A los 50 años, Pablito Ruiz rompe el silencio que lo persiguió desde la infancia, expone la crueldad de la fama, el castigo por no esconderse y el precio brutal de decir la verdad en una industria que no perdona 🌪️🎤💔

La historia de Pablito Ruiz: niño prodigio, bullying, drogas y renacimiento  | TN

Pablo Maximiliano Miguel Coronel Vidó nació en 1975 en un barrio obrero de Buenos Aires.

Su historia no comenzó con luces ni alfombras rojas, sino con una ausencia: la muerte de su padre cuando él era apenas un niño.

Su madre, Irene, sostuvo sola a cuatro hijos limpiando casas, cargando también un sueño frustrado.

Ella quiso ser cantante.

No la dejaron.

Ese deseo no cumplido encontró refugio en el menor de sus hijos.

El talento de Pablito apareció temprano.

A los seis años ya había algo distinto en su voz, algo que una maestra supo ver y advirtió con una frase casi profética: “Cuídelo”.

A los diez, Argentina entera lo conocía gracias a Festilindo.

Pero fue en 1987 cuando la maquinaria se puso en marcha.

Rebautizado como Pablo Ruiz, lanzó su primer álbum y se convirtió en el artista platino más joven de su sello.

El fenómeno era imparable.

“Oh, mamá, ella me ha besado” explotó en toda América Latina.

Tenía apenas 12 años.

Las chicas gritaban, las radios repetían la canción sin descanso y las comparaciones con Luis Miguel llegaron como una sentencia.

Pero Pablito era distinto.

No era el galán precoz ni el seductor ensayado.

Era frágil, sensible, un niño cantando al amor con inocencia.

Y eso, con el tiempo, se volvió un problema.

El éxito fue arrollador.

Viña del Mar, giras interminables, discos que se vendían por cientos de miles, invitaciones al Teatro Colón.

Pero mientras el público aplaudía, algo se resquebrajaba.

En 1992 su voz cambió.

La pubertad llegó y con ella la confusión de una industria que solo sabía vender al niño eterno.

“Querían al niño, pero yo estaba creciendo”, diría después.

Intentó adaptarse.

Que es de la vida de Pablito Ruiz: Fue una estrella adolescente, formó  parte del elenco de Sex, viví tu experiencia y quiere escribir su biografía  – GENTE Online

Cambió de imagen, profundizó su voz, se mudó a México buscando un relanzamiento adulto.

Allí firmó el contrato que marcaría su caída.

Sin abogado, confiando, aceptó cláusulas que lo dejaron atrapado.

Grabó discos que nunca salieron.

No podía actuar, no podía grabar, no podía usar su nombre.

Durante diez años fue borrado.

La razón nunca escrita, según Pablo, fue el miedo.

Miedo a su sexualidad.

Nunca estuvo en el closet, pero tampoco hacía bandera.

Vivía.

Tenía parejas.

Eso incomodaba.

Los ejecutivos querían endurecerlo, vestirlo de masculinidad forzada, convertirlo en algo que no era.

Le mostraban ejemplos de artistas que escondían su verdad.

Él se negó.

No quiso mentir.

Y pagó el precio.

Mientras tanto, la televisión hacía lo suyo.

Ritmo de la Noche convirtió a un niño real en una caricatura nacional.

La burla era semanal, masiva, cruel.

“No se reían de un personaje, se reían de mí”, dijo años después.

Tenía 14 años y veía a su país reírse de quién era, antes incluso de que él mismo pudiera entenderlo.

El acoso no se quedó en la pantalla.

Continuó en la calle, en la escuela, en la industria.

Golpes, insultos, humillaciones.

A los 15 decidió irse.

México prometía paz, pero repitió el patrón: condiciones, silencios, castigos.

Sin ingresos y sin salida, cayó en las adicciones.

Trabajó bañando perros para sobrevivir.

No había glamour.

Solo resistencia.

En 2011, unas fotos filtradas forzaron lo inevitable.

Le dieron a elegir: confirmar o ser expuesto.

Eligió hablar.

“Soy gay y sigo siendo el mismo Pablo Ruiz”.

El mundo no se derrumbó.

Muchos fans se quedaron.

Otros regresaron.

Pero la industria siguió mirando con desconfianza.

La polémica con Tame Impala en 2014 fue otro golpe.

Más allá de lo legal, el mensaje fue claro: no lo tomaban en serio.

Otra vez el meme, la risa, la minimización.

Aun así, Pablo siguió.

Pablito Ruiz festeja invita a fans a celebrar su cumpleaños y cobra- Grupo  Milenio

En 2025 cumplió 50 años y decidió celebrarlo con quienes nunca se fueron: sus fans.

Una fiesta íntima, organizada y anunciada con claridad.

Pero los titulares fueron crueles.

“Cobró por su cumpleaños”.

El escándalo explotó.

Las redes atacaron.

Pablo dio la cara.

Explicó.

Resistió.

Porque eso es lo que siempre hizo.

Resistir.

Hoy, a los 50, Pablo Ruiz no pide perdón.

No se esconde.

No actúa.

Vive alineado con su verdad.

Tal vez eso era lo que siempre sospechamos.

Que detrás del niño prodigio había un hombre que solo quería ser libre.

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