El pasado oscuro que Yeison Jiménez ocultó por años y que hoy sacude a sus seguidores más fieles
Yeison Jiménez comenzó su relato con una confesión impactante: “Me daba mucha rabia la pobreza y me salía y robaba”.
Con esas palabras, dejó claro que su vida no siempre había sido la de un artista exitoso.
“Me llevaron a la cárcel de menores”, recordó, describiendo un pasado lleno de decisiones difíciles y momentos de desesperación.
A pesar de las pruebas en su contra, su historia no se detuvo allí.

“Yo todo lo que he hecho lo he hecho por mi familia”, afirmó, destacando que su motivación siempre fue el deseo de mejorar la vida de sus seres queridos.
A medida que su carrera despegaba, recibió la noticia de que su canción había alcanzado el número uno en las listas.
“¿Cómo así, parce?”, se preguntó, asombrado por el éxito que estaba alcanzando.
En un momento de reflexión, Yeison compartió cómo su vida cambió drásticamente después de haber vendido aguacates en un mercado.
“Vivíamos en un inquilinato, como la vecindad del Chavo”, dijo, describiendo la precariedad de su infancia.
A los 13 años, comenzó a trabajar en un mercado, donde se rodeó de un ambiente peligroso.
“Era un barrio muy peligroso, todos mis amigos eran como medio malongos”, admitió, reconociendo que se había visto envuelto en situaciones difíciles.
A pesar de las adversidades, Yeison encontró su camino hacia la música.
“Era un niño de 19 años que llevaba 5 años haciendo males en un barrio donde ya todo el mundo te conocía”, reflexionó.
Con el tiempo, decidió alejarse de su entorno y enfocarse en su carrera musical.
“Comencé a grabar, a hacer mi música”, dijo, y al final, a los 21 años, logró su primer gran éxito.
“Todos estaban en contra mía”, recordó, refiriéndose a las burlas que recibió de su familia y amigos.
Sin embargo, decidió perdonar y avanzar.
“Dije, ‘No más, no voy a cargar más rencor ni miedos'”, compartió.
Esa decisión lo llevó a construir una nueva vida, una vida en la que pudo ayudar a su familia y cambiar su destino.
Yeison también habló sobre los sacrificios que tuvo que hacer para alcanzar el éxito.
“Pegábamos los afiches en todos los bares, discotecas, villares”, dijo, enfatizando su dedicación y esfuerzo.
“Llegaba del colegio y me metía a un ciber porque no tenía computador”, recordó, mostrando su determinación para hacerse notar en la industria musical.
El momento culminante de su carrera llegó cuando recibió la noticia de que su canción estaba en el número uno.
“Estaba sentado en una caja llena de aguacates”, recordó, sintiendo la mezcla de emociones al darse cuenta de que su vida estaba cambiando.
“Me volví un artista nacional”, afirmó, describiendo cómo su música comenzó a resonar en otros países.

Sin embargo, a pesar de su éxito, Yeison nunca olvidó de dónde venía.
“Cuando llegué a Estados Unidos, vi a un hombre llorando y me dijo que sabía de dónde venía”, recordó, tocando el corazón de quienes lo escuchaban.
“Eso es mi realidad”, dijo, dejando claro que su historia era un testimonio de perseverancia y superación.
A medida que compartía su viaje, Yeison enfatizó que todo lo que había logrado lo había hecho por su familia.
“Esta vida te ha llevado a cumplir tus sueños”, dijo, reconociendo que su éxito no solo era el resultado de su talento, sino también de su amor por aquellos que lo rodeaban.
Con un mensaje de esperanza, Yeison concluyó su relato afirmando que los sueños sí se pueden hacer realidad.
“Soy un ejemplo de que realmente se puede salir de esas cosas”, dijo, instando a la juventud a perseguir sus pasiones y a no rendirse ante las adversidades.
“Quiero que sepan algo: el único checklist que me queda es pegar en México”, compartió, dejando entrever que su viaje aún no ha terminado.

En un mundo donde las historias de éxito a menudo se presentan sin las luchas que las preceden, la revelación de Yeison Jiménez sobre su oscuro secreto es un recordatorio de que detrás de cada artista hay un ser humano con una historia compleja.
Su viaje desde la pobreza hasta la fama es un testimonio de perseverancia, amor y la capacidad de transformar el dolor en música que resuena en los corazones de muchos.