Cuando Mel Gibson decidió financiar La Pasión de Cristo con 30 millones de dólares de su propio bolsillo, Hollywood le dio la espalda.
Nadie quería tocar un proyecto tan crudo, tan arriesgado y tan abiertamente espiritual.
Lo que Gibson no imaginaba era que el verdadero impacto no vendría después del estreno, sino durante el rodaje, cuando el set comenzó a convertirse en escenario de fenómenos que marcarían a todos los presentes.
Jim Caviezel, elegido para interpretar a Jesús, advirtió a su esposa antes de aceptar el papel que su vida no volvería a ser la misma.
No lo dijo como una metáfora artística.
Lo dijo como una intuición.
Y el tiempo le dio la razón.
Desde los primeros días de filmación, Caviezel y el equipo sintieron que no estaban rodando una película más, sino participando en algo que parecía trascender la ficción.
El primer misterio ocurrió durante la grabación del Sermón del Monte, en Matera, Italia.
El cielo estaba cubierto, el viento soplaba con una fuerza extraña y el ambiente se sentía cargado.
Caviezel relató que segundos antes del impacto supo que algo iba a suceder.
El sonido del viento desapareció y, de pronto, un rayo lo alcanzó.
Testigos aseguraron ver fuego salir de ambos lados de su cabeza y una luz envolviendo su cuerpo.
Contra toda lógica, sobrevivió sin heridas graves.
Minutos después, otro miembro del equipo fue alcanzado por un segundo rayo.

En total, tres personas fueron impactadas durante el rodaje, un hecho que los meteorólogos no pudieron explicar.
Años más tarde, Caviezel reveló que tras el primer rayo murió clínicamente durante algunos minutos.
Fue reanimado en el hospital y, según sus propias palabras, regresó con una sensación de cercanía con Dios que jamás había experimentado.
Desde ese momento, muchos en el set afirmaron que la atmósfera cambió.
Como si algo invisible se hubiera activado.
El segundo misterio ocurrió durante la escena de la flagelación.
Aunque los latigazos estaban coreografiados y se usaban protecciones, dos golpes reales atravesaron la seguridad e hirieron gravemente la espalda del actor.
Médicos presentes documentaron heridas profundas con un patrón que coincidía con descripciones históricas del flagrum romano, algo imposible con el material moderno utilizado.
Lo más desconcertante fue que las heridas comenzaron a cicatrizar en cuestión de horas y desaparecieron sin dejar cicatriz alguna, un fenómeno que dejó perplejo al equipo médico.
El tercer misterio tuvo un impacto espiritual directo.
Luca Lionello, actor que interpretó a Judas, llegó al rodaje declarándose ateo militante.
Se burlaba abiertamente de la fe y rechazaba cualquier oración.
Todo cambió durante la escena del beso de la traición.
Al mirar a Caviezel a los ojos, se paralizó, rompió en llanto y cayó de rodillas.
Días después pidió confesarse y declaró haber vivido una conversión total.
Quienes lo conocían aseguraron que no volvió a ser el mismo.
El cuarto misterio involucró a un miembro musulmán del equipo de seguridad que interpretaba a un soldado romano.
Durante una escena de tortura, fue incapaz de continuar.
Según su testimonio, vio a Jesús no como un actor, sino como una presencia real llena de compasión.
Aunque no se convirtió formalmente, su visión de Cristo cambió de manera irreversible.
El quinto misterio ocurrió con Maya Morgenstern, actriz que interpretó a María.
Durante el rodaje descubrió que estaba embarazada.

En las escenas más dolorosas, especialmente durante la crucifixión, experimentó dolores físicos reales.
Médicos observaron que el feto reaccionaba con una intensidad inusual durante las escenas más cargadas emocionalmente, como si respondiera a algo más profundo que el simple estrés materno.
El sexto y último misterio se produjo durante la filmación de la resurrección.
En una cueva natural, una luz intensa y dorada comenzó a emanar sin ninguna fuente identificable.
Cuatro cámaras fallaron al mismo tiempo por sobrecarga eléctrica, pero todos los presentes vieron la luz a simple vista.
Equipos de sonido registraron frecuencias que no correspondían a ningún fenómeno conocido y que recordaban a cantos sacros antiguos.
Tras la desaparición de la luz, quedó una marca en la roca cuya alteración molecular no pudo ser explicada por geólogos.
Con el paso de los años, Mel Gibson reconoció que hubo cosas durante el rodaje que jamás comprenderá del todo.
Caviezel, por su parte, afirma que interpretar a Jesús no fue un trabajo, sino un encuentro personal con lo divino.
Para muchos, estos seis misterios no prueban nada.
Para otros, son señales de que algo extraordinario ocurrió cuando el cine se atrevió a tocar lo sagrado.