La “MARILYN MONROE” CUBANA que FIDEL no se atrevió a TOCAR | El MISTERIO de ROSITA FORNÉS 💄

La noche del 11 de julio de 1996, en el restaurante Centro Vasco de la Pequeña Habana en Miami, el aire estaba cargado de una tensión eléctrica que presagiaba el desastre.

Marilyn Monroe | Marilyn Monroe Wiki | Fandom

Rosita Fornés, la gran vedette de Cuba, se maquillaba frente al espejo de su camerino preparándose para un concierto que nunca llegaría a dar, mientras afuera la rabia del exilio se manifestaba con una violencia incontenible.

Apenas cinco meses antes, el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate por parte del régimen castrista había convertido a la ciudad en un polvorín, y la presencia de la artista, vista por muchos como un símbolo de la dictadura que ella nunca abandonó, fue la chispa que encendió la mecha.

Un cóctel molotov o una amenaza de bomba —la memoria del caos a veces difumina los detalles— rompió la noche, obligando a la cancelación del espectáculo y dejando a la diva de 73 años con una reflexión amarga suspendida en el aire: en La Habana la tildaban de burguesa y rezago del pasado; en Miami, de terrorista y comunista.

Ella, en su fuero interno, solo quería cantar, pero la historia de Rosita Fornés es la crónica de una mujer atrapada en el fuego cruzado de una nación dividida, la única figura que logró sobrevivir a sesenta años de revolución sin irse, sin callarse del todo y sin que el sistema pudiera devorarla.

 

Para comprender la magnitud de su figura y el misterio de su supervivencia, hay que remontarse a sus orígenes.

Nacida en Nueva York en 1923 de padres españoles, Rosalía Palet Bonavia llegó a Cuba siendo una niña y luego vivió el trauma de la Guerra Civil Española, una experiencia que le enseñó tempranamente que el arte podía ser un bálsamo contra el dolor.

Su ascenso al estrellato comenzó en 1938, cuando una adolescente rubia de rostro angelical ganó el concurso de la Corte Suprema del Arte.

En una isla dominada por la percusión afrocubana y las voces de trueno como la de Rita Montaner, Rosita representaba una alteridad fascinante: la sofisticación europea, la “Marilyn Monroe” tropical que las clases altas aspiraban a ser y las clases populares deseaban admirar.

Su consagración en México durante la década del cuarenta, donde fue nombrada Primera Vedette de América, y su posterior reinado en la Habana de los años cincuenta junto a su esposo Armando Bianchi, la situaron en la cúspide de un mundo de lentejuelas, casinos y glamour que parecía eterno, hasta que la entrada de los barbudos en 1959 cambió las reglas del juego para siempre.

MARILYN MONROE: WHAT THE PUBLIC DOESN'T HEAR | THE UNTITLED MAGAZINE

Con el triunfo de la Revolución, la élite artística cubana se fracturó.

Figuras colosales como Celia Cruz, Olga Guillot y La Lupe eligieron el exilio, jurando no regresar mientras el comunismo imperara.

Rosita Fornés, sin embargo, tomó la decisión contraintuitiva de quedarse.

Argumentó razones familiares, la imposibilidad de mover a su madre y a su hija, y una postura apolítica fundamentada en su fe católica.

Pero lo que encontró fue un régimen que despreciaba su estética; el “hombre nuevo” que promulgaba el Che Guevara no tenía espacio para plumas, maquillajes excesivos ni el brillo del capitalismo decadente.

Durante décadas, específicamente entre 1960 y 1984, Rosita fue vetada del cine cubano por Alfredo Guevara, el zar del ICAIC, quien veía en ella un vestigio burgués que debía ser borrado de la historia visual de la revolución.

Fue un “veto de bolsillo”, una censura silenciosa donde los guiones simplemente nunca llegaban a sus manos.

 

No obstante, la televisión y el teatro siguieron siendo sus trincheras, no por benevolencia del estado, sino porque su popularidad era tal que prohibirla habría supuesto un riesgo de descontento popular que ni siquiera Fidel Castro estaba dispuesto a correr.

Se cuenta que cuando un burócrata le sugirió vestir de manera más modesta, acorde a los tiempos revolucionarios, ella respondió con una frase que se volvería legendaria: “Puedo venir mañana vestida con ropa de cortar caña y seguiré siendo Rosa Fornés”.

Esa defensa de su identidad, más que una declaración política, fue su acto de resistencia.

Pero el misterio de su intocabilidad persiste.

¿Por qué Fidel no la aplastó como a tantos otros? Las teorías oscilan entre el pragmatismo político de no martirizar a un ídolo popular y la protección desde las más altas esferas, alimentada años más tarde por las declaraciones de Mariela Castro, quien afirmó tener una amistad cercana con la artista.

Esta ambigüedad fue el precio que Rosita pagó para subsistir, navegando en aguas peligrosas donde el silencio era la única garantía de seguridad.

The Many Meanings of Marilyn Monroe - JSTOR Daily

Pero detrás de las luces del escenario y la supuesta complacencia con el poder, existía una Rosita Fornés clandestina y humanitaria que la historia oficial a menudo ignora.

Durante el “Quinquenio Gris” de los años setenta, cuando la persecución contra los homosexuales y los intelectuales disidentes alcanzó sus cotas más crueles, la casa de la vedette en el Nuevo Vedado se convirtió en un santuario.

Testimonios de artistas como Meme Solís confirman que Fornés alimentó, protegió y dio trabajo a bailarines y músicos condenados al ostracismo por su orientación sexual o sus ideas políticas.

Mientras el régimen los trataba como escoria, ella los acogía, desafiando implícitamente la moral revolucionaria.

Incluso durante la crisis del SIDA en los ochenta, visitó los sanatorios estatales para cantar a los enfermos, ofreciendo consuelo donde el estado solo ofrecía aislamiento.

No fue una heroína de pancarta, sino una protectora silenciosa que usó su privilegio para escudar a los vulnerables.

 

Su resurgimiento cinematográfico llegaría finalmente en los años ochenta con la película “Se permuta”, dirigida por Juan Carlos Tabío, donde demostró sus dotes para la comedia y la autocrítica, y más tarde en “Papeles secundarios”, una metáfora del derrumbe social.

Cuando la Unión Soviética cayó y Cuba entró en el oscuro “Periodo Especial” de los noventa, la imagen de una Rosita septuagenaria pedaleando en bicicleta hacia el teatro y maquillándose a la luz de las velas solidificó su estatus de leyenda resiliente.

Ella no se había ido; sufría las mismas carencias que su público, y esa lealtad geográfica le ganó un amor incondicional dentro de la isla que contrastaba dolorosamente con el rechazo que vivió en aquel fatídico viaje a Miami en 1996.

Marilyn Monroe: A Life in Photos | TIME

El tiempo, sin embargo, terminó por curar algunas heridas.

En sus últimos años, el exilio comenzó a comprender que la permanencia de Rosita en Cuba no era necesariamente un acto de complicidad, sino una estrategia de supervivencia.

Las ovaciones que recibió en Miami en 2019, poco antes de su muerte, fueron el reconocimiento tardío a una artista que quedó atrapada entre dos fuegos.

Su fallecimiento en junio de 2020 en Miami y su posterior entierro en La Habana cerraron el círculo de una vida marcada por la dualidad.

Mientras el régimen intentaba apropiarse de su legado con un funeral de estado, y el exilio debatía sobre la dignidad de su ataúd, la verdad de Rosita Fornés emergía en los matices grises.

 

A diferencia de Celia Cruz, que se convirtió en el símbolo de la libertad desde el exterior pero murió sin poder pisar su tierra, Rosita Fornés logró lo imposible: vivir y morir siendo la reina de una isla que intentó cambiarla y no pudo.

Su historia no es la de una traidora ni la de una revolucionaria, sino la de una artista que, ante la disyuntiva de abandonar sus raíces o someterse, eligió una tercera vía: quedarse y resistir desde la belleza, demostrando que ni siquiera la revolución más radical puede extirpar la necesidad humana de glamour, alegría y dignidad.

Ambas, Celia y Rosita, pagaron precios altísimos; una con el destierro físico, la otra con el exilio interior y el silencio, pero ambas permanecen como los dos pilares inmortales de la cultura cubana, recordándonos que la supervivencia tiene muchas caras y que, a veces, quedarse requiere tanto coraje como marcharse.

 

Related Posts

Our Privacy policy

https://colombia24h.com - © 2026 News