Sasha Montenegro, cuyo verdadero nombre era Alexandra Achimovic Popovic, fue mucho más que una actriz del cine de ficheras en México.
Su vida estuvo marcada por una historia compleja de refugiada de guerra, secretos familiares y escándalos políticos que la convirtieron en una figura polémica y fascinante.
Nacida en 1946 en Bari, Italia, hija de una familia yugoslava que huyó de la brutal posguerra en los Balcanes, Sasha vivió desde niña la incertidumbre de la migración, la necesidad de reinventarse y la lucha por sobrevivir en un mundo hostil.
Su familia provenía de Montenegro, una región de Yugoslavia bajo el régimen comunista de Josip Broz Tito.
En medio de la ocupación nazi, la resistencia partisana y la instauración del comunismo, muchas familias como la de Sasha tuvieron que decidir entre adaptarse o huir.
Los Achimovic eligieron escapar, enfrentando la constante amenaza de represalias políticas.
Su padre, vinculado a labores de inteligencia, llevó a la familia a vivir en constante movimiento, usando identidades falsas para evitar ser localizados.
Esta infancia de secretos y desplazamientos forjó en Sasha una personalidad camaleónica, capaz de adaptarse y sobrevivir a cualquier circunstancia.
En 1969, Sasha decidió dejar Europa y establecerse en México, un país que ofrecía oportunidades en la industria cinematográfica y que históricamente había acogido a refugiados políticos.
Sin embargo, su llegada no fue sencilla: sin conocer bien el idioma ni tener contactos, tuvo que abrirse camino en un ambiente difícil.
Su belleza y carisma le permitieron aprovechar una confusión inicial, cuando la confundieron con una actriz argentina, para acceder a círculos importantes del cine mexicano.

Adoptó el nombre artístico de Sasha Montenegro y comenzó a trabajar en el cine de ficheras, un género popular pero estigmatizado, que mezclaba comedia, sensualidad y crítica social.
A pesar del éxito comercial y la popularidad entre las clases trabajadoras, este género era despreciado por la élite cultural y social, lo que marcó la carrera y la imagen pública de Sasha.
El cine de ficheras exigía a sus actrices escenas de desnudos y una exposición constante a la objetificación.
Sasha aceptó estas condiciones para asegurar su supervivencia económica y legal en México.
Sin embargo, esta decisión le costó un estigma permanente: fue admirada como símbolo sexual, pero también rechazada y juzgada moralmente por sectores conservadores de la sociedad.
La dualidad de ser adorada y despreciada, de ser exitosa pero marginada socialmente, agotó emocionalmente a Sasha.
Su vida privada fue un misterio, manteniendo siempre una distancia calculada con la prensa y evitando revelar detalles íntimos.
La soledad y la incomprensión fueron constantes en su existencia.
En 1984, durante un evento en Sevilla, España, Sasha conoció al expresidente mexicano José López Portillo, en un momento en que ambos atravesaban crisis personales.
Esta relación, aunque compleja y con elementos transaccionales, fue genuina y tuvo profundas consecuencias políticas y sociales en México.

Sasha se convirtió en la esposa legal de López Portillo y madre de sus hijos, pero enfrentó la oposición y el rechazo de la familia del expresidente, así como acusaciones de maltrato y negligencia durante los años en que cuidó a López Portillo incapacitado.
Tras la muerte del expresidente en 2004, se desató una batalla legal por la herencia que dividió a la familia y marcó el final de una era.
Después de la batalla legal, Sasha se retiró casi por completo de la vida pública, viviendo en Cuernavaca con un perfil bajo.
En 2022, perdió su pensión presidencial como parte de las políticas de austeridad del gobierno mexicano, lo que generó controversia y debate social.
En 2023 fue diagnosticada con cáncer de pulmón avanzado y falleció el 14 de febrero de 2024 en su casa, rodeada de sus hijos.
Su funeral fue privado, sin grandes homenajes ni reconocimiento oficial, reflejando la complejidad y polarización que acompañó toda su vida.

Sasha Montenegro fue una mujer compleja, marcada por su origen como refugiada, su lucha por sobrevivir en una industria difícil y su papel en uno de los escándalos políticos más grandes de México.
Su historia revela las tensiones entre éxito y estigma, poder y soledad, amor y sacrificio.
Más allá de la actriz de ficheras, Sasha fue una sobreviviente que usó todas las herramientas a su alcance para construir su vida en un país extranjero, enfrentando prejuicios, juicios sociales y desafíos personales.
Su legado es un reflejo de las contradicciones de la sociedad mexicana y un recordatorio de la humanidad detrás de las figuras públicas.