​​El RANCHO EMBRUJADO donde VICENTE FERNÁNDEZ filmó…y las historias que pocos se atreven a contar

Hay lugares en este mundo que guardan secretos más pesados que sus propias paredes.

YouTube Thumbnail Downloader FULL HQ IMAGE

El **Rancho Los Tres Potrillos**, ubicado en el kilómetro 22,5 de la carretera Guadalajara a Nogales, en Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco, es uno de ellos.

Durante décadas, este vasto terreno de 487 hectáreas fue el reino privado de Vicente Fernández, el ícono indiscutible de la música ranchera mexicana, donde se filmaron escenas legendarias de películas, se criaron caballos de raza valiosos y se celebraron fiestas que duraban días enteros.

Sin embargo, detrás de su imagen pública de paraíso familiar y emblema del México ranchero, se escondían historias que pocos se atrevían a contar en voz alta.

 

Según testimonios recopilados por el periodista independiente Rodrigo Mendoza, y revelados principalmente por Aurelio Cisneros Vega —un exempleado que trabajó en el rancho desde 1988 hasta 2021—, Los Tres Potrillos albergaba no solo el éxito y la generosidad del “Chente”, sino también silencios impuestos, miedos heredados y eventos oscuros que nunca aparecieron en los titulares oficiales.

Aurelio, quien ascendió de mozo de cuadra a administrador de propiedades, rompió un silencio de 34 años en noviembre de 2025, motivado por su edad avanzada, problemas de salud y la muerte de Vicente Fernández en 2021.

“No quiero morirme llevándome esto”, confesó en una entrevista de más de 22 horas grabadas en su casa de Zapopan.

 

La historia oficial del rancho comienza en 1969, cuando Vicente, con 29 años y los primeros éxitos discográficos, compró las iniciales 40 hectáreas.

La familia se mudó en 1971, y el lugar creció orgánicamente con cada disco de oro y cada gira triunfal.

Pero según Aurelio y otros exempleados que hablaron bajo anonimato, esa expansión dramática —de 40 a más de 400 hectáreas entre 1975 y 1985— ocultaba dinámicas más complejas.

El rancho no era solo una residencia familiar; tenía túneles subterráneos, cuartos cerrados con llave y áreas prohibidas que los empleados nuevos no podían limpiar.

Desde el primer día, las instrucciones eran claras: “Aquí se trabaja duro, se paga bien y se habla poco.

Lo que veas dentro de estas bardas se queda dentro”.

 

Aurelio presenció actividades nocturnas sospechosas desde octubre de 1988: camionetas sin placas descargando cajas en el sótano del edificio de administración, visitas de hombres influyentes que llegaban en helicóptero o de noche, y cenas privadas donde se dejaban sobres manila con fotografías comprometedoras.

Empleados como Remedios, cocinera, y Don Fulgencio, chófer, corroboraron estas cenas misteriosas con figuras que aparecían después en noticieros junto a gobernadores y presidentes.

Algunos músicos o empleados que “vieron demasiado” desaparecían sin rastro, como Rodrigo Peña en 1983, absorbidos por el rancho con naturalidad inquietante.

 

El secreto más profundo involucraba al corazón de la familia Fernández.

En el sector noreste del rancho, una zona de 45 hectáreas poco utilizada, Vicente construyó en 1977 una pequeña capilla de piedra volcánica negra, sin ventanas y con una sola puerta que él cerraba personalmente.

Visitaba solo, semanalmente, con flores blancas, y salía con ojos enrojecidos.

Nadie tenía acceso, excepto él.

 

El 14 de julio de 1993, por una falla en el sistema de riego, Aurelio se acercó accidentalmente y encontró la puerta entreabierta.

Entró y vio cientos de fotografías cubriendo las paredes: todas de una joven mujer, idéntica a Alejandro Fernández en su juventud.

En el altar central, una foto grande enmarcada en plata con turquesa la mostraba en traje de charro femenino, sonriente.

Las fechas iban de 1971 a 1989; después, solo flores frescas.

 

Vicente lo sorprendió, pero en lugar de furia, habló durante 40 minutos.

La mujer era Guadalupe, “Lupe”, su hija mayor, nacida en 1968 de una relación extramatrimonial.

Vicente la adoraba, la mantuvo en secreto para proteger su imagen y matrimonio, y le prometió reconocimiento público.

En 1989, frustrada por la espera, Guadalupe planeó revelarlo todo a un periodista.

Murió el 23 de agosto de ese año en un accidente en la curva “La Herradura” de la carretera Federal 23: su auto cayó a un barranco.

El reporte oficial (folio 891723) lo calificó como exceso de velocidad, pero documentos posteriores sugerían algo más siniestro: evaluaciones de riesgos y decisiones de personas conectadas a las visitas nocturnas del rancho.

 

Vicente construyó la capilla en 1990 como penitencia privada, visitándola hasta su muerte para pedir perdón por no haberla reconocido en vida.

En sus últimos años, enfermo de Guillain-Barré, confesó a Aurelio su arrepentimiento: “Hay una diferencia entre guardar un secreto para proteger a alguien y guardarlo para protegerte a ti mismo”.

En julio de 2021, le dijo: “Cuando yo me vaya, eso no puede irse conmigo.

Lupe existió.

Cuando llegue el momento, sabrás reconocerlo”.

 

Tras la muerte de Vicente el 12 de diciembre de 2021, y la de guardianes del silencio como Villegas en 2022, Aurelio esperó.

El detonante fue un artículo de septiembre de 2025 que idealizaba el rancho como paraíso impoluto.

Contactó a Mendoza y reveló todo.

El reportaje, publicado el 14 de noviembre de 2025, explotó: millones de lecturas, confirmaciones del accidente de 1989 por El Informador, testimonios independientes como el de Carmen Solís y, en noviembre, fotografías publicadas por Patricia Mendoza Torres, prima de Guadalupe, verificadas por expertos.

 

Alejandro Fernández respondió con mesura: “Mi padre fue un hombre profundamente humano, con virtudes que el mundo conoció y con cargas que cargó en silencio”.

La Fiscalía de Jalisco abrió una investigación preliminar en diciembre de 2025.

Aurelio se refugió en un lugar seguro, mientras Mendoza publicaba más grabaciones.

 

En febrero de 2026, el rancho seguía en pie, pero sus secretos se marchitaban como las flores blancas del altar.

México procesaba que su ídolo tenía dimensiones humanas complejas: amor oculto, culpa eterna y posiblemente sombras más oscuras.

La capilla, con la sonrisa de Guadalupe en el centro, recordaba que algunos legados no se miden en discos de oro, sino en verdades silenciadas que, eventualmente, emergen.

 

Rancho los tres Potrillos - Vicente Fernández abre las puertas de casa.

La revelación de Guadalupe no solo cuestionó la narrativa oficial de Vicente Fernández, sino que abrió un debate nacional sobre la idolatría en México: cómo proyectamos pureza en figuras públicas y el costo para los vulnerables.

Patricia Mendoza dejó visible una foto de su prima en su sala: “Por primera vez en 36 años, no la guardo en una caja”.

Guadalupe existió, cantó y merecía ser recordada.

 

Capilla San Rafael . A 3380 metros sobre el nivel del mar en Piedra del Molino

Mientras la Fiscalía avanza con lentitud, y los abogados de la familia responden con recursos legales, la historia continúa desenterrándose fragmento a fragmento.

El rancho que filmó películas icónicas y crió leyendas ahora enfrenta su propia verdad: un lugar donde el amor y el poder se entretejieron de formas irreversibles.

 

Así se ve la gran ofrenda a Vicente Fernández por el Día de Muertos | Shows Bandamax Bandanews | Bandamax

México, que lloró a Vicente como a un padre en 2021, ahora lo mira con ojos más complejos en 2026.

Las bardas de Los Tres Potrillos guardaron secretos por cinco décadas, pero la verdad, como las flores sobre un altar de piedra, eventualmente se marchita y deja al descubierto lo que realmente ocurrió entre ellas.

 

Related Posts

Our Privacy policy

https://colombia24h.com - © 2026 News