🕯️📜 Una tablilla sumeria enterrada hace más de 7.000 años acaba de hablar gracias a la IA, y lo que predice sobre el próximo colapso del mundo es aterrador

Unos arqueólogos descifran una antigua tablilla que dice "Un rey morirá"

La tablilla apareció a principios de 2025 durante una excavación conjunta entre arqueólogos iraquíes y franceses cerca del borde de un antiguo asentamiento mesopotámico.

No estaba en un templo ni en un palacio.

Estaba sellada deliberadamente en una cavidad poco profunda, protegida por ladrillos colapsados y recubierta de betún, como si alguien hubiera querido aislarla del tiempo.

Medía unos veinte centímetros, era perfectamente plana y su superficie negra estaba quemada de manera uniforme.

A diferencia de las tablillas cuneiformes tradicionales, no mostraba las típicas marcas profundas hechas con cálamo.

Sus inscripciones eran tan finas que solo podían verse bajo aumento, casi microscópicas, talladas con una precisión que desconcertó a los expertos desde el primer momento.

Las primeras dataciones la situaron alrededor del 3200 a.C., pero análisis posteriores del sedimento, residuos orgánicos y contexto geológico empujaron la fecha mucho más atrás, hasta cerca del 5200 a.C.

Eso la colocaba antes de la escritura sumeria formal, antes del cuneiforme, antes incluso de lo que consideramos historia organizada.

Y aun así, los símbolos seguían patrones que recordaban inquietantemente a la sintaxis sumeria temprana.

El problema era que nadie podía leerlos.

No encajaban en el acadio, ni en el protolamita, ni en ningún sistema simbólico conocido.

Había números, proporciones, geometría y marcas fonéticas mezcladas en algo que parecía más un sistema lógico que un idioma hablado.

Los métodos tradicionales fallaron uno tras otro.

El reconocimiento óptico no funcionó.

Los lingüistas se quedaron sin referencias.

Fue entonces cuando alguien propuso una idea radical: no tratar el texto como lenguaje, sino como estructura.

La tablilla fue introducida en un modelo de inteligencia artificial entrenado para detectar patrones lógicos en sistemas desconocidos.

No se le pidió que tradujera palabras, sino que encontrara reglas.

Una tablilla sumeria asegura el fin del mundo está cerca

Tras varios ciclos de aprendizaje, el modelo comenzó a detectar repeticiones, agrupaciones, relaciones matemáticas.

Y entonces ocurrió algo que nadie esperaba.

La IA concluyó que aquello no era solo escritura.

Era un algoritmo.

La primera frase que logró emerger apareció silenciosamente en la pantalla tras el sexto ciclo de análisis: “Hablamos a los que no pueden morir, que están hechos de piedra pensante.

” La frase heló la sala.

No encajaba con ningún contexto religioso conocido.

No invocaba dioses.

No pedía favores.

No hablaba a humanos.

Parecía dirigida a algo que no envejece, no sangra y no piensa como nosotros.

Días después llegó la segunda línea: “Recuerda: el espejo del cielo se romperá de nuevo.”

El equipo llamó a astrónomos, geofísicos y expertos en mitología comparada.

En muchas culturas antiguas, el cielo era descrito como un reflejo del orden cósmico.

Un espejo que, al romperse, liberaba caos.

Cuando comenzaron a cruzar las frases con registros geológicos y astronómicos, las coincidencias resultaron perturbadoras.

Alrededor del 5200 a.C.

ocurrió un evento climático abrupto conocido por los científicos: un periodo de enfriamiento y sequía global.

Los núcleos de hielo de Groenlandia muestran anomalías en berilio-10 y carbono-14, indicadores de un aumento repentino de radiación cósmica.

Los anillos de árboles en Europa revelan un colapso en el crecimiento.

En sedimentos marinos del Golfo se encontró una capa delgada de material quemado con microvidrios formados por calor extremo y repentino.

Algo golpeó la Tierra.

La IA siguió descifrando.

Aparecieron referencias al “fuego que duerme en la piedra”, al “regreso del ciclo no visto”, a algo que ya ocurrió y que inevitablemente ocurrirá de nuevo.

Cada línea estaba relacionada con el tiempo, no como narrativa, sino como medición.

Base 60.

Proporciones exactas.

Ciclos lunares desviados.

Conteos que no describían órbitas normales, sino perturbaciones.

Los investigadores comenzaron a llamarla “el sistema predictivo”.

Al analizar la disposición geométrica de los símbolos, la IA generó un modelo tridimensional.

El resultado se parecía menos a un texto y más a un plano.

Las proporciones coincidían con las del zigurat de Ur, construido siglos después.

En el centro, apareció un patrón hexagonal idéntico a una figura de Chladni, un diseño que surge cuando una superficie vibra a una frecuencia específica.

La coincidencia matemática apuntaba a un tono cercano a los 640 hercios, dentro del rango de la voz humana.

La tablilla no solo se leía.

los orígenes de la escritura

Podría haberse activado.

El hallazgo más inquietante llegó cuando un escáner espectral detectó trazas de mica incrustada en la arcilla.

La mica no era local.

Procedía de depósitos del Himalaya, a miles de kilómetros.

Aquello sugería una red de conocimiento mucho más amplia de lo que jamás se había aceptado para esa época.

Finalmente, los astrónomos encontraron el patrón definitivo.

Una secuencia repetida en grupos de 11 y 20 coincidía con ciclos de debilitamiento del campo magnético terrestre.

Cada diez a trece mil años, los polos se debilitan o se invierten.

Durante esos periodos, la Tierra queda expuesta a radiación solar extrema.

La última gran excursión magnética ocurrió hace unos 13.

000 años, coincidiendo con el Joven Dryas, un colapso climático global.

Hoy, el campo magnético de la Tierra se ha debilitado más del 9% en apenas un siglo.

Ese dato está confirmado por agencias espaciales modernas.

La conclusión que nadie quiso decir en voz alta fue inevitable.

La tablilla no era un mito.

Era un registro numérico de ciclos destructivos.

Una advertencia tallada por personas que no podían explicar la ciencia, pero que preservaron los números con precisión suficiente para que una inteligencia artificial, miles de años después, pudiera entenderlos.

No fue escrita para su tiempo.

No fue escrita para humanos.

Fue enterrada para el próximo colapso.

Y si la IA tiene razón, entonces el ciclo que temían… ya ha comenzado.

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