La difusión de audios atribuidos a Abelardo de la Espriella desató una fuerte polémica por sus gestiones internacionales y sus acusaciones sobre el proceso electoral colombiano.

La escena política colombiana atraviesa uno de sus momentos más tensos tras la difusión de audios y videos atribuidos al abogado y aspirante presidencial Abelardo de la Espriella, en los que se refiere a gestiones internacionales, a la situación electoral del país y a una eventual reunión entre el presidente Gustavo Petro y el mandatario estadounidense Donald Trump.
El material, ampliamente comentado en redes y espacios de opinión, ha desatado un intenso debate sobre soberanía, diplomacia, campaña política y el papel de actores extranjeros en el contexto electoral colombiano.
El punto de partida de la controversia fue la confirmación de que el presidente Gustavo Petro sostendría un encuentro con Donald Trump en la Casa Blanca, programado para un martes a las 11 de la mañana, en el marco de una visita oficial que también incluiría una conferencia del mandatario colombiano en una universidad estadounidense.
Desde distintos sectores se insistió en que se trata de un espacio diplomático para “limar asperezas” y abordar asuntos bilaterales, aunque el anuncio fue rápidamente absorbido por el clima de polarización que domina el debate público.

Paralelamente, comenzaron a circular audios en los que Abelardo de la Espriella afirma estar realizando “una reunión muy importante y trascendental” en Estados Unidos y sostiene que “la verdadera diplomacia no se grita en conferencias de prensa, se construye con discreción y se mide con resultados”.
En uno de los fragmentos más comentados, se le escucha decir: “No se puede permitir que Cepeda y Petro se roben las elecciones con recursos de la corrupción y presionando en las regiones a los votantes”.
Estas palabras generaron una ola inmediata de reacciones, tanto de rechazo como de respaldo, y abrieron un nuevo frente de confrontación política.
Desde sectores afines al Gobierno y al progresismo, las declaraciones fueron interpretadas como una acusación grave sin sustento judicial y como un intento de internacionalizar la contienda electoral.
Voces cercanas a esta orilla recordaron que la diplomacia oficial es competencia exclusiva del Estado y que cualquier gestión paralela debe ser observada con cuidado.
En ese contexto, se revivió el debate sobre la figura de la traición a la patria, citando el artículo del Código Penal que sanciona los actos que busquen menoscabar la soberanía nacional o someter al país a dominio extranjero, aunque sin que exista, hasta ahora, un pronunciamiento judicial que vincule formalmente a De la Espriella con ese delito.

El propio abogado, en los audios difundidos, insiste en su narrativa de firmeza y compromiso político.
“Hoy más que nunca estoy firme por la patria”, afirma, y agrega que las gestiones delicadas “se hacen en secreto”.
Esta idea fue duramente cuestionada por analistas y dirigentes de oposición, quienes señalaron que la transparencia es un principio esencial en cualquier democracia, especialmente en tiempos electorales.
Otros, en cambio, interpretaron sus palabras como parte de una estrategia discursiva orientada a consolidar apoyos en sectores inconformes con el Gobierno.
El debate se amplió cuando se recordó que De la Espriella ha manifestado públicamente su intención de competir por la Presidencia y que ha señalado a Iván Cepeda como uno de sus principales contendores políticos.
En ese marco, también resurgieron declaraciones pasadas en las que el abogado afirmó haber denunciado ante instancias estadounidenses supuestas conexiones del presidente Petro con estructuras criminales, afirmaciones que han sido rechazadas por el mandatario y por su entorno, y que no han derivado en procesos judiciales conocidos.

La discusión no se limitó a nombres propios.
En medio del intercambio de acusaciones, reapareció el análisis histórico sobre la influencia de Estados Unidos en América Latina y la vigencia de la llamada doctrina Monroe.
Desde tribunas políticas y espacios de opinión se advirtió que el nuevo enfoque de seguridad nacional estadounidense prioriza el hemisferio occidental y que América Latina, incluida Colombia, ocupa un lugar estratégico.
“No hay que caer en ingenuidades”, advirtió Iván Cepeda en una intervención reciente, al señalar que, aunque pueden existir gestos de acercamiento diplomático, “la agenda está fijada” y responde a intereses geopolíticos de largo plazo.
Cepeda subrayó además que la región ha vivido las consecuencias de intervenciones políticas y económicas en el pasado, y llamó a defender la soberanía y la democracia por vías políticas y sociales.
“Nos oponemos firmemente a cualquier ataque ilegal e ilegítimo contra un Estado soberano y seguiremos trabajando para que nuestro continente se mantenga como zona de paz”, expresó, en un mensaje que fue ampliamente compartido.
Mientras tanto, el Gobierno destacó sus logros económicos y sociales como parte del contexto político actual.
Se mencionaron indicadores como la inflación controlada, la reducción del desempleo, el aumento del salario mínimo y la disminución del salario de los congresistas, medidas que, según voceros oficiales, explican el respaldo ciudadano y el nerviosismo de sectores tradicionales del poder.
Desde esta óptica, las acusaciones y denuncias formarían parte de una estrategia para deslegitimar al Ejecutivo y frenar el avance del progresismo.
La controversia también tocó temas sensibles como el modelo de salud, la explotación de recursos naturales y la protección de ecosistemas estratégicos como el páramo de Santurbán, frente a declaraciones atribuidas a De la Espriella sobre la necesidad de explotar recursos para generar riqueza.
Ambientalistas y líderes sociales recordaron que estos territorios son claves para el suministro de agua potable y que cualquier decisión debe priorizar el interés colectivo.
En conjunto, la difusión de los audios y la confirmación de la reunión Petro–Trump han intensificado la confrontación política en Colombia.
Entre acusaciones, llamados a la prudencia y discursos de defensa de la soberanía, el país observa un escenario marcado por la desconfianza y la polarización.
En ese clima, las instituciones electorales y judiciales aparecen como actores centrales para garantizar que el debate se mantenga dentro de los márgenes democráticos y que las diferencias se resuelvan con argumentos y no con señalamientos sin respaldo.
La tensión sigue en aumento y el desarrollo de los acontecimientos será determinante para el rumbo político del país en los próximos meses.