Hebreos se refiere a los descendientes de Abraham y destaca su condición de nómadas y extranjeros.
Israelitas son los descendientes de Jacob (Israel) y representan la nación del pacto con Dios, formada por sus 12 tribus.
La Biblia presenta tres términos que, a menudo, son utilizados como sinónimos: hebreos, israelitas y judíos.
Sin embargo, cada uno de estos términos encierra una historia única y significativa que puede cambiar la forma en que leemos las Escrituras.
Para entender estas diferencias, es crucial retroceder en el tiempo y explorar el origen de cada uno de estos nombres.
La primera vez que la Biblia menciona a alguien como hebreo es en Génesis 14:13, donde se dice: “Entonces vino uno que había escapado y lo contó a Abraham el hebreo.
” Abraham, un hombre que vivía en Ur de los Caldeos, fue llamado por Dios a salir de su tierra.
En Génesis 12:1, se registra el llamado divino: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré.
” Así, a la edad de 75 años, Abraham cruzó el río Éufrates y se dirigió a Canaán.
Por esta travesía, se le empezó a llamar “hebreo”, que proviene del término hebreo “ibri”, que significa “el que atraviesa” o “el que viene de más allá”.

“Soy un extranjero en esta tierra,” podría haber dicho Abraham, reflejando su identidad como un nómada, un peregrino que no poseía tierras.
Esta esencia de ser hebreo se transmitió a sus descendientes: Isaac, Jacob y José, quienes también fueron identificados como hebreos en diferentes relatos bíblicos.
En Egipto, durante su esclavitud, continuaron siendo llamados hebreos, incluso cuando clamaban por liberación.
Después de 400 años en Egipto, Dios llamó a Moisés para liberar a su pueblo.
En Éxodo 3:18, se menciona: “Jehová, el Dios de los hebreos, nos ha encontrado.
” Con el éxodo, el término hebreo comenzó a transformarse.
Al llegar al monte Sinaí, Dios estableció un pacto con ellos, y así comenzaron a ser llamados israelitas.
Pero, ¿de dónde proviene este nuevo nombre?
En Génesis 32, Jacob, quien había pasado 20 años con su tío Labán, se preparaba para encontrarse con su hermano Esaú.
En una noche de lucha espiritual, Dios le cambió el nombre a Israel, que significa “el que lucha con Dios”.
Este momento marcó un cambio fundamental en la identidad del pueblo.
“No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel,” le dijo el varón con quien luchaba.
Jacob tuvo 12 hijos, cada uno de los cuales se convirtió en el patriarca de una tribu, y así, los descendientes de Jacob se conocieron como israelitas.

La distinción entre hebreos e israelitas es clara.
Hebreo era un término más amplio que hacía referencia a la descendencia de Abraham y enfatizaba su condición de extranjeros.
En cambio, israelita se refería a los descendientes directos de Jacob, subrayando su pertenencia a la nación del pacto con Dios.
“Todo israelita es hebreo, pero no todo hebreo es israelita,” se podría resumir esta diferencia.
Con el tiempo, el uso del término israelita se consolidó, especialmente durante los 40 años en el desierto.
Después de la conquista de Canaán, las 12 tribus unidas formaron una nación conocida como Israel.
Sin embargo, la historia dio un giro trágico en 931 a.C., cuando el reino se dividió en dos: Israel al norte y Judá al sur.
Esta división llevó a la pérdida de la identidad de las diez tribus del norte, que fueron llevadas cautivas por Asiria en 722 a.C., convirtiéndose en las famosas “tribus perdidas”.
En el reino del sur, Judá, que comprendía a las tribus de Judá y Benjamín, siguió existiendo, pero también enfrentó su propio juicio.
En 586 a.C., Babilonia destruyó Jerusalén y el templo, llevando a muchos judíos al exilio.
Durante este tiempo, el término “judío” comenzó a tomar forma.
Originalmente, se refería a aquellos de la tribu de Judá, pero tras la caída de los otros reinos, pasó a designar a todos los israelitas sobrevivientes que mantenían la fe en Dios.
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“Soy judío,” podría haber afirmado un miembro de la comunidad en Babilonia, reflejando no solo su etnicidad, sino también su compromiso con la fe y la cultura.
Durante el exilio, los judíos desarrollaron nuevas prácticas para preservar su identidad, creando sinagogas y enfatizando la importancia de la ley.
Así, el judaísmo se convirtió en una religión completa, un estilo de vida que trascendió la mera etnicidad.
A medida que el tiempo avanzaba, el término judío se consolidó bajo el dominio romano.
Jesús, nacido en Belén de Judá, se identificó con esta herencia.
“La salvación viene de los judíos,” dijo, marcando el papel crucial que esta comunidad jugaría en la redención del mundo.
El apóstol Pablo también utilizó los tres términos para describir su identidad, entendiendo las diferencias y la riqueza de cada uno.
En resumen, hebreos, israelitas y judíos no son sinónimos, sino que representan capítulos distintos de la misma historia divina.
Cada término lleva consigo matices específicos que enriquecen nuestra comprensión de las Escrituras.
La historia de estos nombres es la historia de un pueblo elegido por Dios, que ha atravesado diversas etapas en su relación con Él, desde los hebreos nómadas hasta los judíos que preservaron su fe a través de los siglos.
Al abrir la Biblia, ahora podemos ver estos términos con nuevos ojos, reconociendo la profundidad de su significado en el contexto de la redención divina.