🛰️⛰️ Láseres atravesaron el bosque, taladros mordieron la montaña y aun así el mito sobrevivió: la verdad incómoda sobre las “pirámides” de Bosnia que nadie quiere aceptar

ACTUALIZADO 2025) Antigua pirámide bosnia del sol

La historia comenzó en 2005, cuando Semir Osmanagić anunció que una colina cerca del pueblo de Visoko no era una colina en absoluto, sino la pirámide más grande del mundo.

Desde el valle, la montaña parecía mostrar caras triangulares y una cima puntiaguda.

Para Osmanagić, aquello no podía ser casual.

Lo bautizó como la Pirámide del Sol y afirmó que había sido construida por una civilización perdida hace decenas de miles de años.

Bosnia, todavía marcada por las cicatrices de la guerra de los años noventa, escuchó el mensaje con atención.

El país había sido definido durante demasiado tiempo por el conflicto, la destrucción y el dolor.

De pronto, alguien decía que aquella tierra escondía un pasado glorioso, anterior incluso a Egipto.

Para muchos, la idea no solo era fascinante, era necesaria.

La reacción fue inmediata.

Voluntarios llegaron con palas, cámaras y entusiasmo.

Se limpiaron laderas, se expusieron superficies de roca plana y se proclamó que eran muros antiguos.

Se renombraron colinas vecinas como la Pirámide de la Luna y la del Dragón.

Los medios locales hablaron de energía emergiendo del suelo.

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Los turistas comenzaron a llegar.

Pero mientras el mito crecía, también lo hacía la alarma entre arqueólogos y geólogos.

Expertos europeos visitaron el sitio y no vieron bloques tallados ni arquitectura humana.

Vieron capas de arenisca y conglomerado, rocas sedimentarias típicas de la región, fracturadas de forma natural por millones de años de presión, agua y erosión.

Lo que parecía mampostería, explicaron, era geología.

La crítica fue dura.

La Academia de Ciencias y Artes de Bosnia calificó el proyecto como un abuso del patrimonio.

Se advirtió que las excavaciones estaban dañando restos medievales auténticos, incluida una fortaleza del siglo XIV en la cima de la colina.

Cartas abiertas firmadas por científicos de toda Europa denunciaron el proyecto como pseudociencia.

En la prensa internacional, el término “fraude” comenzó a aparecer.

Sin embargo, la popularidad no disminuyó.

Al contrario, cada crítica era percibida por muchos bosnios como un ataque externo, una repetición del viejo patrón en el que se les decía que nada importante podía venir de su país.

La historia de las pirámides dejó de ser solo arqueología.

Se convirtió en identidad.

Entonces llegó la tecnología que prometía acabar con la discusión.

El LIDAR, un sistema de escaneo láser capaz de “desnudar” el terreno bajo la vegetación, fue utilizado para mapear las colinas de Visoko.

Desde el aire, los árboles desaparecieron digitalmente y quedó expuesta la forma real del terreno.

Las primeras imágenes circularon como pólvora.

Las pirámides del complejo de Visoko podrían haber funcionado como una  “fábrica” de energía prehistórica: un ejemplo de cómo la seudoarqueológica  amenaza el rigor histórico

Los defensores aseguraron que mostraban bordes rectos y esquinas perfectas.

Pero cuando geólogos independientes analizaron los mismos datos, la conclusión fue devastadora para el mito.

Solo una ladera parecía vagamente triangular.

Las demás eran irregulares, curvadas, exactamente como se espera en colinas naturales formadas por sedimentos.

Comparadas con colinas cercanas fuera del “valle de las pirámides”, las formas eran prácticamente idénticas.

Aún más contundente fue lo que no apareció: no había cámaras internas, no había vacíos, no había señales de estructuras construidas.

El LIDAR mostraba roca sólida de arriba abajo.

La fase final llegó con los taladros.

Equipos de geólogos perforaron la llamada Pirámide del Sol y extrajeron núcleos de roca desde varios metros de profundidad.

Bajo el microscopio, las muestras contaban una historia clara y silenciosa.

Arenisca, arcilla, conglomerado… y fósiles marinos microscópicos atrapados en la roca.

Aquella colina había sido, literalmente, fondo marino hace unos 30 millones de años.

Ese dato por sí solo derrumbaba cualquier posibilidad de construcción humana.

No había bloques apilados, no había cemento antiguo.

Solo capas naturales depositadas por ríos y mares prehistóricos, endurecidas con el tiempo.

Para la comunidad científica, el caso estaba cerrado.

Pero para los creyentes, no.

Se dijo que los científicos habían perforado en el lugar equivocado.

Que los túneles reales estaban más profundos.

El timo de la Pirámide de Bosnia del que todo el mundo habla

Que la tecnología aún no podía detectar lo verdaderamente antiguo.

Mientras tanto, Visoko se transformó.

Los túneles Ravne se convirtieron en una atracción turística.

Se hablaba de energía sanadora, de vibraciones beneficiosas.

Los visitantes meditaban bajo tierra, tocaban piedras “especiales” y compraban agua de la pirámide.

Programas de televisión sensacionalistas amplificaron la historia a escala global.

Lo que había comenzado como una afirmación arqueológica terminó siendo algo mucho más poderoso y resistente: una creencia compartida.

Un símbolo de orgullo, de esperanza económica, de identidad reconstruida.

Hoy, las “pirámides” de Bosnia no existen para la ciencia.

Pero existen para miles de personas que caminan por el valle convencidas de sentir algo real bajo sus pies.

Y tal vez esa sea la lección más inquietante de todas: que los datos pueden ser claros, los láseres precisos y los fósiles irrefutables, y aun así no ser suficientes para derribar un mito que ofrece sentido, pertenencia y consuelo.

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