🌑 Mel Gibson rompe el silencio después de 20 años y anuncia la película que nadie se atrevió a filmar: el descenso de Jesús al infierno, la guerra invisible entre el bien y el mal y el misterio que podría cambiarlo todo ⚡😱

¿Con resurrección incluida? Mel Gibson prepara la secuela de “La pasión de  Cristo” - La Tercera

Agosto de 2025 marca un punto de inflexión.

Mel Gibson reaparece en entrevistas con una intensidad que desconcierta incluso a quienes lo conocen desde hace décadas.

Ya no habla como un cineasta defendiendo su obra, sino como alguien que carga una responsabilidad que va más allá del arte.

En una conversación que se volvió viral, Gibson define su nueva película con una frase que estremeció a creyentes y escépticos por igual: “Es un viaje de ácido.

Para contar esta historia correctamente, necesitas ir al infierno”.

Estas palabras no son una metáfora ligera.

Gibson confirma que La Resurrección de Cristo, secuela directa de La Pasión de Cristo, explorará los tres días posteriores a la crucifixión, un periodo apenas mencionado en los evangelios, pero cargado de significado teológico.

Según la tradición cristiana, Jesús descendió al Sheol, el mundo de los muertos, para enfrentar a las fuerzas del mal y liberar a las almas cautivas.

Ese descenso, casi siempre omitido o suavizado, será el eje central de la nueva película.

El rodaje está programado para comenzar en septiembre de 2025 en los históricos estudios Cinecittà de Roma.

Sin embargo, Gibson ha dejado claro que la producción no se limitará a escenarios físicos.

El proyecto se apoya en años de investigación profunda que incluyen textos apócrifos, escritos místicos cristianos, estudios de angelología, escatología y testimonios de experiencias cercanas a la muerte.

No se trata de una reconstrucción académica, sino de una inmersión narrativa en dimensiones espirituales que, según Gibson, forman parte esencial del mensaje cristiano original.

La ambición es descomunal.

Mel Gibson inicia el rodaje de "La Resurrección de Cristo" y reemplaza a  Jim Caviezel con un nuevo actor para el papel de Jesús

La película será estrenada en dos partes: la primera el Viernes Santo de 2027 y la segunda cuarenta días después, coincidiendo con la Ascensión.

No es una decisión comercial al azar, sino una estrategia simbólica.

Gibson quiere que el público experimente la historia en el mismo ritmo litúrgico que la Iglesia ha seguido durante siglos, obligando a una espera cargada de reflexión, duda y expectativa.

Pero la pregunta inevitable es por qué ahora.

¿Por qué esperar más de dos décadas después del éxito histórico de La Pasión de Cristo? Fuentes cercanas al director coinciden en una respuesta incómoda: Gibson no estaba listo.

No técnica ni creativamente, sino espiritualmente.

Tras el estreno de la primera película, su vida entró en una espiral de escándalos, adicciones, cancelación pública y autodestrucción.

Para él, ese periodo fue su propio descenso personal, una experiencia que le permitió comprender, desde la carne y el fracaso, el significado de morir y resucitar.

Gibson ha reconocido que la fe dejó de ser una idea para convertirse en una experiencia vivida.

Esa transformación es la que ahora impulsa la secuela.

El director no oculta su visión crítica de las instituciones religiosas contemporáneas, a las que acusa de haber diluido el mensaje original.

Para él, la resurrección no es un símbolo cómodo, sino un acto violento de ruptura entre la luz y las tinieblas, entre la vida y la muerte.

El guion, desarrollado junto a su hermano Donal Gibson y Randall Wallace, propone una narrativa no lineal que comienza con la caída de los ángeles, atraviesa el descenso de Cristo al mundo de los muertos y se extiende hasta la muerte del último apóstol.

Es un arco épico que conecta toda la historia de la redención en una sola línea de conflicto cósmico.

Gibson no pretende agradar a todos; pretende obligar al espectador a tomar una posición.

Jim Caviezel, nuevamente en el papel de Jesús, regresa consciente del costo.

Su carrera nunca se recuperó del todo tras la primera película, pero insiste en que nunca se trató de fama.

Será rejuvenecido digitalmente para mantener continuidad visual, pero el peso espiritual del papel sigue intacto.

Caviezel ha descrito el proyecto como el más grande y desafiante de su vida, una prueba que no se mide en términos de éxito profesional, sino de obediencia.

La sombra de lo ocurrido durante el rodaje de La Pasión de Cristo sigue presente.

Mel Gibson ya tiene fecha para arrancar la producción de La resurrección de  Cristo

Rayos, lesiones reales, enfermedades y transformaciones personales marcaron a muchos de los involucrados.

Para algunos, fueron coincidencias extremas; para otros, señales de que tocar lo sagrado tiene consecuencias.

Gibson es consciente de ese historial y, según personas cercanas, se está preparando espiritual y mentalmente como alguien que sabe que vuelve a entrar en territorio peligroso.

Lo que más inquieta a quienes siguen el proyecto de cerca es la convicción con la que Gibson afirma que “nadie muere por una mentira”.

Para él, el testimonio de los apóstoles, dispuestos a morir sin negar la resurrección, es una prueba histórica irrefutable.

La película busca trasladar esa convicción al espectador, no mediante discursos, sino a través de imágenes tan potentes que resulten imposibles de ignorar.

En una época marcada por el cinismo, la fragmentación y la apatía espiritual, Gibson parece convencido de que la historia de la resurrección contada sin filtros puede actuar como un espejo incómodo.

No promete conversiones masivas ni aceptación unánime.

Promete una confrontación.

Una experiencia que obligue a preguntarse si lo ocurrido hace dos mil años fue mito, mentira o verdad… y qué implica esa respuesta para la vida de cada espectador.

Mientras las cámaras se preparan para rodar y el silencio vuelve a envolver los detalles del proyecto, una sensación se impone incluso entre los más escépticos: La Resurrección de Cristo no pretende ser solo cine.

Pretende reabrir una pregunta que muchos preferirían mantener cerrada.

Porque si la muerte no tuvo la última palabra entonces, quizá tampoco la tenga ahora.

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