🌩️ Las imágenes de Juno revelan el verdadero rostro de Júpiter: lunas en llamas eternas, océanos ocultos bajo el hielo y tormentas tan grandes que podrían devorar planetas enteros 😱🌌

La NASA compartió las fotografías más impactantes de Júpiter y parecen un  sueño | Explora | Univision

Uno de los descubrimientos más perturbadores comienza en Ío, la luna más volcánica del sistema solar.

A primera vista, Ío parece un error cósmico: un mundo cubierto de volcanes en erupción constante, con fuentes de lava que se elevan hasta cien kilómetros de altura y un paisaje que se regenera sin cesar.

Las imágenes captadas por Juno durante sus sobrevuelos más cercanos, a menos de cien kilómetros de la superficie, mostraron un terreno que parece no conocer el reposo.

Volcanes como Prometeo expulsan columnas de azufre visibles desde el espacio, mientras Loki Patera, un lago de magma de casi doscientos kilómetros de diámetro, pulsa como un corazón ardiente.

La superficie de Ío no conserva cicatrices porque la lava fresca borra cualquier rastro del pasado.

Este infierno permanente es alimentado por el calentamiento por mareas: la gravedad brutal de Júpiter, combinada con la influencia de Europa y Ganímedes, estira y comprime la luna sin descanso, generando un calor interno que derrite la roca misma.

Los instrumentos de microondas de Juno permitieron mirar más allá de la superficie y revelaron algo aún más inquietante: enormes regiones calientes bajo la corteza, lo que sugiere la existencia de un océano subterráneo de magma.

Ío no es solo volcánica en la superficie; es volcánica hasta sus entrañas.

Pero el sistema joviano no vive solo de fuego.

Muy cerca, Europa ofrece el contraste más inquietante imaginable.

Bajo su superficie helada, fracturada como un cristal roto, Juno confirmó la existencia de un océano global de agua líquida.

Este océano podría contener más agua que todos los océanos de la Tierra juntos.

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Las mediciones del campo magnético revelaron oscilaciones imposibles de explicar sin una masa líquida salada bajo el hielo.

En ciertas regiones, Juno detectó variaciones térmicas y posibles plumas de vapor elevándose desde la superficie, señales de que el océano podría comunicarse con el exterior.

Allí abajo, protegidos del vacío espacial y alimentados por energía geotérmica, podrían existir entornos similares a las chimeneas hidrotermales de la Tierra, lugares donde la vida prospera sin luz solar.

Europa se ha convertido así en uno de los destinos más prometedores en la búsqueda de vida extraterrestre.

Ganímedes, la luna más grande del sistema solar y más grande incluso que Mercurio, añadió otra pieza desconcertante al rompecabezas.

Juno detectó auroras brillantes en sus polos, provocadas por un campo magnético propio, algo único entre las lunas.

Estas auroras mostraban oscilaciones extrañas, como si algo bajo la superficie las perturbara.

La explicación apunta nuevamente a un océano subterráneo, posiblemente de cientos de kilómetros de profundidad, atrapado bajo capas de hielo y roca.

Las imágenes de Ganímedes revelaron una superficie dividida entre regiones antiguas llenas de cráteres y zonas más jóvenes con surcos y fracturas gigantescas.

Estas marcas sugieren que el océano interno pudo haberse congelado y expandido en el pasado, deformando la corteza desde dentro.

Un mundo helado, pero lejos de estar muerto.

Mientras Juno exploraba las lunas, el propio Júpiter se revelaba como una entidad aún más aterradora.

En sus polos, la sonda encontró estructuras que parecen sacadas de una pesadilla geométrica: ciclones gigantes organizados en patrones casi perfectos.

En el polo norte, una formación hexagonal de tormentas gira sin cesar; en el sur, un conjunto de cinco ciclones mantiene una danza eterna.

Estas tormentas no duran días ni meses, sino años.

Los sensores de microondas mostraron que se extienden hasta más de trescientos kilómetros bajo las nubes visibles, profundidades donde ningún sistema meteorológico terrestre podría existir.

Algunas tormentas parecen desaparecer en ciertas longitudes de onda, como si colapsaran en capas internas de la atmósfera, mientras otras muestran una estabilidad aterradora.

Las imágenes del hemisferio norte revelaron regiones donde los famosos cinturones de nubes de Júpiter se rompen por completo, dando paso a un caos de remolinos impredecibles.

Sin los chorros zonales que normalmente organizan la atmósfera, las nubes se arremolinan en patrones que cambian en cuestión de días.

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Es un clima vivo, salvaje y profundamente incomprendido.

Uno de los descubrimientos más importantes de Juno fue la abundancia de agua en la atmósfera de Júpiter.

Las mediciones indican que, al menos en el ecuador, la cantidad de agua es entre tres y cuatro veces mayor que la del Sol.

Este hallazgo desafía teorías previas sobre la formación del planeta.

Sin embargo, en las capas más profundas, el agua parece escasear, lo que sugiere que Júpiter no se formó de una manera simple y ordenada, sino a través de procesos caóticos y complejos.

La distribución del agua influye directamente en las tormentas, los vientos y la dinámica interna del planeta.

Júpiter ya no es visto como una esfera homogénea de gas, sino como un mundo estratificado, con corrientes profundas que alimentan fenómenos visibles desde el espacio.

Cada nuevo sobrevuelo de Juno no ha cerrado misterios, los ha multiplicado.

El sistema joviano se presenta ahora como un laboratorio cósmico extremo, donde el fuego, el hielo, el agua y la energía coexisten en equilibrio precario.

Júpiter no es solo el planeta más grande del sistema solar: es un arquitecto del caos, un guardián de secretos que apenas comenzamos a comprender.

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