Si fuiste fan de Bonanza, seguramente recordarás a Adam Cartright, el hijo mayor de la emblemática familia Cartwright.

Pero, ¿te has preguntado alguna vez qué pasó realmente con él? ¿Por qué desapareció de repente de nuestras pantallas sin una despedida que hiciera justicia a su personaje?
Pues bien, la historia detrás de esa salida repentina es mucho más profunda, compleja y me atrevería a decir reveladora de lo que muchos imaginan.
Adam fue interpretado por Pernel Roberts, un actor con una mirada intensa, presencia firme y una elegancia natural que lo diferenciaba del resto del elenco.
Para quienes crecimos viendo la serie, él era el equilibrio sereno entre el ímpetu de Little Joe y la ternura rústica de Jos.
Pero mientras muchos espectadores se encariñaban con los hermanos menores, yo siempre encontré en Adam una profundidad que a menudo pasaba desapercibida.
Tal vez por eso, cuando dejó la serie tras seis exitosas temporadas, el golpe fue especialmente duro para quienes valorábamos ese lado más reflexivo del viejo oeste.

Ahora bien, ¿por qué Pernel Roberts se fue en el mejor momento renunciando incluso a un contrato millonario?
La respuesta, como toda decisión de peso, no es simple. Durante años se especuló de todo.
Conflictos con los productores, cansancio, diferencias creativas. Pero cuando él mismo rompió el silencio, muchos no supimos si aplaudir su valentía o lamentar el vacío que dejó.
Perel era un hombre con convicciones. No era el típico actor que se conforma con repetir fórmulas exitosas para asegurarse un cheque.
Él quería más. Necesitaba que el arte, incluso en la televisión, fuera un vehículo de reflexión, un espacio para cuestionar, para representar realidades.
Y eso, según él, Bonanza no lo ofrecía. Criticó abiertamente la falta de profundidad en los guiones, la ausencia de temáticas sociales reales y el encasillamiento de personajes que nunca evolucionaban.

¿Te imaginas tener la audacia de decir todo eso en una época en la que cuestionar un éxito televisivo podía cerrarte todas las puertas?
A mí, personalmente esa postura me marcó porque no es fácil nadar contra corriente, especialmente en el mundo del espectáculo.
Y Roberts no solo nadó, sino que lo hizo con una convicción que hoy en día pocos tienen.
Su decisión no fue impulsiva, fue el resultado de años de incomodidad interna, de sentir que su talento estaba siendo desaprovechado en tramas que no lo desafiaban, que no lo inspiraban.
Y para entender cómo llegó a esa postura tan firme, hay que conocer un poco más de su historia.
Pernell nació en Way Cross, Georgia, en 1928. Creció en una casa sencilla de esas que tienen el encanto del sur profundo de Estados Unidos, con techo de Texas, madera marrón y marcos blancos.
Desde joven mostró un interés inusual por las artes. Tocaba varios instrumentos, recitaba poesía, actuaba en obras escolares.
No era el chico popular de la escuela, pero era el que siempre brillaba en el escenario.

Su sensibilidad artística lo diferenciaba, lo apartaba un poco del molde. Antes de lanzarse al mundo del espectáculo, vivió experiencias diversas que le moldearon el carácter.
Fue soldado, estudiante de filosofía, músico callejero. Esos años lejos de las cámaras fueron cruciales.
Le dieron perspectiva, lo convirtieron en un artista que no solo quería entretener, sino provocar, desafiar, incomodar si era necesario.
Así llegó a Hollywood y así llegó a Bonanza. Pero claro, Hollywood no siempre sabe qué hacer con los inconformes.
La televisión de los años 60 pedía rostros bonitos, héroes predecibles, historias cómodas para el espectador medio y Pernel, con su inquietud intelectual y su necesidad de profundidad, chocaba constantemente con ese sistema.
Aunque su personaje fue un éxito, él nunca dejó de sentir que podía hacer más, decir más, ir más lejos.
Su partida de Bonanza no fue el final de su carrera, aunque para muchos haya quedado como su papel más recordado.

Después exploró otros caminos: teatro, cine, activismo. Nunca alcanzó la fama masiva de sus años en la serie, pero tampoco lo buscaba.
Él estaba en otra búsqueda más íntima, más auténtica. Y quizás ahí está lo más valioso de su legado.
No en los episodios repetidos en canales de nostalgia, ni en los pósters de la vieja serie, sino en su integridad, en ese mensaje silencioso pero poderoso de que el éxito sin propósito no basta, que hay momentos en la vida en los que uno debe elegir entre el aplauso del público y la paz con uno mismo.
Y él claramente eligió lo segundo. Así que la próxima vez que veas un viejo episodio de Bonanza y notes que Adam ya no está, piensa en lo que representa su ausencia.
No es solo un personaje que se fue, es la huella de un actor que se atrevió a ser coherente, incluso cuando eso significaba alejarse del estrellato.
Cuéntame tú, ¿ya conocías esta historia detrás de la salida de Pernel Roberts? ¿Te sorprendió su postura tan firme?
Déjame tu opinión aquí abajo. Me encanta leer lo que piensas. Y si esta historia te dejó reflexionando, te invito a dejar un me gusta y suscribirte al canal.
Cada semana te traigo nuevas historias reales, profundas, que revelan la otra cara de quienes marcaron nuestra cultura.
Activa la campanita para no perderte ninguna. Hasta el próximo video. Nos vemos. Desde muy joven, Pernel Roberts demostró una sensibilidad artística que lo distinguía del resto.
No solo tocaba múltiples instrumentos y participaba en obras teatrales escolares y eclesiásticas, sino que también destacó como cantante en presentaciones locales.
Con su característico sentido del humor, llegó a bromear diciendo, “Me distinguí fracasando en la universidad tres veces.”
Una confesión que refleja tanto su humildad como su capacidad de reírse de sí mismo.
Su padre, vendedor de refrescos, Dr. Pepper, probablemente le transmitió ese don de palabra que tanto lo caracterizó.
Curiosamente, pese a haber nacido en Way Cross, en el profundo sur de Georgia, Roberts no tenía un acento sureño marcado, algo que siempre me ha resultado fascinante considerando su origen y época.
En 1946, justo tras el final de la Segunda Guerra Mundial, Pernell se enlistó en el cuerpo de Marines de los Estados Unidos, donde tocaba la tuba en la banda militar.
Esa etapa marcó su disciplina, pero también fortaleció su conexión con las artes escénicas. Años después, decidido a seguir su verdadera pasión, se mudó a Nueva York para buscar oportunidades en Broadway.
Tras mucho esfuerzo, perseverancia y rechazo, logró consolidarse como un actor respetado en los escenarios más exigentes del país.
Su talento llamó la atención de los estudios y eventualmente firmó contrato con una productora importante.
En 1958 debutó en el cine con la película Deseo bajo los solmos, actuando nada menos que junto a Sofía Lauren y Borves.
Pero fue un año más tarde, en 1959, cuando alcanzó el estrellato gracias al papel que marcaría su carrera para siempre.
Adam Carwright en la serie Bonanza interpretando al hijo mayor de la familia Carwright, un personaje sensato, inteligente y sereno.
Roberts aportó madurez y una sobriedad necesaria al grupo de protagonistas que completaban personajes más impulsivos o cómicos.
El programa fue un éxito rotundo en audiencia y Adam se convirtió en un rostro familiar en millones de hogares estadounidenses.
Y sin embargo, pese al reconocimiento y la popularidad, Pernel Roberts nunca se sintió completamente cómodo con su papel.
Estaba acostumbrado a la libertad creativa del teatro, a saltar de un rol a otro, a explorar personajes complejos y con profundidad.
Para él, formar parte de una serie que giraba en torno a tres hombres adultos que seguían viviendo con su padre no ofrecía el crecimiento artístico que anhelaba.
Lo explicó con claridad más adelante. Bonanza era entretenida, sí, pero superficial, y eso no era suficiente para un hombre que buscaba representar algo más.
Roberts dejó el programa tras la temporada de 1964-65 luego de 6 años. En la serie simplemente se explicó que Adam se había marchado, pero en la vida real, Hollywood se quedó en shock.
¿Cómo era posible que un actor renunciara voluntariamente a un papel tan exitoso y a un contrato millonario?
La respuesta estaba en su conciencia. Su familia reveló que las tensiones con los productores eran constantes.
Roberts estaba frustrado por la falta de diversidad en el elenco, por los guiones planos, por la ausencia de personajes de minorías.
No entendía como un programa ambientado en un territorio vasto y multirracial como el viejo oeste podía mostrarse casi exclusivamente con rostros blancos.
Y no era solo una opinión, era un principio, porque Pernel Roberts no solo era actor, también era activista y su compromiso con la justicia social no se limitaba a los discursos.
En 1965 caminó junto a Martin Luther King Jr. En la histórica marcha de Selma a Montgomery, un gesto valiente que muchos actores de su época no se atrevieron a dar.
Ese mismo año, mientras Hollywood seguía en su burbuja, él se enfrentaba a la realidad de un país dividido, exigiendo igualdad.
Y esa conciencia social no podía convivir con un programa que no reflejaba ni cuestionaba el contexto de la época.
Lo que más me impresiona de Pernelanza, sino cómo lo hizo, sin escándalos, sin dramas públicos, simplemente apartándose de algo que ya no resonaba con sus valores.
Su decisión fue una declaración de principios, una renuncia al confortelidad a sí mismo. Y eso en el mundo del entretenimiento es tan raro como admirable.
Roberts creció en un Georgia segregado, donde desde niño fue testigo de las injusticias más crudas del racismo institucional.
Esa exposición temprana marcó su carácter. Cuando llegó a Hollywood, no pudo cerrar los ojos ante las mismas dinámicas de exclusión disfrazadas de entretenimiento.
En el set de Bonanza protestó activamente contra el uso de técnicos y actores exclusivamente blancos.
Aunque algunos de sus colegas le ofrecieron cierto apoyo, nunca fue suficiente para calmar su conciencia ni satisfacer su necesidad de cambio.
Hoy, mirando atrás, resulta evidente que Pernel Roberts fue mucho más que un actor de televisión.
Fue un hombre adelantado a su tiempo, dispuesto a pagar el precio por no traicionarse.
En una industria que premia la obediencia y penaliza la disidencia, él eligió el camino más difícil y lo hizo con una dignidad que aún resuena.
¿Y tú conocías este lado comprometido y valiente de Pernel Roberts? ¿Te imaginabas que detrás del galán del viejo oeste había un activista que marchó con King y cuestionó el sistema desde dentro?
Déjame tus pensamientos abajo. Me encanta leer lo que opinas porque son estas historias las que nos recuerdan que la televisión, el cine, el arte no son solo entretenimiento, sino también herramientas poderosas para cambiar la realidad.
Si esta historia te conmovió, te hizo pensar o simplemente te reveló algo nuevo, no olvides dejar un me gusta, suscribirte al canal y activar la campanita para no perderte más biografías como esta.
Cada semana te traigo relatos que no encontrarás en los titulares, porque los verdaderos héroes no siempre llevan capa, a veces solo llevan convicción.
Hasta la próxima. La historia de Pernel Roberts no se detiene en su salida de Bonanza.
Al contrario, lo que siguió fue un capítulo aún más revelador sobre su carácter, sus principios y su lucha constante por la integridad artística.
Su familia en distintas entrevistas expresó con claridad la indignación que sentía al ver como muchas veces se distorsionaban las razones de su partida.
Porque sí, Roberts se fue de Bonanza, pero no por capricho ni por ego. Se fue porque creía en algo más grande que la fama o el dinero.
Y eso en el Hollywood de los años 60 era casi revolucionario. Su defensa por un elenco más inclusivo fue solo la punta del iceberg.
Detrás de sus decisiones había una visión amplia y profunda de lo que debía ser el arte.
Roberts, que se consideraba a sí mismo un aristócrata de su profesión, era también un crítico implacable de la calidad de la televisión de su tiempo y en más de una ocasión se refirió a Bonanza como televisión basura.
Palabras duras que lo distanciaron de algunos colegas, pero que revelaban su descontento genuino. En una entrevista célebre dijo, “Tuve seis temporadas interpretando al hijo mayor en ese programa.
Seis temporadas sintiéndome como un maldito idiota yendo por ahí yo, como un adolescente de mediana edad diciendo, “Sí, pa.
No, pa, a tiempo. Era francamente repugnante tal diálogo para un hombre adulto. Esta sinceridad brutal reflejaba no solo frustración, sino una herida profunda, la de un artista que sentía que su talento estaba siendo desperdiciado.
Y es que para Roberts no ser tomado en serio como actor era una forma de muerte creativa.
Atrapado como Adam Cartright, solo pude usar una décima parte de mi habilidad. Declaró alguna vez al New York Times.
Su exigencia no se limitaba a los demás, se aplicaba a sí mismo con la misma severidad.
Era conocido por ser muy autocrítico y establecer estándares altísimos para su trabajo, para sus compañeros, para la producción.
Quería que Bonanza evolucionara, que se convirtiera en algo más complejo, más adulto, más valiente.
Y cuando eso no ocurrió, no dudó en manifestar su frustración. En una entrevista de 1965 con Popular Culture no se contuvo.
Siento que soy un aristócrata en mi campo de trabajo. Mi participación en Bonanza era como si Isaac Stern se uniera a Lawrence Wilk.
Esta comparación contundente revelaba cuánto sentía que sus talentos estaban siendo subutilizados. Y lo peor para él no era solo la falta de evolución personal, sino el estancamiento narrativo del programa.
En otra conversación con The Washington Post en 1963, lamentó, “No he crecido en absoluto desde que comenzó la serie.
Tengo un papel impotente. Donde quiera que mire, está la imagen del padre.” Sus palabras mostraban una molestia muy concreta, la de interpretar una figura eclipsada, encerrada en diálogos repetitivos, sin profundidad, sin alma.
En sus últimos años, Roberts aclaró que muchos de los rumores sobre su partida eran falsos.
Dijo con franqueza al Pittsburg Press en 1979. Simplemente ya no disfrutaba de Bonanza. Mi contrato terminó y me fui.
Se volvió sin alegría, aburrido y predecible. Tuve que alejarme, pero nunca dije esas cosas que la gente dice que dije.
A pesar del malestar que pudo haber sentido, jamás fue irrespetuoso ni rompió la ética profesional en el set.
Cumplía con su trabajo y más aún, fuera del foco de las cámaras era cálido, generoso y accesible.
Johnny Gregory contó una anécdota en su libro Historias de Pernel Roberts con los fanáticos en el set de Bonanza.
En una pausa para el almuerzo, dos autoestopistas adolescentes a los que había conocido esa misma mañana fueron invitados por él a sentarse en su mesa.
Iban camino al norte con la esperanza de conseguir trabajo en un campamento madero. Durante la comida, Pernel firmó autógrafos con gusto y respondió pacientemente a todas las preguntas de los chicos.
No hubo arrogancia ni ego, solo cercanía y humanidad. Al despedirse les deseó suerte con toda sinceridad.
¿No es esa la verdadera grandeza? Después de dejar Bonanza, Roberts se concentró en lo que realmente valoraba.
El teatro hizo giras con Ingrid Bergman en la conversión del capitán Brassbound de George Bernard Show y protagonizó obras como Camelot, el rey y yo, Tralis, el hombre de la música.
Volvió a su hábitat natural, a las tablas, donde podía desplegar su verdadero talento. Su coprotagonista en Bonanza Lorn Green, quien interpretaba a su padre, supuestamente le rogó que se quedara un poco más, que siguiera ganando dinero y así construyera su propio teatro con los mejores guionistas.
Pero Roberts no escuchó, ya había tomado su decisión. Otro colega, Michael Landon, abordó el tema con una perspectiva más pragmática.
Afirmó que con la salida de Roberts, los ingresos se dividían entre tres en lugar de cuatro.
Añadió, Pernelaba del programa y te lo hacía saber, pero rara vez hacía mucho para mejorarlo.
Decir que un programa apesta no lo mejora. Más allá del desacuerdo entre ellos, lo que queda claro es que Roberts no buscaba agradar, buscaba coherencia.
Con el paso del tiempo y como él mismo reconoció dos décadas después, supo que la carrera de un actor declina con los años.
Por eso, en un intento por mantenerse vigente y también restaurar su estabilidad financiera, en 1979 asumió un nuevo desafío, el papel principal en la serie médica Trapper John MD, un retorno inesperado a la televisión, pero esa historia sin duda merece ser contada aparte.
1972, cuando apenas tenía 21 años, aquel golpe fue, sin lugar a dudas el dolor más profundo que Pernel Roberts enfrentó en su vida.
La muerte de su hijo, Jonathan no solo lo sumió en un prolongado duelo, sino que marcó un antes y un después en su visión de la vida y del arte.
Para un hombre que ya había dejado atrás la comodidad de una serie exitosa por mantenerse fiel a sus principios, esta tragedia representó un recordatorio brutal de lo efímero de todo lo material.
Quienes lo conocieron en esa etapa cuentan que se volvió aún más introspectivo, más selectivo con sus proyectos y más reacio a los focos mediáticos.
La fama, que para muchos era un objetivo en sí misma, para él se volvió casi una carga innecesaria.
Se refugiaba en la lectura, en la música clásica y sobre todo en el trabajo escénico serio, aquel que sentía que honraba verdaderamente su vocación.
Después de su divorcio con Vera Mory, Roberts se casó en tres ocasiones más. Aunque fue una figura pública, hizo lo posible por mantener su vida sentimental fuera del alcance de la prensa, eligiendo vivir con discreción.
En 1962 se unió brevemente a Judith Lebrck, actriz canadiense. Años más tarde estuvo casado con Kara Knack, una mujer del mundo académico, y finalmente con Elenor Criswell, su última esposa, con quien permaneció hasta su muerte.
A través de estos vínculos se fue tejiendo un hombre mucho más complejo que aquel que simplemente había interpretado a Adam Cartright.
A medida que se adentraba en la madurez, Roberts se alejó de los sets de grabación más comerciales.
Reaparecía de forma selectiva en películas para televisión o en papeles especiales, pero siempre lo hacía con un criterio riguroso.
No aceptaba cualquier oferta. Prefería retirarse antes que prestarse a papeles que consideraba vacíos. Su prioridad ya no era la exposición, sino la autenticidad.
Durante los años 90, Roberts también dedicó parte de su tiempo a causas sociales. Aunque nunca fue activista de pancarta ni orador encendido, donaba a organizaciones de derechos civiles y participaba en actividades comunitarias discretas.
Entrevistas esporádicas hablaba con voz pausada y mirada profunda sobre la responsabilidad del artista ante su tiempo, sobre el arte como vehículo de conciencia y sobre lo que él consideraba el deterioro de los valores en la televisión moderna.
Su salud comenzó a deteriorarse a principios de los 2000. En 2007 fue diagnosticado con cáncer de páncreas, enfermedad contra la que luchó en silencio sin hacer público su diagnóstico.
Quienes estuvieron cerca de él en esos años cuentan que se mantuvo sereno, lúcido, incluso con una cierta ironía.
Decía que había vivido como quiso, que había cometido errores, sí, pero que nunca se traicionó a sí mismo.
Falleció el 24 de enero de 2010 en su hogar en Malibú, California, a los 81 años.
Murió en paz, rodeado de su esposa Elenor y algunos amigos cercanos. No hubo cámaras.
Oh, sí. No hubo homenajes grandilocuentes, solo silencio. El mismo que él había sabido cultivar como escudo y como declaración de principios.
La industria lo recordó con respeto. Aunque nunca fue el favorito de los tabloides. Quienes trabajaron con él reconocían su talento excepcional y su integridad incorruptible.
Michael Landon, quien en su momento había criticado su actitud en el set de Bonanza, llegó a decir años más tarde, tal vez no siempre lo entendimos, pero sabía lo que hacía.
Era un artista de verdad. Lauren Green, ya fallecido para entonces, había dejado palabras similares en una entrevista en los 80.
Era difícil, pero ¿por qué se tomaba esto en serio? Lo admiraba por eso, aunque no siempre estuviéramos de acuerdo.
Hoy la figura de Pernel Roberts se estudia con mayor profundidad y matices. Ya no es solo el actor que abandonó Bonanza en su pico de popularidad, ni el rostro serio de Trapper John MD.
Es un símbolo de integridad profesional, de valentía frente a los moldes impuestos y de una vida marcada por decisiones difíciles, tragedias personales y una búsqueda incesante de significado.
En una industria que muchas veces premia la complacencia y penaliza la disidencia, Roberts fue una excepción.
No vivió para complacer, sino para honrar su vocación. Y aunque el precio fue alto, su legado es uno de los más honestos y dignos que Hollywood haya conocido.
Porque a veces no se trata de cuántas luces te apuntan, sino de qué tan fiel fuiste a tu verdad cuando nadie más miraba.
Y en eso, Pernel Roberts brilló con una intensidad que ninguna cámara pudo capturar del todo, determinación con la que vivió cada etapa de su vida.
Sin buscar protagonismo en los tabloides ni aferrarse a contratos multimillonarios, Pernel Roberts construyó una trayectoria sólida, coherente y sobre todo profundamente humana.
A diferencia de muchos ídolos de su época, no buscó una fortuna escandalosa ni aplausos interminables.
Riqueza más allá de los millones de que al partir estaba en la integridad con la que caminó cada paso en la industria del entretencia entre lo que pensaba sentidos de la televisión estado era un actor dedicado con una prolí carse premios y portadas de revistas Roberts eligió la autenticidad mientras otros luchaban por mantenerse relevantes él decidió desaparecer de los reflectores No fue simplemente una etapa en su carrera es su papel en bonanza lo que sigue siendo más demor sino una decisión de vida trasentar con cambiar lo que su temporad su destino, sino también su forma de entender el arte y dejó el programa y ni siquiera le importó que estuviera mis cuando muchos esperaban que el actor siguiera un millón de dólares.
Sets de grabación. Encontró con los ganancias millonarias durante el Robert horarios caminar sin ser reconocido, tocar su instrumento favorito sin la presión del perfeccionismo en entrevistas pasadas había dicho que lo que más era una vida sencilla, sin voces, sin máscaras y lo logró en esa casa de Malibu donde pasó sus últimos días rodeado de libros, música y el amor incon El personaje que a lo largo todos los personajes de Bonanza cada uno tenía su propio de seis temporadas conquistó a los fans dejó un legado significativo en la industria del entretenimiento al priorizar la calidad sobre funeral íntimo reflejó su deseo de autenticiviente de sus compañeros de bonanza.
Su vida simboliza el coraje de ser verdadero en un mundo superficial, aunque no haya estatuas que lo honren, todos su salida de bonucciones Quin hizo un trabajo yent
News
El amor prohibido que terminó en muerte: el joven actor que amó a Jacobo Zabludovsky fue hallado sin vida y la verdad que nadie quería ver ahora sale a la luz.
Jacobo Sabludowski fue mucho más que un periodista. Fue una voz que marcó época en México, una figura que generó admiración, críticas y, sobre todo respeto. Durante décadas mantuvo informada a la nación sobre los acontecimientos más relevantes, convirtiéndose en…
Lo que le hizo Vicente Fernández a Gerardo Reyes te romperá el corazón para siempre.
Aléjate de mí, no quiero que me quieras. La voz quebrada, dolida, arrancada desde lo más profundo del alma popular. Así comenzaba uno de los tantos himnos de Gerardo Reyes. El artista que, pese a haber sido olvidado por los…
El amor clandestino que terminó en tragedia: Enrique Lizalde y su amante, la historia prohibida que nadie se atrevió a contar hasta ahora.
Enrique Lizalde no solo fue una figura emblemática del cine y la televisión mexicana, sino también un símbolo de elegancia, misterio y magnetismo. Su voz profunda y su presencia imponente lo convirtieron en el galán soñado de toda una generación….
La bomba que estalla catorce años después de la tumba: la esposa de Sandro rompe su silencio y deja al mundo entero conmocionado con una verdad que nadie estaba preparado para escuchar.
Hace 14 años el mundo de la música perdió a una de sus leyendas más queridas. Sandro conocido como. El gitano una figura inolvidable en la música latina con una voz que hipnotizaba y un carisma que desbordaba los escenarios….
La confesión que llega desde la tumba después de catorce años de silencio sepulcral: la esposa de Sandro desentierra la verdad que guardó como un veneno durante todo este tiempo.
Sandro, el gitano que sacudió Latinoamérica y escondió una llama más oscura, con una voz que podía derretir corazones, un carisma que iluminaba cada escenario y un talento que desafiaba la imitación. Sandro era más que un simple artista. Era…
La sombra que regresa del más allá para golpear más fuerte: Sandro de América murió hace 14 años, y la revelación que acaba de salir es peor de lo que nadie sospechaba.
Las cartas encontradas en aquella caja metálica han sido publicadas en un volumen especial junto con análisis académicos y testimonios personales convirtiéndose en un bestseller internacional que ha tocado los corazones de lectores en todo el mundo las palabras privadas…
End of content
No more pages to load