Jonathan Roumie rompe el silencio espiritual de siglos y revela el rostro de Jesús antes del tiempo, antes de la creación y antes de que el mundo aprendiera a pronunciar su nombre ✨👁️🔥

Jonathan Roumie y el misterio de una vocación inesperada: “Todo en mi vida  me preparó para interpretar a Jesús”

Jonathan Roumie no llegó a interpretar a Jesús desde el éxito ni la comodidad.

Su camino estuvo marcado por el fracaso, la precariedad económica y la duda.

Durante años sobrevivió en Hollywood con trabajos menores, al borde de abandonar su vocación y su fe.

Fue precisamente en ese punto de quiebre, cuando no tenía dinero ni rumbo claro, que tomó una decisión radical: entregarlo todo a Dios.

No como una frase hecha, sino como un acto de rendición total.

Ese momento, según su propio testimonio, marcó un antes y un después.

Poco tiempo después, llegó el papel que cambiaría su vida y la de millones de espectadores en todo el mundo.

Pero interpretar a Jesús no fue solo un ascenso profesional.

Para Roumie se convirtió en una experiencia espiritual abrumadora.

Desde el primer día entendió que no podía tratarse como un personaje cualquiera.

Cada escena comenzaba con oración, silencio y una profunda meditación de los evangelios.

Sin embargo, cuanto más se adentraba en el papel, más se daba cuenta de algo inquietante: Jesús no podía reducirse a un hombre del pasado.

Había en él una conciencia, una autoridad y una presencia que parecían trascender el tiempo mismo.

Esta intuición conecta con una de las ideas más poderosas y menos exploradas del cristianismo: Jesús como el Verbo eterno, presente antes de la creación.

Jonathan Roumie: "Jesús no es un personaje del que quiera disociar, no  quiero soltar sus valores" -

“En el principio era el Verbo”, dice el Evangelio de Juan, una frase que Roumie confiesa haber comprendido de una manera completamente nueva al interpretarlo.

Jesús no aparece como un plan improvisado de Dios ante el fracaso humano, sino como una realidad preexistente, una conciencia que ya estaba allí cuando el universo comenzó a respirar.

En The Chosen, esta visión se traduce en un Jesús profundamente humano, pero al mismo tiempo inquietantemente consciente.

Ríe, llora, se cansa, abraza, pero también habla y actúa con una autoridad que no proviene del poder político ni religioso.

Roumie ha explicado que esta humanidad no reduce a Jesús, sino que revela su verdadera grandeza.

Su divinidad no lo separa de los hombres, lo conecta con ellos.

Su cercanía es la puerta hacia su eternidad.

Uno de los aspectos más provocadores de la perspectiva de Roumie es su insistencia en que Jesús no vino a fundar una religión institucional, sino a despertar algo en el interior del ser humano.

El mensaje central de Cristo, según esta visión, no era crear estructuras de control espiritual, sino recordar a las personas su conexión directa con lo divino.

“El reino de Dios está dentro de ustedes”, una frase que Roumie considera clave y peligrosamente olvidada.

Esta idea no niega la fe ni la tradición, pero las sacude.

Jesús, en esta lectura, no buscaba seguidores pasivos, sino personas despiertas.

No pretendía que la gente se arrodillara eternamente por miedo, sino que se levantara transformada por el amor.

En The Chosen, esta revolución interior se ve en cada encuentro: con María Magdalena, con Mateo, con la samaritana, con los marginados.

Jesús no impone, invita.

No aplasta, libera.

Roumie ha reconocido que interpretar estas escenas lo ha cambiado profundamente.

Cada gesto de compasión, cada silencio de Jesús frente al poder, lo obligó a confrontar sus propios miedos y contradicciones.

Entendió que la cruz no es solo un símbolo de sufrimiento, sino de valentía absoluta.

Jonathan Roumie: "Jesús no es un personaje del que quiera disociar, no  quiero soltar sus valores"

Jesús no se sometió por debilidad, sino que eligió atravesar el miedo para mostrar que el amor no puede ser derrotado ni siquiera por la muerte.

Desde esta perspectiva, la cruz deja de ser el final trágico de una historia y se convierte en la revelación de una verdad eterna.

El mismo Jesús que existía antes de la creación atraviesa el tiempo, entra en la carne, enfrenta el dolor y demuestra que la vida no termina en la oscuridad.

Para Roumie, la resurrección no es solo un evento histórico, sino un proceso que se repite cada vez que un ser humano decide levantarse después de caer.

Esta visión también redefine los milagros.

En The Chosen, los milagros no son espectáculos, sino señales.

Curaciones, perdones y encuentros que muestran lo que es posible cuando una persona se alinea con lo divino.

Roumie insiste en que Jesús no realizaba milagros para ser adorado, sino para revelar el potencial dormido en los demás.

“Ustedes harán cosas mayores”, una promesa que, según él, sigue siendo una de las frases más radicales jamás pronunciadas.

Al hablar del Jesús antes de la creación, Roumie no propone una idea abstracta, sino una presencia viva.

Un Cristo que no está encerrado en templos ni en el pasado, sino activo en la conciencia, en las decisiones diarias, en los actos pequeños de amor y verdad.

Esta visión resulta incómoda porque quita excusas.

Si Jesús es eterno y vive en el presente, entonces seguirlo no es un ritual, es una responsabilidad.

Al final, el mensaje que emerge no es solo sobre quién fue Jesús, sino sobre quiénes estamos llamados a ser.

Roumie no se presenta como maestro ni profeta, sino como testigo de una transformación que comenzó al ponerse en la piel de alguien que existía antes del tiempo.

Su experiencia sugiere que Jesús no vino a fundar una institución, sino a encender una chispa.

Una chispa que, según él, sigue esperando ser despertada en cada persona.

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