Cuatro astronautas viajarán a bordo del cohete SLS en la misión Artemis II para rodear la Luna durante 10 días y alcanzar más de 450.000 kilómetros de distancia de la Tierra

 

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A más de medio siglo del último viaje tripulado a la Luna, la misión Artemis II se perfila como un hito que redefinirá los límites de la exploración humana.

Cuatro astronautas viajarán a bordo del cohete más potente actualmente operativo, el Space Launch System (SLS), con el objetivo de orbitar nuestro satélite natural y regresar en una travesía de aproximadamente diez días que marcará un antes y un después en la carrera espacial.

El lanzamiento tendrá lugar desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida, y no solo representa el regreso a la órbita lunar, sino el inicio de una nueva era: la construcción de bases permanentes fuera de la Tierra.

“Estamos abriendo el camino para que futuras generaciones vivan y trabajen más allá de nuestro planeta”, han señalado responsables del programa, destacando el carácter estratégico de esta misión.

El SLS, capaz de generar cerca de 4.000 toneladas de empuje, supera incluso al histórico Saturno V del programa Apolo.

En su cúspide viaja la nave Orion, compuesta por la cápsula de tripulación —bautizada como Integrity— y el módulo de servicio europeo, desarrollado por Airbus, que será clave para la supervivencia de la tripulación en condiciones extremas.

“Controlamos más de 230 sensores térmicos; sin este sistema, la misión simplemente no sería viable”, explicó un ingeniero involucrado en su desarrollo. La misión no contempla un alunizaje. En su lugar, Orion seguirá una trayectoria de “retorno libre”, una maniobra que aprovecha la gravedad lunar para rodear la Luna y regresar a la Tierra sin necesidad de grandes consumos de combustible.

Este enfoque, además de eficiente, es crucial para la seguridad: en caso de fallo, la nave volvería automáticamente.

“La física nos trae de vuelta”, resumen los expertos.

 

Misión Artemis II de la NASA: la cápsula Orión salió de la órbita terrestre  y ya viaja hacia la Luna - Infobae

 

Durante el viaje, los astronautas alcanzarán una distancia superior a los 450.000 kilómetros de la Tierra, superando cualquier registro anterior en la historia.

En ese punto, estarán completamente incomunicados durante su paso por la cara oculta de la Luna.

“Serán los momentos más silenciosos y aislados que haya vivido un ser humano”, describen desde el control de misión.

Antes de abandonar la órbita terrestre, la tripulación ejecutará maniobras críticas, incluyendo un ensayo manual de acoplamiento utilizando la etapa superior del cohete como objetivo.

Este ejercicio será determinante para futuras misiones que requerirán acoplamientos en el espacio profundo.

“Si los sistemas automáticos fallan, la vida de la tripulación dependerá de estas habilidades”, advirtieron desde Houston.

Ya en las proximidades de la Luna, Orion se acercará hasta unos 6 kilómetros de la superficie, permitiendo observaciones científicas detalladas.

Los astronautas documentarán cráteres y formaciones geológicas, mientras un experimento denominado Avatar analizará el impacto de la radiación en células humanas.

“Necesitamos entender cómo afecta el espacio profundo al cuerpo humano si queremos llegar a Marte”, explicaron científicos del proyecto.

El regreso a la Tierra será uno de los momentos más críticos.

La cápsula reentrará en la atmósfera a cerca de 40.000 km/h, soportando temperaturas de hasta 2.800 °C.

Tras los problemas detectados en el escudo térmico durante Artemis I, la NASA ha modificado el perfil de reentrada para minimizar riesgos.

“Probablemente habrían sobrevivido, pero ‘probablemente’ no es suficiente”, reconocieron tras las investigaciones.

 

Artemis II: Así es por dentro la nave que llevará a 4 astronautas a la Luna

 

La tripulación está compuesta por Reid Wiseman, comandante de la misión; Victor Glover, piloto; Christina Koch, especialista de misión; y Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense.

Koch hará historia como la primera mujer en viajar al entorno lunar, mientras que Glover será la primera persona no blanca en superar la órbita baja terrestre.

“Sabemos lo que está en juego y aun así estamos listos”, afirmó Wiseman.

Sin embargo, la misión no está exenta de riesgos.

Informes internos sitúan la probabilidad de pérdida de tripulación entre 1 en 30 y 1 en 40, cifras que reflejan la complejidad de este tipo de operaciones.

“La exploración espacial siempre ha implicado riesgos, pero es así como avanzamos”, subrayan desde la agencia.

A pesar de todo, Artemis II no es el final, sino el comienzo.

Su éxito allanará el camino para Artemis III, misión que pretende llevar nuevamente humanos a la superficie lunar y establecer las bases de una presencia permanente.

En paralelo, otras potencias también avanzan en sus propios programas, anticipando una nueva etapa de competencia —y posible cooperación— en el espacio.

La humanidad vuelve a mirar hacia la Luna, no como un destino simbólico, sino como el primer paso hacia Marte y más allá.

Y esta vez, la intención es quedarse.

 

Artemis II: El cohete de la NASA despegó hacia la Luna – Página|12