Un incendio vinculado al entorno del “Mayito Flaco” sacude Culiacán y eleva la tensión entre facciones criminales

Un incendio vinculado al entorno del “Mayito Flaco” sacude Culiacán y eleva la tensión entre facciones criminales

La noche del 5 de enero, la ciudad de Culiacán volvió a convertirse en escenario de un episodio que refleja la gravedad del conflicto entre grupos del crimen organizado que disputan el control de la región.

Un inmueble vinculado al entorno familiar del llamado Mayito Flaco fue consumido por un incendio en circunstancias que ya son investigadas por las autoridades.

 

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El hecho ocurrió apenas días después de que comenzaran a circular versiones no confirmadas sobre la muerte del Mayito Flaco, identificado como una figura relevante dentro de una de las facciones históricas del cártel de Sinaloa.

Aunque hasta el momento no existe una confirmación oficial, la información generó un fuerte reacomodo interno y un incremento visible de la tensión entre grupos rivales.

De acuerdo con fuentes cercanas a la investigación, el incendio habría sido provocado de manera deliberada y formaría parte de una serie de acciones destinadas a enviar un mensaje intimidatorio en medio de la disputa criminal.

El inmueble resultó completamente dañado y los servicios de emergencia, al llegar al lugar, poco pudieron hacer para contener el fuego.

Horas más tarde, peritos de la fiscalía realizaron diligencias en el sitio para recabar indicios y esclarecer los hechos.

De manera preliminar, las autoridades confirmaron el hallazgo de restos humanos en el interior del inmueble, por lo que se abrió una carpeta de investigación por homicidio e incendio provocado.

La identificación oficial de las víctimas quedó sujeta a estudios forenses especializados.

La noticia se propagó rápidamente entre la población, generando preocupación y una sensación de vulnerabilidad en distintos sectores de la ciudad.

En Culiacán, donde la violencia ligada al crimen organizado ha marcado la vida cotidiana durante años, el ataque fue percibido como una señal de que el conflicto ha entrado en una fase más agresiva, con consecuencias que podrían extenderse más allá de los grupos involucrados.

 

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Especialistas en seguridad advierten que este tipo de hechos suelen detonar ciclos de represalias difíciles de contener.

La presunta desaparición de una figura clave dentro de una facción histórica podría provocar tanto intentos de negociación interna como una radicalización de la violencia, en un contexto donde cada movimiento es interpretado como una demostración de fuerza.

El ataque contra una propiedad asociada al entorno familiar de un líder criminal representa, según analistas, una escalada significativa.

Este tipo de acciones no solo buscan intimidar al adversario, sino también reforzar el control territorial mediante el miedo, enviando señales claras a aliados, rivales y a la propia población.

Mientras tanto, la respuesta institucional siguió el protocolo habitual.

Las autoridades estatales informaron sobre el reforzamiento de la presencia policial en distintos puntos de la ciudad y reiteraron que las investigaciones continúan abiertas.

Sin embargo, para muchos habitantes, estos anuncios no logran disipar la percepción de que la violencia avanza más rápido que la capacidad de contención.

El conflicto entre las facciones conocidas como Los Chapitos y el grupo de los Zambada ha dejado en los últimos años un saldo constante de enfrentamientos, bloqueos y episodios de alto impacto.

El incendio registrado esta semana se suma a una lista creciente de hechos que reflejan la profundidad de la disputa y la fragilidad de la seguridad en la región.

 

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Más allá de los nombres y las estructuras criminales, el episodio deja una marca en la vida de la ciudad.

El miedo, la incertidumbre y la normalización de la violencia continúan siendo parte del día a día para miles de familias que observan cómo la confrontación se recrudece sin señales claras de una solución cercana.

La noche del 5 de enero quedará registrada como un nuevo punto de quiebre en la historia reciente de Culiacán.

Un recordatorio de que, en medio de esta lucha silenciosa por el poder, la población civil sigue siendo la más expuesta a las consecuencias de una guerra que parece no tener límites ni un final visible.

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