Donald Trump ordenó la desclasificación de archivos sobre fenómenos extraterrestres y objetos no identificados, instruyendo al Pentágono y a otras agencias a publicar información reservada.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó la desclasificación de documentos relacionados con fenómenos extraterrestres y objetos voladores no identificados, una decisión que reavivó el debate público sobre uno de los temas más controvertidos y persistentes en la historia contemporánea.
La instrucción fue dirigida al Pentágono y a otras agencias gubernamentales, con el objetivo de sacar a la luz información que hasta ahora permanecía bajo reserva oficial.
La medida se produjo pocos días después de que el expresidente Barack Obama se refiriera al asunto en una entrevista concedida al podcaster Brian Tyler Cohen.
Durante la conversación, que rápidamente se volvió viral en redes sociales, el creador de contenido preguntó a Obama sobre la posibilidad de vida extraterrestre y las teorías que rodean a la Casa Blanca y al Área 51.
En su respuesta, Obama afirmó: “Son reales, pero no los he visto y no los guardan en el Área 51.
No existe una ubicación subterránea donde se almacenan a menos que haya una enorme conspiración y ellos se escondan del presidente de los Estados Unidos”.
La frase generó interpretaciones diversas y un intenso debate digital, especialmente entre quienes sostienen que el gobierno estadounidense oculta información sobre contactos con vida no humana.
Ante la magnitud de la reacción, el exmandatario matizó sus palabras y explicó que se refería a la alta probabilidad estadística de vida fuera de la Tierra debido a la vastedad del universo.
Aclaró que durante su administración no tuvo pruebas concluyentes sobre la existencia de extraterrestres ni acceso a evidencia que confirmara tales teorías.
Su intervención, sin embargo, fue suficiente para que el tema regresara al centro de la agenda mediática.

En ese contexto, Trump anunció su decisión de ordenar la publicación de archivos clasificados.
Además, cuestionó públicamente a su antecesor por haber abordado el asunto.
“Él dio información clasificada. Se supone que no debería estar haciendo eso. No sé si son reales o no, no puedo decirlo, pero Obama cometió un gran error. No tengo ninguna opinión al respecto. Nunca hablo del tema, pero mucha gente sí. Mucha gente cree en ellos”, declaró el actual presidente.
Las palabras de Trump fueron interpretadas como una crítica directa a la gestión informativa de la administración anterior y como un gesto político orientado a la transparencia en asuntos que históricamente han estado rodeados de secretismo.
La orden de desclasificación se suma a otras iniciativas recientes orientadas a divulgar archivos reservados de alto perfil, lo que ha generado expectativa sobre el alcance real de los documentos que podrían hacerse públicos.
El fenómeno de los objetos voladores no identificados, ahora denominados oficialmente como fenómenos anómalos no identificados, ha sido objeto de informes y análisis dentro de las fuerzas armadas y agencias de inteligencia estadounidenses durante décadas.
En años recientes, el propio Pentágono ha reconocido la existencia de registros audiovisuales de eventos aéreos no explicados, aunque sin atribuirles origen extraterrestre.
La referencia al Área 51, instalación militar ubicada en Nevada y asociada durante décadas a teorías conspirativas, volvió a ocupar titulares tras la entrevista de Obama.
Aunque el exmandatario negó la existencia de instalaciones secretas donde se oculten seres de otro planeta, el imaginario colectivo continúa vinculando ese enclave con experimentos confidenciales y tecnología avanzada.
El anuncio presidencial abre ahora un nuevo capítulo en la relación entre el gobierno y la opinión pública en torno a estos temas.
Si bien no se han precisado plazos ni el volumen exacto de documentos que serán divulgados, la decisión ha generado tanto expectativa como escepticismo.
Analistas políticos consideran que la desclasificación podría tener implicaciones simbólicas más que científicas, mientras que sectores interesados en la ufología esperan revelaciones sustanciales.
En paralelo, la conversación pública ha puesto de relieve la facilidad con la que declaraciones parciales pueden amplificarse en la era digital.
Lo que comenzó como una respuesta en tono reflexivo sobre la probabilidad de vida en el universo derivó en acusaciones de revelación de información clasificada y en una orden formal de revisión documental.
Mientras avanzan los procedimientos administrativos para liberar los archivos, el debate sobre la existencia de vida extraterrestre, los límites de la información confidencial y el papel de los líderes políticos en su divulgación vuelve a ocupar un lugar central en el escenario estadounidense.
La combinación de declaraciones presidenciales y decisiones ejecutivas ha devuelto a los extraterrestres y a los ovnis al primer plano del discurso público en Estados Unidos.
