“Por mi parte, he sido una imbécil… por haber aguantado tanto tiempo”, confesaba Irene Rosales en una intervención televisiva que ha marcado un antes y un después en su enfrentamiento con Kiko Rivera.

 

Irene Rosales rompe su silencio y desvela por fin el motivo de su ruptura  con Kiko Rivera

 

 

La esperada reaparición mediática de Irene Rosales como colaboradora en el programa conducido por Joaquín Prat no dejó indiferente a nadie.

Lejos de esquivar la polémica, la sevillana respondió punto por punto a las declaraciones que su expareja había realizado días antes, desmontando públicamente su versión y generando un terremoto mediático.

Uno de los aspectos más controvertidos fue el económico.

Kiko Rivera había insinuado que su exmujer dependía de él financieramente, asegurando que asumía gastos como la casa, el coche o los suministros.

Sin embargo, Irene fue tajante: “Él puede decir misa, pero yo puedo enseñarlo absolutamente todo”.

La colaboradora explicó que el vehículo al que hacía referencia el DJ no es un regalo, sino un renting vinculado a un acuerdo tras la separación, y que los gastos cotidianos como luz, agua o teléfono corren realmente de su cuenta.

Especialmente llamativo fue el episodio del teléfono: “Me cortó la línea sin avisarme… un teléfono donde están los contactos del colegio y de los médicos de mis hijas”.

Un gesto que calificó de “muy poca vergüenza” y que evidencia, según su relato, una dinámica de conflicto que trasciende lo mediático.

 

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En cuanto a la custodia de sus hijas, Irene desmintió rotundamente otra de las acusaciones más graves: que impide a Kiko verlas.

“Eso es totalmente incierto”, afirmó.

Según explicó, el propio convenio permite al artista cancelar visitas con apenas 24 horas de antelación, algo que habría hecho desde la primera semana tras su firma.

“Yo sí quiero que pase tiempo con sus hijas”, insistió, dejando entrever que el problema no radica en restricciones, sino en la implicación real del padre.

El testimonio de Rosales también abordó cuestiones más personales y delicadas, como el papel que desempeñó durante la relación en momentos especialmente duros.

Recordó que perdió a sus padres en un corto periodo de tiempo, mientras lidiaba con la mediática guerra entre Kiko Rivera y Isabel Pantoja.

“Yo no pude ni vivir el duelo… toda la energía estaba en el conflicto con su madre”, confesó visiblemente emocionada.

Estas declaraciones han sido interpretadas por muchos como un golpe directo a la narrativa del DJ, quien en ocasiones ha insinuado que Irene no actuó como mediadora en aquel enfrentamiento familiar.

Su versión, sin embargo, dibuja un contexto muy distinto: el de una mujer desbordada por circunstancias personales extremas mientras sostenía el entorno familiar.

La entrevista también dejó espacio para referencias a las nuevas relaciones sentimentales.

Irene se mostró prudente, aunque lanzó algún mensaje velado hacia la actual pareja de su exmarido, señalando que, si tiene capacidad para “calmar las aguas” en otros ámbitos, también podría hacerlo en este conflicto.

Aun así, evitó responsabilizarla directamente.

 

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En relación con la vida personal de Kiko Rivera, Rosales expresó sorpresa ante el nivel de hostilidad que percibe: “No entiendo que le salga tanto odio hacia mí cuando soy la madre de sus hijas”.

Una frase que resume el tono general de su intervención: firme, pero sin caer en la descalificación directa.

Otro punto relevante fue su postura sobre la custodia compartida.

Irene aseguró que no se opone, pero cuestionó su viabilidad si existen cláusulas que permiten al padre desentenderse de responsabilidades con poca antelación.

“Yo no tengo ese derecho”, subrayó, evidenciando un desequilibrio que considera incompatible con una corresponsabilidad real.

Mientras tanto, desde el entorno mediático continúan surgiendo opiniones que alimentan el debate.

Las palabras de Rosales han sido interpretadas como una respuesta contundente y bien argumentada, frente a un discurso previo que muchos consideraron inconsistente.

En este contexto, la figura de Kiko Rivera queda nuevamente en entredicho, atrapado entre sus propias declaraciones y las réplicas que desmontan su versión.

La polémica, lejos de apagarse, parece intensificarse con cada nueva intervención pública.

Así, lo que comenzó como una ruptura sentimental ha derivado en un enfrentamiento mediático de gran alcance, donde cada detalle —desde cuestiones económicas hasta la crianza de los hijos— es analizado al milímetro.

Y, por ahora, la balanza de la opinión pública parece inclinarse hacia una Irene Rosales que ha decidido hablar alto y claro.