La muerte de Yeison Jiménez en un accidente aéreo en Paipa dio paso a graves acusaciones que señalan que el siniestro habría sido un sabotaje ligado a presiones, extorsiones y traiciones dentro de la industria musical.
La muerte del cantante colombiano de música popular Yeison Jiménez, a los 34 años, sacudió al país con una fuerza que todavía no se disipa.
El anuncio oficial de su fallecimiento, junto al de varios integrantes de su equipo en un accidente aéreo ocurrido en cercanías de Paipa, dejó a Colombia sumida en el duelo.
Sin embargo, mientras miles de seguidores despedían al artista entre homenajes y canciones, en paralelo comenzó a circular una versión mucho más oscura de los hechos, cargada de señalamientos, filtraciones y acusaciones que hoy mantienen en vilo a la opinión pública.
Según este relato, Sonia Restrepo, señalada como la viuda del cantante, abandonó Colombia de manera abrupta en la madrugada posterior al sepelio.
No hubo comunicados, ni mensajes de despedida, ni apariciones públicas.
Su vivienda en Bogotá quedó vacía y su paradero pasó a ser desconocido.
La narrativa que ha tomado fuerza afirma que no se trató de un viaje voluntario, sino de una huida motivada por amenazas directas contra su vida.
“Si me quedaba, la verdad iba a ser enterrada con él”, habría dicho Sonia a personas de su círculo cercano, de acuerdo con esta versión.
La mujer, siempre según estas afirmaciones, habría salido del país en un operativo de alta seguridad, acompañada por personal no identificado y bajo un esquema de protección que muchos califican como inusual para la esposa de un artista.
El eje central de estas acusaciones es la existencia de un dispositivo personal de Yeison Jiménez, descrito como un teléfono móvil y un reloj inteligente, que contendrían información sensible sobre su vida profesional.
En ese material se hablaría de contratos, mensajes encriptados, audios y correos electrónicos que documentarían presuntas presiones económicas, extorsiones y amenazas contra el cantante y su familia.
“Déjenme trabajar en paz, ya les di lo que pedían”, se lee en uno de los mensajes que, según el relato, Jiménez habría enviado semanas antes de su muerte.
La respuesta, siempre de acuerdo con esta versión, habría sido tajante: “Nadie se sale de la mesa sin pagar la cuenta completa”.
El contenido de esos archivos apuntaría a una supuesta red de empresarios, promotores y figuras del entorno musical que habrían exigido al artista entregar hasta el 70 % de sus ingresos, bajo la amenaza de sabotear su carrera o atentar contra su seguridad.
Las presiones, se afirma, no solo eran económicas, sino también psicológicas, con mensajes que incluían seguimientos y referencias directas a su esposa y a sus hijas.
En este contexto, el accidente aéreo dejó de ser presentado como un hecho fortuito para convertirse, en esta narrativa, en un sabotaje planificado.
Se habla de una presunta manipulación técnica de la aeronave, contaminación del sistema de lubricación y hasta de la introducción de un agente químico en la cabina.
Ninguna de estas afirmaciones ha sido confirmada por autoridades aeronáuticas o judiciales.

Uno de los elementos más impactantes de esta historia es un audio de 45 segundos que, según se asegura, fue grabado por el reloj inteligente del cantante durante los instantes finales del vuelo.
En la grabación se escucharía una voz masculina diciendo: “Perdóname, Yeison, pero el patrón dio la orden desde Bogotá y mi familia estaba en juego”.
Este fragmento es presentado como la pieza clave que señalaría a un autor intelectual, aunque su autenticidad y contexto no han sido verificados oficialmente.
La supuesta lista negra es otro de los puntos centrales.
Sonia Restrepo, de acuerdo con este relato, estaría entregando nombres y documentos a instancias de justicia internacional, al considerar que en Colombia no existen garantías suficientes.
“No confío en la justicia local”, habría afirmado.
“Los tentáculos de los intocables llegan demasiado lejos”.
Mientras tanto, el impacto de estas versiones ha generado un clima de tensión en el sector del entretenimiento.
Se habla de movimientos financieros irregulares, ventas aceleradas de propiedades, cierre de empresas y solicitudes de visas de emergencia por parte de personas que temerían aparecer en dicha lista.
Todo esto se mantiene, hasta ahora, en el terreno de las afirmaciones no corroboradas.

El relato sostiene además que Sonia Restrepo tendría en su poder un video de seguridad grabado en un hangar la noche previa al accidente, en el que se observaría a figuras reconocidas manipulando la aeronave.
Ese material, se afirma, estaría protegido por un sistema de liberación automática como “seguro de vida”.
“Si algo me pasa, todo saldrá a la luz”, sería el mensaje implícito.
Hasta el momento, las autoridades colombianas no han confirmado la existencia de estas pruebas ni la apertura de investigaciones internacionales basadas en ellas.
Tampoco se ha ratificado oficialmente la salida del país de Sonia Restrepo ni su supuesto estatus de protegida por organismos externos.
Lo cierto es que la muerte de Yeison Jiménez, un artista querido y exitoso, quedó envuelta en un torbellino de versiones que van mucho más allá del duelo.
Entre el silencio oficial y el estruendo de las acusaciones, el caso se mueve en una frontera delicada entre la tragedia, la especulación y la exigencia de verdad.
Mientras tanto, el país observa con expectación, consciente de que, si alguna de estas afirmaciones llegara a comprobarse, las consecuencias sacudirían no solo a la industria musical, sino a estructuras de poder que hasta hoy se consideraban intocables.