Luz Mery Galeano relató el profundo dolor por la muerte de su hijo Yeison Jiménez y las corazonadas que tuvo antes del accidente que le quitó la vida.
El dolor de una madre es indescriptible, y Luz Mery Galeano, madre del querido cantante Yeison Jiménez, lo ha sentido en su máxima expresión tras la trágica muerte de su hijo hace apenas tres días.
En una conmovedora entrevista, Luz Mery compartió sus sentimientos más profundos y las corazonadas que la acompañaron en los días previos al fatal accidente que se llevó la vida de su hijo, un artista que había conquistado el corazón de millones.
“Unas horas antes de que Yeison viviera el accidente, yo ya tenía el corazón inquieto, como si algo me estuviera avisando”, confesó Luz Mery, su voz cargada de emoción.
Recordó cómo, desde que Yeison era un niño, había momentos en que su instinto maternal le decía que no era un buen día para salir.
“Casi siempre tenía razón”, añadió con una tristeza palpable.
Yeison, a sus 34 años, era un hombre en la cima de su carrera, amado por su público y con sueños aún por cumplir.
Sin embargo, Luz Mery había sentido una sombra rondando a su hijo.
“Él mismo me confesó que soñaba seguido con aviones, con caídas, con su nombre apareciendo en las noticias después de una tragedia”.
Aunque él intentaba restarle importancia a sus sueños, su madre sabía que esos presagios no eran simples fantasías.
“Ese día, antes de que pasara todo, lo llamé y le dije que tuviera cuidado, que escuchara las señales”, recordó Luz Mery.
Yeison, con su habitual nobleza, la calmó y le prometió que todo estaría bien.
“Lo abracé con palabras, como solo una madre sabe hacerlo, sin imaginar que minutos después la vida nos pondría frente a una prueba que jamás olvidaríamos”.

La tragedia llegó cuando Yeison salió como siempre, acompañado de su mánager y su equipo, rumbo a cumplir con su trabajo.
“Jamás pensamos que ese viaje marcaría un antes y un después en nuestras vidas”, relató Luz Mery, visiblemente afectada.
Cuando recibió la noticia del accidente, sintió que el mundo se le apagó por unos segundos.
“Como si el tiempo se hubiera detenido y todo aquello que yo venía sintiendo en el corazón se hubiera vuelto realidad”.
Yeison no solo era un artista en el escenario; también era un hijo profundamente sensible que hablaba de la muerte con una madurez impresionante.
Su madre recordó cómo, antes de muchos vuelos, él la llamaba no para hablar de conciertos, sino para escuchar su voz.
“Era como si buscara esa protección de mamá”, dijo Luz Mery, con la voz entrecortada por la emoción.
Hoy, mientras las autoridades investigan lo ocurrido, Luz Mery asegura que en su corazón quedó la certeza de que algo se estaba anunciando.
“Yo hice lo que pude: advertirlo, amarlo y acompañarlo desde el amor”, afirmó.
Yeison entendía que la música popular no era solo cantar, sino contar verdades que dolían y sanaban al mismo tiempo.
“Por eso conectó con tanta gente”, añadió su madre con orgullo.
A medida que Luz Mery compartía sus recuerdos, se notaba la mezcla de orgullo y dolor.
Recordó cómo Yeison, desde sus inicios, había trabajado incansablemente, grabando sus primeras canciones con la fe de que alguien las escucharía.
“Te deseo lo mejor” fue apenas la puerta de entrada a un camino que él construyó con sacrificio, disco tras disco, aprendiendo a levantarse después de cada caída.

“Cuando llegó el día de mi promesa y Yeison llenó él solo el estadio El Campín, entendí la magnitud de lo que estaba viviendo”, relató Luz Mery.
“Ese niño de pueblo estaba haciendo historia, no solo por él, sino por la música popular que durante años fue tan menospreciada”.
Esa noche, Yeison la abrazó fuerte y le dijo que todo había valido la pena.
Sin embargo, detrás del éxito, la vida seguía siendo dura.
“Jason vivía viajando, pensando en nuevas canciones, en proyectos, en cómo sorprender a su gente”, recordó su madre.
“Conmigo se permitía ser solo mi hijo, y yo lo escuchaba con atención”.
Luz Mery siempre le decía que se cuidara, que no todo podía ser trabajo, que el cuerpo y el alma también se cansan.
El día en que Yeison se fue, todo ocurrió de manera tan rápida que Luz Mery aún le cuesta asimilarlo.
“Esa tarde, la oscuridad no fue solo del cielo.
Fue una tristeza que se metió en el corazón de millones de personas que crecieron con sus canciones”.
La partida de Yeison dejó un vacío inmenso, no solo en su familia, sino en un país entero que lo consideraba uno de los suyos.
“Mi hijo nació del pueblo y llegó muy alto, sin perder su esencia”, reflexionó Luz Mery.
“Aunque su voz ya no esté, sus canciones siguen vivas, recordando que los sueños pueden abrirse camino incluso en los terrenos más difíciles”.
En medio del dolor, Luz Mery se aferra a los recuerdos de su hijo, el artista que nunca dejó de ser él mismo y que, a través de su música, tocó las vidas de muchos.
