Vicky Dávila acusa públicamente al presidente Gustavo Petro de poner en riesgo su vida y de usar el poder político para intimidar y silenciar a sus opositores.
La confrontación se agrava con señalamientos de Dávila que vinculan a Petro con el narcotráfico y con una supuesta permisividad frente al crecimiento de la cocaína en el país, lo que intensifica la polarización política.

En un clima de tensión política, Vicky Dávila ha encendido la controversia al acusar al presidente Gustavo Petro de intentar eliminarla, en un ataque que ha dejado a muchos boquiabiertos.
En un reciente intercambio de palabras, Dávila, quien se ha posicionado como una figura clave en la oposición, no dudó en señalar a Petro como el responsable de su seguridad, afirmando que sus palabras podrían llevar a un desenlace fatal.
“Petro infame, lo que quiere es que me maten como a Miguel Uribe.
Usted es el responsable político de esa muerte y lo será de la mía si algo me pasa”, declaró Dávila, dejando claro que no teme a las repercusiones de sus afirmaciones.
La tensión escaló cuando Dávila acusó a Petro de estar vinculado al narcotráfico, señalando que el presidente ha permitido que Colombia se ahogue en cocaína.
“Usted nos avergüenza mundialmente.
Si soy presidente de Colombia, yo sí lo extradito a Estados Unidos sin miedo”, afirmó en un tono desafiante.
Este tipo de declaraciones no son nuevas en la política colombiana, donde las acusaciones de corrupción y narcotráfico han sido moneda corriente, pero la intensidad de las afirmaciones de Dávila ha llevado la situación a un nuevo nivel.
El intercambio se intensificó aún más cuando la revista Semana, aliada de Dávila, publicó un video que acusaba a Petro de querer eliminar a la periodista.
“¿Quiere que eliminen a Vicky Dávila? No tuvo suficiente con Miguel Uribe”, se preguntó Dávila, sugiriendo que Petro utiliza su poder para vengarse de aquellos que lo critican.
Este tipo de retórica ha generado un debate sobre la libertad de expresión y la seguridad de los periodistas en Colombia, un país que ha visto demasiadas veces cómo las palabras pueden llevar a la violencia.

Dávila continuó su ataque, afirmando que Petro está utilizando su posición para hostigar a sus opositores.
“Lo extraño es que lo dice la señora que más ha hostigado al presidente Petro en toda la historia del periodismo colombiano”, comentó, refiriéndose a su propia trayectoria como crítica del gobierno actual.
En su opinión, el petrismo busca desestabilizar a la oposición, utilizando tácticas que van en contra de las instituciones democráticas.
Mientras tanto, la respuesta de Petro no se hizo esperar.
En un tono irónico, el presidente replicó que había enviado al director de la policía a fortalecer la seguridad de Dávila, sugiriendo que su preocupación por la seguridad es más bien un intento de manipulación.
“Si me matan, usted dice que ordenó que me cuidaran, pero todo el país sabe que si me asesinan, el responsable es usted”, respondió Dávila, dejando claro que no se dejaría intimidar.
Las acusaciones de Dávila han resonado en un país donde la política y el narcotráfico están profundamente entrelazados.
La insinuación de que Petro está vinculado a redes narcotraficantes ha llevado a muchos a cuestionar la veracidad de sus afirmaciones.
“Usted me relaciona con el narcotráfico de manera infame.
Sabe que es mentira, pero lo hace para que alguien apriete el gatillo”, sentenció Dávila, evidenciando la gravedad de sus acusaciones.
El clima de hostilidad ha llevado a algunos a pedir una evaluación psicológica de Dávila, sugiriendo que su retórica podría ser un signo de inestabilidad.
“Necesitamos con urgencia una prueba psicológica de esta señora.
Es increíble el nivel de locura que tiene”, expresó un comentarista en redes sociales, reflejando la polarización que caracteriza el debate político en Colombia.

A medida que la situación se intensifica, los ciudadanos se encuentran en medio de una batalla verbal que podría tener repercusiones más allá de las palabras.
La confrontación entre Dávila y Petro representa no solo un conflicto personal, sino también una lucha más amplia por el control narrativo en un país que continúa lidiando con las secuelas del narcotráfico y la corrupción.
Las palabras de Dávila han sido interpretadas por algunos como un intento de galvanizar a la oposición en un momento crítico, mientras que otros las ven como un acto de desesperación.
“Todo lo que ha hecho es hablar mal de Petro, y termina solo hablando mal de usted”, le reprochó un detractor, subrayando que la estrategia de Dávila podría no estar funcionando como ella esperaba.
En este contexto, la figura de Vicky Dávila se ha convertido en un símbolo de resistencia para algunos y en un blanco de críticas para otros.
Su apelación a la seguridad personal y su lucha contra lo que ella percibe como un abuso de poder por parte de Petro han resonado en un sector de la población que busca un cambio en la dirección del país.
Mientras tanto, la administración de Petro enfrenta el desafío de mantener la estabilidad en un clima de creciente desconfianza y acusaciones.
La situación actual es un recordatorio de que en la política colombiana, las líneas entre la verdad y la mentira a menudo se desdibujan, y las consecuencias de estas batallas pueden ser devastadoras.
La pregunta que queda en el aire es hasta dónde están dispuestos a llegar tanto Dávila como Petro en su lucha por el poder y la verdad.