
Catalina María del Sagrado Corazón Fernández Vero Vela nació en 1944 en la Ciudad de México, en un hogar donde la elegancia era ley y la emoción, una debilidad.
Criada bajo normas estrictas y silencios prolongados, aprendió desde niña que sentir no era tan importante como aparentar.
Hija única de padres distantes, Talina creció rodeada de disciplina, reputación y exigencia social.
La separación de sus padres, un escándalo para la época, terminó de sellar una infancia emocionalmente fría.
Educada en el prestigioso colegio alemán Alexander von Humboldt y posteriormente en un internado católico en Estados Unidos, Talina dominó idiomas, modales y autocontrol, pero nunca aprendió a expresar el dolor.
Años después lo admitiría con crudeza: le enseñaron a poner la mesa para doce personas, pero no a decir lo que sentía.
Su primer sueño no fue la fama.
Quiso ser enfermera.
En el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez encontró por primera vez un propósito humano, cuidando cuerpos y acompañando a quienes se despedían de la vida.
Pero ese camino se truncó cuando se enamoró de Gerardo Levy.
Se casó joven, abandonó su vocación médica y se entregó por completo a la maternidad.
Tuvo tres hijos y construyó la imagen de familia perfecta, hasta que el matrimonio colapsó.
Divorciada en el México conservador de los años setenta, Talina quedó marcada.
Sin ingresos, con tres hijos y pocas redes de apoyo, tuvo que reinventarse.
No por ambición, sino por supervivencia.

Fue entonces cuando el destino la empujó a la televisión.
Su porte, su dicción y su inteligencia la hicieron destacar.
Nació así “La dama del buen decir”, una figura respetada que informaba, entrevistaba y acompañaba tragedias nacionales con humanidad y temple.
Pero nada la preparó para el golpe que llegó el 29 de abril de 2005.
Su hija Mariana Levy murió repentinamente de un infarto provocado por pánico extremo, en plena calle, camino a celebrar el Día del Niño con sus hijos.
La llamada la recibió Talina en maquillaje, minutos antes de salir al aire.
Desde ese instante, su vida se partió en dos.
Talina llegó al hospital y se acostó en el suelo junto al cuerpo de su hija.
La besó.
Le habló.
Ese momento la perseguiría hasta el final.
Aunque volvió al trabajo, aunque sonrió frente a cámaras, nunca volvió a ser la misma.
El duelo se le incrustó en la voz, en los silencios, en los rituales privados con los que honraba a Mariana.
Crió a su nieta María como a una hija.
Dijo que esa niña la salvó de morir de tristeza.
Pero incluso ese lazo terminó rompiéndose años después, tras una confrontación dolorosa que derivó en un distanciamiento definitivo.
Para Talina, fue otra pérdida que jamás logró procesar del todo.
En 2022, cuando parecía que ya no quedaban golpes posibles, estalló el escándalo que involucró a su hijo Jorge “Coco” Levy, acusado públicamente de acoso sexual por varias mujeres.
Talina lo defendió sin titubeos.
Esa decisión le costó críticas, aislamiento mediático y un desgaste emocional devastador.
Perdió peso, salud y tranquilidad.
Pero no se escondió.
Mientras enfrentaba el juicio público, su cuerpo comenzó a fallar.

Primero un tumor cerebral.
Luego otro, inoperable.
Perdió equilibrio, audición y fuerza.
Aun así, siguió trabajando.
“Si me detengo, caigo”, decía.
Y siguió, hasta que la vida le presentó su última sentencia.
En mayo de 2023 fue diagnosticada con leucemia mieloide aguda.
El cáncer avanzó rápido.
El dolor era constante, profundo, imparable.
Sedada, apenas consciente, susurraba que le dolía.
Su hijo tomó la decisión más dura: no prolongar su sufrimiento.
Talina Fernández murió el 28 de junio de 2023, a los 78 años.
Sin cámaras.
Sin maquillaje.
En silencio.
Su despedida fue íntima, en casa, rodeada de recuerdos.
Sus cenizas fueron divididas: parte con la familia, parte en Acapulco, y finalmente junto a Mariana.
Nunca se permitió caer en público.
Nunca pidió compasión.
Vivió de pie, incluso rota.
Y ahora que su historia completa sale a la luz, queda la pregunta inevitable: ¿fue una figura trágica, una heroína imperfecta o simplemente una mujer que siguió avanzando cuando ya no quedaba fuerza?