🔥 “Nos los arrebataron y los quemaron”: Harfuch revela la masacre del Grupo Fugitivo y México no puede creerlo 😱💔
La pesadilla comenzó una madrugada silenciosa.
El Grupo Fugitivo —una banda musical regional en pleno ascenso— había terminado una presentación en el norte del país.
Según testigos, salieron del lugar entre risas y agradecimientos, listos para regresar a casa.
Nunca llegaron.
Nadie imaginaba que esa sería la última vez que serían vistos con vida.
Durante días, familiares y amigos levantaron la voz, exigieron respuestas, pegaron carteles, compartieron sus rostros en redes sociales.
Pero el silencio era brutal.
Las autoridades, al principio, hablaron de “desaparición voluntaria” o “confusión de ruta”.
Nadie quería decir la palabra: secuestro.
Mucho menos asesinato.
Hasta que el horror habló por sí solo.
Cinco cuerpos fueron encontrados completamente calcinados en un paraje de Reynosa.
Al principio, no se sabía a quiénes pertenecían.
Pero bastaron horas para confirmar lo que muchos ya temían.
Eran ellos.
Los músicos.
Los jóvenes soñadores.
Los que solo llevaban instrumentos, canciones y esperanza.
El Grupo Fugitivo había sido aniquilado.
La noticia sacudió al país, pero nadie estaba preparado para lo que vendría después.
Fue el propio Omar García Harfuch, figura clave en temas de seguridad nacional, quien destapó la verdad oculta tras el caso.
Lo hizo con la crudeza que exige un crimen así.
“Fueron ejecutados de forma deliberada, torturados y finalmente calcinados para borrar toda evidencia”, afirmó en conferencia de prensa.
La frase dejó helado al auditorio.
Porque esto ya no era un accidente ni una confusión.
Era una ejecución con sello narco, con un mensaje brutal escondido entre cenizas y guitarras rotas.
“Hay indicios claros de que fueron interceptados por un grupo armado que controla la zona.
La razón aún se investiga, pero todo apunta a una supuesta ‘advertencia’ a quienes circulan sin permiso”, agregó Harfuch.
La crueldad del crimen no fue solo matar.
Fue borrar su existencia con fuego.
Hacerlos irreconocibles.
Negarles incluso una despedida digna.
Los peritos trabajaron durante horas para identificar los restos, y muchos de los familiares solo pudieron abrazar urnas con cenizas sin rostro.
Un adiós sin cuerpo.
Una tumba sin nombre.
La escena del crimen, según fuentes, parecía diseñada para infundir miedo: una camioneta totalmente quemada, instrumentos derretidos, y restos humanos esparcidos entre los asientos y la maleza.
Una imagen dantesca.
Un mensaje de plomo y fuego.
La reacción del medio artístico fue inmediata.
Artistas, agrupaciones y productores comenzaron a publicar mensajes de indignación y duelo.
“Esto no puede ser normal.
No puede ser una estadística más”, escribió un vocalista de una banda hermana.
“¿Hasta cuándo se va a permitir que los músicos sean tratados como enemigos por solo llevar alegría a los pueblos?”, publicó otra agrupación en redes.
Pero lo más devastador llegó de parte de las familias.
Las madres.
Los hermanos.
Los hijos.
“Él solo quería cantar.
Solo eso.
Nunca se metió con nadie.
¿Por qué le hicieron esto?”, declaró la madre de uno de los jóvenes en medio de una vigilia llena de lágrimas.
“No lo dejaron cumplir su sueño.
Lo apagaron como si fuera nada.
Como si su vida no valiera.
Mientras tanto, las autoridades prometen justicia.
Harfuch aseguró que ya hay líneas de investigación sólidas, e incluso se habla de nombres vinculados a un grupo criminal local que extorsiona a artistas y exige pagos por “permiso de circulación” en la región.
¿Fue ese el motivo del asesinato? ¿Un “castigo ejemplar” por no pagar? ¿O fue un error fatal, un caso de identidad equivocada?
Lo cierto es que la tragedia ha vuelto a abrir una herida profunda en México: la violencia contra los músicos.
No es la primera vez.
Y, lamentablemente, si algo no cambia, tampoco será la última.
Porque detrás de cada corrido, cada cumbia, cada balada en vivo… hay jóvenes que viajan de madrugada, cruzan zonas peligrosas y rezan por llegar a casa.
Pero esta vez, el país entero está mirando.
Porque cinco músicos no pueden ser calcinados y olvidados como si fueran parte del paisaje trágico.
Porque alguien tiene que responder.
Porque ya basta de ver a artistas como objetivos.
Como mercancía.
Como amenazas.
Y porque, como dijo Harfuch en sus últimas palabras: “La música no debe ser silenciada con fuego.
”
Hoy, en cada escenario, en cada guitarra que suena, en cada micrófono que se enciende, hay una ausencia.
La del Grupo Fugitivo.
Pero también hay una deuda.
Una herida abierta.
Y una rabia que no puede ser apagada.