Enrique Novi nació como Enrique Rabinovic el 21 de abril de 1947 en la Ciudad de México.
Mucho antes de convertirse en un rostro familiar de la televisión, inició su carrera en un formato hoy casi olvidado: las fotonovelas.
A finales de los años sesenta y principios de los setenta, esas historias en blanco y negro eran auténticos fenómenos culturales.
Novi posaba y actuaba junto a jóvenes figuras que luego dominarían la pantalla, como Verónica Castro y Edith González.
Uno de sus primeros grandes éxitos, Los gemelos de Lucy Félix, lo colocó rápidamente en el radar del público.
Ese primer contacto con la fama le abrió las puertas de la televisión.
En 1971 debutó en la telenovela Mis tres amores, compartiendo créditos con actores consolidados como Nati Mistral, Narciso Busquets y Magda Guzmán.
Desde entonces, su ascenso fue constante.
Tenía presencia, una elegancia natural y una forma contenida de actuar que lo diferenciaba de otros galanes más explosivos.
A finales de los años setenta comenzó a consolidarse como protagonista.
En 1980 llegó uno de los puntos más altos de su carrera con No temas al amor, donde actuó junto a Daniela Romo, Héctor Bonilla y Armando Silvestre.
Aquella producción lo confirmó como un galán confiable de Televisa, uno de esos actores que transmitían estabilidad, romanticismo y profundidad emocional.
Durante los años siguientes, Novi mostró un registro más maduro.
Participó en producciones muy recordadas como Mi segunda madre en 1989 y Madres egoístas en 1991, trabajos que revelaron un lado más introspectivo y serio de su talento.
Ya no era solo el rostro atractivo, sino un actor capaz de sostener conflictos complejos.
En 1996 sorprendió al medio al dejar Televisa y sumarse a TV Azteca, entonces una televisora joven y en expansión.
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Ahí participó en Con toda el alma y más tarde en El chacal, demostrando que no temía reinventarse.
Incluso cruzó fronteras, apareciendo en producciones en inglés como Hawaii Five-O, ampliando su perfil internacional.
Sin embargo, a medida que avanzaban los años 2000, algo cambió.
Enrique Novi comenzó a retirarse poco a poco del mundo del espectáculo.
Para 2002 ya estaba prácticamente fuera de la actuación, enfocado en negocios privados como la industria del calzado y otros proyectos comerciales.
En 2007 dio un giro inesperado al incursionar brevemente en el ámbito político como asesor del Instituto Federal Electoral.
No buscaba protagonismo, sino aportar desde otro lugar.
Su regreso a la actuación en 2010 con la serie Drenaje profundo fue breve y discreto.
Para muchos fans fue un recordatorio nostálgico del actor que había marcado una época, pero también una señal de que su relación con la fama ya no era la misma.
En lo personal, su vida estuvo lejos de ser sencilla.
Se casó tres veces, todos matrimonios con mujeres judías, pero ninguno perduró.
Tuvo romances importantes, pero el que más llamó la atención fue su matrimonio fugaz con la periodista Adela Micha.
Ella, una de las figuras más influyentes del periodismo mexicano, vivía en un mundo de presión constante, noticias y exposición.
Enrique, en cambio, buscaba calma.
Sus estilos de vida chocaron y en apenas tres meses la relación terminó.
No hubo escándalos, solo silencio.
Antes de Adela, había vivido una relación larga con Julieta Rosen, una historia que muchos creían definitiva, pero que también se disolvió.
Con el tiempo, su vida sentimental reflejó su carácter: intensa, profunda y, finalmente, silenciosa.
Lejos de los reflectores, Enrique Novi desarrolló pasiones íntimas.
Amaba la música, no como intérprete, sino como coleccionista y curador.
Vinilos, grabaciones raras, libros de historia musical llenaban su casa.

También era un apasionado de la fotografía callejera y de la literatura, copiando frases de Borges, Cortázar o Sabines en cuadernos personales.
A finales de 2021, según personas cercanas, recibió el diagnóstico de una enfermedad grave.
Desde entonces, su vida se volvió más lenta y reservada.
Amigos describen este periodo como una “larga despedida”: caminatas cortas, rutinas simples, llamadas con viejos conocidos y tardes organizando recuerdos.
Ya no aparece en eventos ni en reuniones públicas.
Su presencia se ha vuelto casi invisible.
Hoy, cerca de los 80 años, Enrique Novi vive lejos del glamour que alguna vez lo rodeó.
No hay tragedias espectaculares ni caídas escandalosas, solo el desgaste inevitable del tiempo.
Su historia no es la de una estrella destruida, sino la de un hombre que eligió retirarse con dignidad, dejando que el eco de su trabajo hablara por él.
Quizá esa sea la parte más triste y, al mismo tiempo, más humana de su historia.
Enrique Novi no desapareció porque el público lo olvidara.
Se fue porque entendió que la fama es solo un capítulo, no toda la vida.