Los Seis Umbrales Invisibles del Espíritu Santo: El Viaje que Comienza con un Despertar Interior y Termina en una Gloria que Quema el Orgullo, Rompe el Alma y Revela Quiénes Realmente Llegarán al Final 😱🔥🕊️

Catequista Catolico / FSAR on Instagram: “🔥 LOS CINCO MINUTOS DEL ESPÍRITU  SANTO . 11 de Febrero . "Espíritu Santo, yo sé que eres más grande y más  bello que todos mis…”

El primer nivel es el despertar.

Aquí todo comienza, pero aquí también muchos se engañan.

El despertar espiritual no es simplemente creer en Dios o asistir a una iglesia.

Es el momento en que algo muerto cobra vida dentro de ti.

Antes podías escuchar mensajes, cantar canciones, repetir oraciones, pero estabas dormido.

Cuando el Espíritu Santo despierta el corazón, el pecado deja de ser un juego y la cruz deja de ser un símbolo distante.

Hay convicción, hay sacudida, hay una claridad dolorosa: necesitas ser salvado.

No es emoción, es resurrección interior.

El peligro es confundir un escalofrío con un nuevo nacimiento.

El despertar verdadero siempre empuja hacia algo más profundo.

Ese algo más profundo es la limpieza.

Aquí el fuego empieza a doler.

El Espíritu Santo no despierta para luego ignorar lo que destruye el alma.

Empieza a señalar hábitos, pensamientos, relaciones y pecados que antes justificabas.

Lo que toleras comienza a ser confrontado.

Este nivel es incómodo porque expone heridas enterradas, traumas no resueltos y adicciones maquilladas.

Muchos retroceden aquí porque la limpieza se siente como pérdida, como muerte.

Pero en realidad es liberación.

Cada cosa que se quema hace espacio para algo nuevo.

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El Espíritu no avergüenza, purifica.

No destruye por crueldad, destruye para sanar.

Luego llega el empoderamiento.

Después del fuego, viene la llenura.

Dios no deja un corazón vacío.

El Espíritu Santo llena con poder, pero no para impresionar, sino para obedecer.

Este poder se manifiesta en la capacidad de decir no al pecado, de mantenerse firme donde antes se caía, de hablar con valentía y vivir con coherencia.

Aquí muchos se confunden, buscando señales externas y olvidando que el mayor milagro es una vida transformada.

Los dones aparecen, sí, pero como herramientas, no como trofeos.

El verdadero poder no exalta al ego, lo mantiene crucificado.

Sin embargo, el poder sin renovación es peligroso.

Por eso el cuarto nivel es la renovación de la mente.

Puedes estar despierto, limpio y lleno, pero si piensas como antes, vivirás como antes.

La mente es el campo de batalla más feroz.

Aquí el Espíritu Santo empieza a desmontar mentiras antiguas y a reemplazarlas con verdad.

Es un proceso diario, intencional, agotador a veces.

Requiere disciplina, palabra, silencio y obediencia.

La renovación no es instantánea, es persistente.

Es aprender a responder desde el espíritu y no desde la carne, a ver como el cielo y no como el mundo.

Después viene el nivel que más asusta: la rendición.

Aquí ya no se trata de cambiar conductas, sino de entregar el control.

Mueren los planes personales, las agendas ocultas, la necesidad de tener la razón.

Este nivel separa a los seguidores reales de los admiradores ocasionales.

La rendición no negocia.

Dice “todo o nada”.

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Aquí muchos se van, porque quieren a Jesús como salvador, pero no como Señor.

Sin embargo, es precisamente aquí donde la libertad se vuelve real.

Cuando sueltas el control, encuentras una paz que no depende de circunstancias.

Finalmente, está la gloria.

No la gloria humana, no el aplauso ni la visibilidad, sino la manifestación de Cristo a través de una vida rendida.

En este nivel, la presencia de Dios se nota sin necesidad de palabras.

Las personas perciben algo diferente.

No porque seas especial, sino porque ya no eres el centro.

Este nivel es fruto de años de obediencia, de procesos dolorosos y de fidelidad silenciosa.

No todos llegan aquí, porque pocos perseveran.

La gloria no se persigue, se refleja.

Es el resultado natural de una vida completamente entregada.

La gran pregunta no es si crees en Dios, sino en qué nivel te detuviste.

El Espíritu Santo no ha terminado contigo.

El viaje sigue abierto, pero cada paso exige una decisión.

No fuiste llamado a sobrevivir espiritualmente, fuiste llamado a ser transformado de gloria en gloria.

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