HUGO SÁNCHEZ: Confesó Lo Que Le Hicieron TELEVISA y AZCÁRRAGA “El TIGRE“

Hugo Sánchez Márquez, nacido el 11 de julio de 1958 en la Ciudad de México, es ampliamente considerado el mejor futbolista mexicano de la historia.

Su legado como delantero es indiscutible: cinco Botas de Oro consecutivas en la liga española (1984-85 a 1989-90), 164 goles en 283 partidos con el Real Madrid, cinco títulos de máximo goleador de La Liga, una Pichichi en el Atlético de Madrid y una carrera que lo llevó a ser ídolo en el Bernabéu y referente absoluto del fútbol mexicano.

Sin embargo, detrás de esa grandeza deportiva existe una historia mucho más compleja y dolorosa: un enfrentamiento directo con Emilio Azcárraga Milmo, “El Tigre”, y con Televisa, que marcó su vida profesional y personal durante décadas.

Lo que Hugo confesó públicamente en los últimos años confirma lo que muchos sospechaban desde hace tiempo: su carrera en México fue castigada de forma sistemática por atreverse a desafiar el poder absoluto que Televisa y Azcárraga ejercían sobre el fútbol mexicano.

Real Madrid : Cappa: "Hugo Sánchez has a higher football IQ than Cristiano Ronaldo" Cappa: "Hugo Sánchez has a higher football IQ than Cristiano Ronaldo" - AS USA

En los años 80 y 90, Televisa no era solo una televisora: era el dueño invisible del fútbol mexicano.

Emilio Azcárraga Milmo controlaba las transmisiones de casi todos los partidos de primera división, influía en las decisiones de la Federación Mexicana de Fútbol, fijaba horarios, calendarios y, sobre todo, imponía el llamado “pacto de caballeros”.

Este pacto no era más que un acuerdo tácito entre los dueños de los clubes: los jugadores no podían negociar directamente con otros equipos; si querías a un futbolista, debías hablar con su club actual, que podía negarse sin dar explicaciones.

El jugador no tenía voz ni derechos reales.

Era propiedad.

Azcárraga lo resumía con claridad brutal: “Los jugadores son empleados.

Los empleados no toman decisiones”.

 

Hugo Sánchez regresó a México en 1992 tras una carrera brillante en Europa.

Firmó con el América en el fichaje más caro de la historia del fútbol mexicano hasta ese momento.

Televisa lo presentó como un símbolo de poder: el mejor jugador mexicano volvía a casa para ser “de ellos”.

Pero Hugo no estaba dispuesto a ser solo una imagen.

Desde el primer día habló claro: “El fútbol mexicano tiene mucho talento, pero está mal organizado.

Los jugadores no tenemos derechos.

Los contratos son injustos.

Eso tiene que cambiar”.

Esas palabras no eran una crítica aislada; eran el comienzo de una rebelión.

Hugo Sánchez | Best 100 Footballers in the World

En 1993, Hugo inició reuniones secretas con algunos de los mejores jugadores del momento: Luis García, Carlos Hermosillo, Alberto García Aspe, Jorge Campos, Ramón Ramírez, Claudio Suárez.

El objetivo era crear la primera Asociación de Futbolistas Profesionales de México, un sindicato que defendiera derechos laborales básicos: contratos justos, libertad de agencia al finalizar vínculo, representación legal, eliminación de multas arbitrarias.

No buscaban huelga ni confrontación abierta; solo organización legal y reconocimiento por parte de la Federación.

Hugo documentaba todo: quejas, salarios impagos, cláusulas abusivas, promesas incumplidas.

“Si no lo hacemos nosotros, nuestros hijos sufrirán lo mismo”, les decía.

 

Las reuniones eran discretas, en casas o restaurantes cerrados al público.

Pero alguien habló.

Un jugador, presionado por su directivo, reveló todo.

La noticia llegó a los dueños de los equipos grandes y, desde ahí, directamente a Emilio Azcárraga Milmo.

En una reunión de emergencia en las oficinas de Televisa, Azcárraga fue tajante: “Si permitimos que los jugadores se organicen, perdemos el control.

Van a exigir salarios más altos, contratos protegidos, libertad para negociar.

El pacto de caballeros se acaba y con él nuestro negocio”.

La orden fue clara: aislar a Hugo, quitarle apoyo, presionar a los demás jugadores para que se alejaran.

 

La oportunidad perfecta llegó en el Mundial de Estados Unidos 1994.

México llegó con una generación talentosa y esperanzas reales.

Miguel Mejía Barón era el técnico, el mismo que había dirigido a Hugo en Pumas 20 años antes.

Hugo, con 36 años, era el referente y el máximo goleador histórico de la selección.

Pero desde el primer día de concentración algo era extraño.

Mejía Barón apenas le hablaba, no lo incluía en charlas tácticas importantes, lo dejaba en la banca.

Los jugadores lo notaron.

“¿Qué pasa con Hugo?”, preguntó Luis García.

“Es nuestro plan B”, respondió el técnico.

“Si las cosas no funcionan, lo metemos”.

He has shown that he deserves it" – Hugo Sanchez names his 2022 Ballon d'Or winner| All Football

México ganó sus tres partidos de grupo sin Hugo como titular: 1-0 a Noruega, 2-1 a Irlanda, 1-1 con Italia.

Hugo entró pocos minutos en cada uno, sin opciones claras de gol.

En octavos de final contra Bulgaria, México empezó ganando 1-0 con penal de García Aspe.

Pero Bulgaria empató y luego remontó 3-1.

Hugo calentó, los aficionados gritaban su nombre, pero Mejía Barón nunca lo hizo entrar.

Cero minutos contra Bulgaria.

México eliminado.

Esa noche Hugo confrontó al técnico: “¿Por qué no me pusiste?”.

“Ya era tarde”, respondió Mejía Barón.

Hugo sabía que no era decisión técnica.

Alguien, desde arriba, había dado la orden.

 

Tras el Mundial, Hugo volvió al América, pero la relación con la directiva estaba rota.

Le bajaron sueldo, le quitaron privilegios, cambiaron horarios.

Todo eran excusas.

El mensaje era claro: estás incómodo aquí, vete.

Hugo se quedó y siguió hablando.

En entrevistas criticó el sistema: “El fútbol mexicano está controlado por un grupo pequeño de empresarios que solo les importa el dinero, no el deporte, no los jugadores”.

Televisa respondió con censura silenciosa.

En programas deportivos, documentales y transmisiones, Hugo era mencionado mínimamente o directamente ignorado.

Un estudio del Instituto Tecnológico de Monterrey (2018) reveló que entre 1997 y 2010 fue mencionado un 83% menos que otros jugadores históricos de nivel similar.

Hugo Sanchez, the home favourite who didn't quite shine at Mexico '86 | FourFourTwo

En 1997 se retiró sin homenaje oficial del América, sin partido de despedida, sin reconocimiento de la Federación.

Su carrera como entrenador fue irregular: campeón con Pumas en 2004, pero luego fracasos en Almería, Chivas USA y Pachuca.

Televisa minimizó sus logros.

Cuando Pumas ganó el título en 2004, la cobertura en Televisa fue mínima; hablaron de los jugadores, del portero Sergio Bernal, pero casi no de Hugo.

 

En 2022, 26 años después del intento de Hugo, se creó oficialmente la Asociación Mexicana de Futbolistas Profesionales.

Rafael Márquez lo reconoció: “Hugo fue el primero que se atrevió a decir lo que nadie decía.

Pagó un precio altísimo, pero abrió el camino”.

Hugo, como consejero honorario, asistió a la ceremonia.

“Lo que no pude lograr hace 30 años, ustedes lo están logrando ahora”, dijo.

“No se dejen.

No permitan que nadie les quite su dignidad”.

 

A los 66 años, Hugo Sánchez vive entre México, España y Estados Unidos.

Trabaja como analista, da conferencias, aparece en eventos.

Su relación con Televisa sigue distante, pero ya no le importa.

“Hice las paces conmigo mismo.

Eso es lo único que importa”, dijo recientemente.

Su legado no está en lo que Televisa diga o deje de decir, sino en los números, en los testimonios, en las nuevas generaciones que investigan y descubren quién fue realmente.

“Los goles no se pueden borrar”, afirmó.

“Dentro de 100 años, cuando ya nadie se acuerde de Televisa o de mí como persona, alguien va a buscar estadísticas y va a encontrar mi nombre”.

The focus is wrong' - Legendary player Hugo Sánchez blames federation executives for Mexico's current struggles | Goal.com India

Hugo Sánchez no solo fue el mejor jugador mexicano de la historia.

Fue el primero que se paró frente al poder y dijo “basta”.

Pagó un precio altísimo: veto en la selección, silencio mediático, ostracismo deportivo.

Pero sobrevivió para contarlo.

Y hoy, cuando existe un sindicato de futbolistas, cuando los jugadores tienen más derechos y cuando la conversación sobre justicia laboral en el fútbol mexicano es pública, Hugo Sánchez puede decir con tranquilidad: valió la pena.

Porque los imperios de concreto eventualmente caen, pero los legados construidos sobre principios y dignidad son eternos.

Y nadie, ni siquiera el más poderoso, puede quitarte eso.

Hugo Sánchez lo demostró, no con palabras, sino con su vida entera.

 

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