🗝️✨ Jesús No Nació el 25 de Diciembre: Las 7 Pistas Bíblicas que Señalan la Fecha Real y que la Historia Decidió Silenciar

Esta es la fecha del nacimiento de Jesús según los Evangelios: cómo se  llegó al 25 de diciembre - LA NACION

La primera pista surge del censo ordenado por César Augusto.

Roma no organizaba censos en pleno invierno.

El imperio era meticuloso y pragmático.

Obligar a miles de personas a viajar largas distancias durante la temporada más fría y lluviosa del año habría sido ineficiente y peligroso.

Todo indica que este censo ocurrió en primavera u otoño, estaciones más favorables para el desplazamiento masivo.

Y fue precisamente este decreto el que llevó a José y María hasta Belén, cumpliendo sin saberlo la profecía de Miqueas.

El control político de Roma terminó siendo una herramienta del plan divino.

La segunda pista aparece en una figura olvidada: Zacarías, padre de Juan el Bautista.

Sabemos que pertenecía a la clase sacerdotal de Abías, el octavo turno de los veinticuatro establecidos.

Según el calendario del templo, su servicio habría ocurrido alrededor de mayo o junio.

Fue en ese momento cuando recibió la visita del ángel Gabriel.

Poco después, Elisabet quedó embarazada.

Seis meses más tarde, ese mismo ángel visitó a María.

Esto sitúa la concepción de Jesús alrededor de diciembre, lo que desplaza su nacimiento hacia septiembre u octubre.

Y aquí entra la tercera pista: las fiestas judías.

Jesús no nació un 25 de diciembre ni en el año uno ¿podemos conocer la  fecha?

El posible nacimiento de Jesús coincide con la fiesta de los Tabernáculos, celebrada en otoño.

Una festividad que conmemora que Dios habitó entre su pueblo en el desierto.

El evangelio de Juan no usa palabras al azar cuando dice que “el Verbo habitó entre nosotros”.

El término original evoca la idea de tabernáculo.

Dios literalmente “acampando” entre los hombres.

La coincidencia es demasiado perfecta para ignorarla.

La cuarta pista se encuentra en los pastores.

Lucas relata que estaban al aire libre, cuidando sus rebaños durante la noche.

En Judea, diciembre trae frío intenso y lluvias constantes.

En invierno, los rebaños se resguardaban.

Que los pastores estuvieran en el campo apunta claramente a una estación más templada: primavera, verano u otoño.

Otro golpe directo a la tradición del 25 de diciembre.

La quinta pista mira al cielo: la estrella de Belén.

No fue una estrella común.

Guiaba, se detenía, anunciaba.

Astrónomos han propuesto conjunciones planetarias, novas o fenómenos celestes extraordinarios ocurridos entre los años 7 y 5 antes de Cristo.

Sea cual haya sido su naturaleza, marcó un tiempo específico, no simbólico.

El cielo señalando que algo irreversible había comenzado en la tierra.

La sexta pista surge de la oscuridad: la masacre ordenada por Herodes.

El rey mandó matar a los niños menores de dos años tras ser alertado por los magos.

Sabemos que Herodes murió en el año 4 antes de Cristo.

Esto sitúa el nacimiento de Jesús antes de esa fecha, probablemente entre los años 6 y 5 a.C.

La brutalidad de Herodes, paradójicamente, dejó una marca cronológica precisa.

La séptima pista aparece al inicio del ministerio de Jesús.

Nació Jesús el 25 de diciembre? Las tradiciones, los Evangelios y la  búsqueda de evidencia científica - Infobae

Lucas afirma que tenía “unos 30 años” cuando comenzó.

Este ministerio se sitúa alrededor del año 28 o 29 d.C., durante el reinado de Tiberio César.

Al retroceder, nuevamente llegamos al mismo rango: entre el 6 y el 4 antes de Cristo.

Todas las líneas convergen.

Entonces, ¿por qué celebramos el 25 de diciembre? La respuesta no está en la Biblia, sino en la historia.

Siglos después, la Iglesia adoptó esa fecha para coincidir con festividades paganas como el Sol Invictus, facilitando la transición cultural.

Más tarde, un error de cálculo de Dionisio el Exiguo fijó el calendario sin tener en cuenta la muerte de Herodes ni la inexistencia del año cero.

Pero aquí está la revelación final: lo importante no es el día exacto.

La Navidad no celebra una fecha, celebra un hecho.

No el nacimiento en sí, sino la Encarnación.

El momento en que Dios decidió entrar en la historia humana, hacerse carne, habitar entre nosotros.

El mayor acto de amor jamás realizado.

Las siete pistas no destruyen la fe.

La profundizan.

Nos recuerdan que la historia de Jesús no está anclada en una tradición cómoda, sino en un diseño divino perfectamente sincronizado.

Y aunque el mundo se haya equivocado en el calendario, el mensaje sigue intacto: la luz entró en la oscuridad, y nada volvió a ser igual.

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