🎤💔 Manoella Torres ya superó los 70 años y su realidad estremece: abusos, pérdidas, depresión y la historia jamás contada de la mujer que nació para cantar pero pagó un precio devastador

Manoella Torres: “Disfruto Cantar Porque no sé qué Pueda Pasar” - Periódico  El Orbe.

Gloria Torres nació el 21 de abril de 1954 en Nueva York, hija de padres puertorriqueños que luchaban por salir adelante.

Su infancia estuvo marcada por la precariedad y el abandono emocional.

Su padre padecía alcoholismo y la situación económica obligó a su madre a internar a cuatro de sus hijos.

Gloria fue la excepción.

Su abuela la acogió y se convirtió en su figura central, una mujer protectora, pero también estricta y dominante.

Fue esa misma abuela quien descubrió su talento vocal y la impulsó hacia la música.

Desde niña, Gloria supo que su destino estaba en México.

Rogó, lloró y soñó hasta que, con apenas seis años, emprendió un viaje de cinco días en autobús que ella describiría como mágico.

México se convirtió en la promesa de una vida distinta.

La disciplina en casa era férrea.

Nada quedaba al azar.

Y aunque la música la salvaba, la libertad parecía siempre condicionada.

A los 16 años, durante una visita a la Ciudad de México, su destino cambió cuando conoció a Marcelo Alfredo Hill, un representante experimentado que vio en ella un diamante en bruto.

Él le ofreció representarla y diseñar su carrera desde cero.

Liberarse de la tutela de su abuela no significó ser libre.

Simplemente cambió de controlador.

Hill decidió su imagen, su agenda, su repertorio e incluso su nombre artístico.

Nació así “Manuela”, un nombre que nunca le gustó, pero que aceptó en silencio.

MANOELLA TORRES HABLARÁ EN LIBRO DE SU ROMANCE CON GUALBERTO CASTRO | A  Tiempo Medio Digital

Todo estaba milimétricamente planeado.

El éxito llegó rápido, pero a un alto costo emocional.

En 1972 lanzó su primer disco, La mujer que nació para cantar, una frase que Armando Manzanero pronunció tras escucharla por primera vez.

Con el respaldo de la televisión y programas como Siempre en Domingo, su carrera despegó.

Sin embargo, las letras atrevidas de sus canciones provocaron polémica.

Temas sobre pasión, infidelidad y deseo femenino incomodaban a una sociedad conservadora.

Lo que pocos sabían era que muchas de esas canciones reflejaban su propia vida.

Manoella admitiría años después haber sido “la otra”, involucrándose con hombres casados.

No por maldad, sino por una profunda carencia afectiva.

“Pensé que eso era amor”, diría.

La soledad, aun rodeada de multitudes, la empujó a aceptar migajas emocionales.

La fama era implacable.

Giras constantes, cero descanso y un escrutinio permanente sobre su cuerpo.

Su manager le exigió bajar de peso.

Entre dietas extremas y presión psicológica, llegó a pesar menos de 50 kilos.

Su voz se debilitó, su salud colapsó y la inseguridad se volvió crónica.

Buscando una salida, creyó encontrarla en el matrimonio.

Se casó con Guillermo Diestel, un hombre adinerado y aparentemente protector.

La ilusión duró poco.

Pronto descubrió que había entrado en otra jaula.

Control, celos enfermizos y violencia marcaron la relación.

Manoella sufrió abuso verbal, psicológico y físico.

El miedo la silenció.

Quedó embarazada en medio del caos.

El embarazo fue de alto riesgo y pasó meses hospitalizada.

Dio a luz a su hija Erika, quien nació con una grave afección cardíaca.

Entre hospitales y tratamientos, Manoella se debatía entre ser madre, artista y sobreviviente.

Dos años después, otro embarazo terminó en tragedia: un bebé prematuro que murió a los 60 días.

La pérdida la hundió en una depresión profunda.

Aun así, la obligaron a volver a los escenarios.

La obediencia, aprendida desde niña, volvió a imponerse.

Manoella Torres - Acaríciame (En Vivo desde Variedades Vergel 1977)

Pero el matrimonio ya era insostenible.

La violencia aumentó.

Finalmente, con ayuda de su madre, Manoella tomó a su hija y huyó a Estados Unidos.

Lo dejó todo atrás para salvar su vida.

Desapareció del ojo público durante años.

Circularon rumores, versiones exageradas y verdades a medias.

Ella misma confirmaría más tarde que intentó quitarse la vida en varias ocasiones.

La depresión la consumía.

Dormía en exceso, se aislaba y sentía que ya no tenía nada que ofrecerle al mundo.

Con terapia, medicación y fe, comenzó lentamente a reconstruirse.

Su hija se convirtió en su ancla.

Volvió a la música en los años noventa, pero el camino ya no era el mismo.

Los discos tuvieron recepción modesta y, cuando parecía estabilizarse, apareció otro golpe: un aumento de peso inexplicable.

El diagnóstico fue hipotiroidismo, consecuencia de años de maltrato físico y dietas extremas.

La enfermedad la devolvió a la depresión.

Críticas crueles y comentarios hirientes la rodeaban.

Pero esta vez decidió luchar.

Con disciplina médica, cambió su estilo de vida y recuperó parte de su salud.

Ya no buscaba volver a la cima.

Buscaba paz.

Hoy, con más de 70 años, Manoella Torres vive lejos del frenesí de la fama.

Su vida no es triste por lo que le falta, sino por todo lo que tuvo que perder para sobrevivir.

Ya no canta para complacer, sino para sanar.

Su mayor victoria no fue un disco de oro, sino seguir viva.

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