
Mientras la fama de Luis Miguel explotaba a mediados de los años ochenta, el hogar que lo había visto crecer se desmoronaba.
Luisito Rey, obsesionado con el éxito de su hijo, se volvió cada vez más controlador, infiel y emocionalmente violento.
Marcela Basteri, nacida en Italia y criada en Argentina, vivía atrapada entre el miedo, la manipulación y la culpa.
Para 1985, agotada física y mentalmente, tomó una decisión definitiva: huir.
Marcela regresó a Italia, a Massa, un pequeño pueblo de la Toscana donde aún vivían familiares.
Llegó acompañada de su hijo menor, Sergio, en un estado que alarmó de inmediato a sus seres queridos.
Estaba excesivamente delgada, frágil, con una tristeza imposible de ocultar.
Según el periodista Javier León Herrera, estaba claro que algo muy grave había ocurrido en México.
Aun así, poco a poco comenzó a recuperarse.
Subió de peso, volvió a sonreír y habló incluso de reconstruir su vida lejos de Luisito Rey.
Pero el pasado no la soltó.
Luisito comenzó a llamar insistentemente desde España.
Al principio, las llamadas eran agresivas y amenazantes.
Luego cambiaron de tono.
Prometía reconciliación, arrepentimiento, un nuevo comienzo.
Cada conversación dejaba a Marcela devastada.
Su familia notó que, tras colgar, se encerraba a llorar durante horas.
El control continuaba, incluso a distancia.
En agosto de 1986 llegó el punto de no retorno.

Luisito aseguró estar en Madrid y exigió que Marcela viajara de inmediato con Sergio.
Dijo haber comprado los boletos.
Era mentira.
En el aeropuerto de Pisa, la familia descubrió que no existían pasajes.
Aun así, improvisaron, compraron nuevos boletos y la despidieron.
Marcela vestía de blanco.
Llevaba una maleta grande.
Se giró, levantó la mano y se despidió.
Fue la última vez que la vieron.
Semanas después, llegó una llamada desde Madrid.
Marcela dijo que estaba con Alex y Sergio, que planeaba viajar a Chile para reencontrarse con Luis Miguel.
En segundo plano, se escuchaba la voz de Luisito Rey.
Pedía una maleta.
Marcela explicó que Alex se iría y que los niños quedarían con su abuela paterna, Matilde.
Después de esa llamada, el silencio fue absoluto.
Marcela Basteri desapareció del mundo.
A partir de entonces, comenzaron las teorías.
Algunas fueron alimentadas directamente por Luisito Rey, quien insinuó que Marcela había huido con otro hombre o que estaba internada en un hospital psiquiátrico.
Otras fueron aún más oscuras.
Una de las más estremecedoras apunta directamente a él.
El actor Andrés García afirmó públicamente que Luisito le confesó su deseo de que Marcela muriera y que incluso buscó ayuda para hacerlo.
Según García, Luisito habría pedido apoyo a figuras ligadas al poder y al crimen.
Estas acusaciones jamás fueron probadas, pero nunca desaparecieron.
Otra versión habla de una supuesta muerte durante una fiesta vinculada al narcotráfico.
Esta teoría fue impulsada por Mario Vicente Gallego, hermano de Luisito Rey, quien en distintos momentos dio versiones completamente contradictorias.
Primero dijo que Marcela se fue voluntariamente con un hombre.
Luego sugirió que murió en un tiroteo.
Las inconsistencias solo aumentaron las sospechas.
Con los años, surgió una hipótesis aún más inquietante: Marcela seguía viva y Luis Miguel lo sabía.
Algunos periodistas aseguraron que el cantante llegó a encontrarla en Italia gracias a servicios de inteligencia y decidió proteger su silencio.
Según esta versión, la verdad era demasiado peligrosa o demasiado dolorosa para salir a la luz.
Nada fue confirmado, pero el rumor persistió.
La teoría más reciente y emocional fue la de la mujer conocida como Honorina Montes, una indigente internada en un hospital psiquiátrico de Buenos Aires con un parecido impactante a Marcela.
Varios familiares de Luis Miguel aseguraron reconocerla.
Durante años exigieron una prueba de ADN.
Finalmente, la Corte Suprema argentina resolvió que no existía parentesco.
Otra puerta se cerró.
El misterio continuó intacto.

Entonces, ¿qué fue lo que Luisito Rey habría confesado antes de morir? Según versiones cercanas, admitió que Marcela no desapareció por voluntad propia y que su final no fue natural.
No dio detalles.
No dejó documentos.
Solo frases sueltas, ambiguas, suficientes para confirmar lo peor sin señalar culpables.
Una verdad incompleta, pero devastadora.
Marcela Basteri no fue solo una mujer desaparecida.
Fue una madre borrada, una historia rota y una herida abierta que marcó para siempre a Luis Miguel.
El silencio que rodea su destino no es casual.
Es el eco de una tragedia que alguien se aseguró de enterrar.
Y mientras no exista una verdad definitiva, esa ausencia seguirá pesando más que cualquier respuesta.