🎭🕯️ Vivió con el mismo rostro, la misma voz y el mismo apellido… pero nunca con el mismo destino: la devastadora tragedia de Ángel Infante, el hermano que amó, sufrió y sobrevivió a la leyenda de Pedro Infante

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Ángel Infante nació el 1 de octubre de 1914 en Acaponeta, Nayarit, en una familia humilde marcada por la música y el trabajo duro.

Hijo mayor de don Delfino Infante, músico y director de banda, y de doña Refugio Cruz, creció con la responsabilidad temprana de ayudar a sostener a una familia numerosa.

De quince hermanos, solo nueve sobrevivieron a la infancia.

Como primogénito, Ángel fue el primero en abandonar el hogar para buscar estabilidad en la Ciudad de México, mucho antes de que la fama tocara la puerta de los Infante.

Trabajó en dependencias gubernamentales, en la construcción de caminos y como agente de tránsito.

La vida artística aún no era una prioridad.

Cuando años después Pedro Infante llegó a la capital con sueños, hambre y determinación, fue Ángel quien le tendió la mano, le ofreció techo y orientación.

Aquella lealtad fraterna marcaría para siempre su relación.

El destino dio un giro brutal cuando Pedro, con esfuerzo incansable y un carisma irrepetible, se convirtió en el ídolo del pueblo.

La fama llegó como un huracán y, con ella, una nueva dinámica familiar.

Pedro jamás olvidó a los suyos.

Compró una gran casa en Lindavista y se convirtió en el sostén económico de casi treinta familiares.

Entre ellos, Ángel, quien al ver el éxito de su hermano decidió abandonar su trabajo y perseguir el mismo sueño.

Así comenzó su carrera cinematográfica, primero como extra, luego en papeles secundarios.

Durante años trabajó sin reconocimiento, apareciendo en decenas de películas, muchas de ellas junto a Pedro.

El parecido físico y vocal entre ambos era asombroso.

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En Los tres huastecos, Ángel incluso dobló la voz de Pedro en algunas escenas, ayudándolo a interpretar a múltiples personajes.

Aquella colaboración selló su destino: el público lo vería siempre como una extensión del mito, nunca como un protagonista independiente.

Su gran oportunidad llegó cuando el director Juan Bustillo Oro le ofreció su primer papel protagónico en Por ellas, aunque mal paguen.

Ángel aceptó con una condición: que Pedro lo asesorara y grabara canciones para la película.

Pedro dudó.

No quería que su hermano triunfara por favoritismo.

Solo accedió por petición de su madre.

Aun así, el resultado fue devastador.

La crítica fue tibia, el público lo comparó sin piedad y la presencia indirecta de Pedro terminó por opacarlo.

Pedro le aconsejó algo que marcaría su carrera: interpretar villanos, antagonistas, personajes maduros que le permitieran diferenciarse.

Ángel se negó.

Quería ser galán, héroe, ídolo romántico.

Quería ser como Pedro.

Esa decisión selló su condena artística.

A pesar de ello, construyó una filmografía impresionante de más de 120 películas.

Participó en clásicos como ATM a toda máquina, Los Gavilanes, Ahí viene Martín Corona, Dos gallos en palenque y La cárcel de mujeres.

Fue un actor constante, respetado por sus colegas, querido por el público, aunque nunca idolatrado.

En lo personal, Ángel formó una familia numerosa.

Tuvo diez hijos y fue padre de Sonia Infante, quien más tarde se convertiría en una actriz reconocida.

Amó profundamente a los suyos, pero su vida emocional estuvo siempre marcada por la comparación inevitable con su hermano menor.

El golpe definitivo llegó el 16 de abril de 1957.

El avión de Pedro Infante se estrelló en Mérida, Yucatán.

México entero quedó paralizado.

Para Ángel, el mundo se derrumbó.

Fue el único hermano que tuvo la fortaleza de viajar de inmediato para identificar los restos.

Lo que vio aquel día lo persiguió toda su vida.

Identificó a Pedro por una pulsera de oro, por fragmentos de su rostro, por detalles que solo un hermano podía reconocer.

Ángel insistió en que el ataúd permaneciera abierto.

Quería que el pueblo viera que su ídolo había caído, pero con dignidad.

Hizo guardia toda la noche.

Acompañó el féretro en avión hasta la Ciudad de México.

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Caminó entre multitudes que lloraban, gritaban y se desmayaban.

Enterró no solo a su hermano, sino también al pilar que sostenía a toda la familia.

Desde ese día, Ángel nunca volvió a ser el mismo.

Siguió trabajando, siguió actuando, pero el dolor se volvió permanente.

Confesó años después que le atormentaban los rumores de que Pedro seguía vivo, los impostores que lucraban con su imagen.

Él sabía la verdad.

La había visto con sus propios ojos.

Ángel Infante falleció el 15 de diciembre de 1987, a los 73 años, casi en silencio.

Un año antes que México conmemorara tres décadas sin Pedro.

Murió como había vivido: con dignidad, sin escándalo, cargando una historia demasiado pesada para un solo hombre.

Hoy, su nombre sigue ligado inevitablemente al de su hermano.

Pero detrás de esa sombra existió un actor sólido, un hombre leal y un corazón que amó hasta el sacrificio.

Ángel Infante no fue solo “el hermano de Pedro”.

Fue el guardián de su legado, el testigo de su gloria y el sobreviviente de una tragedia que nunca lo abandonó.

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