámaras.
Ocurrió en un restaurante.
Altamira.
Una comida privada entre Jacobo, su hijo Abraham, Cantinflas y el sobrino del comediante.
Brindaban, hablaban de los hijos.
Cantinflas alzó su copa por Mario Arturo, su hijo adoptivo.
Pero Jacobo disparó una frase brutal: “Al menos mi hijo no es un drogadicto.”
Silencio.

Una pausa que lo cambió todo.
Cantinflas no respondió.
Solo se levantó y se fue.
No hubo reconciliación.
No volvió a hablarle.
Nunca.
Heriberto escuchó la historia de labios de Abraham.
Y entendió algo esencial: la lengua de Jacobo podía construir imperios…o demoler amistades con una sola línea.
En 2015, los roles se invirtieron.
Ya no era el reportero joven el que temía no estar listo.
Era Jacobo, frágil, que se apoyaba en el brazo de Murrieta mientras caminaban por La Habana.
Fue su último viaje juntos.
Y aunque la lucidez seguía allí, el cuerpo ya no respondía.
“No comía.
No hablaba mucho.
Yo lo cuidaba.

” Semanas después, murió de un derrame cerebral.
Murrieta lo llamó “su última transmisión”.
Pero no se quedó con eso.
Porque a pesar de todo —del dolor, del miedo, de las pesadillas—, Heriberto aún lo considera un segundo padre.
“Me formó con fuego.
Me hizo fuerte.
Pero también me rompió.
” Una verdad incómoda.
Un legado doble.
Jacobo Zabludovsky no fue un monstruo.
Pero tampoco fue solo un genio.
Fue ambas cosas.
El periodista que hablaba al país cada noche… y el hombre que dejaba a sus discípulos temblando fuera de cámara.
Murrieta no lo odia.
Pero ya no lo idealiza.
Y al compartir esa verdad, nos obliga a preguntarnos: ¿cuántos líderes, cuántos ídolos admiramos por fuera sin saber el precio que otros pagaron por estar cerca de ellos?
Esta vez, el silencio no ganó.
Y esa es la verdadera noticia.