Este 31 de marzo de 2026, México se detiene para honrar la memoria de una mujer que no solo fue una periodista, sino el oído atento de una nación.

Cristina Pacheco, fallecida a los 82 años, dejó tras de sí un vacío que parece imposible de llenar en la crónica de la vida cotidiana.

Su partida, ocurrida tras una batalla breve y feroz contra un cáncer fulminante, ha revelado la última gran historia de Pacheco: la suya propia, cargada de una dignidad silenciosa y una devoción inquebrantable por el oficio de escuchar.

Cristina Romo Hernández, nacida en San Felipe, Guanajuato, el 13 de septiembre de 1941, construyó un puente entre los círculos intelectuales más elevados y los rincones más humildes de la Ciudad de México.

Su formación en Letras Hispánicas en la UNAM no la alejó de la calle; al contrario, le dio las herramientas para entender que la literatura también se escribe con el sudor de los panaderos, el pregón de los vendedores de colchones y la resiliencia de los migrantes.

Al adoptar el apellido de su esposo, el gran poeta José Emilio Pacheco, no solo unió su vida a la de él, sino que crearon una de las duplas intelectuales más respetadas de México, donde ella brilló con luz propia a través de la lente de Canal 11.

Un legado que es Memoria del Mundo

La carrera de Cristina Pacheco se define por la permanencia.

Su programa icónico, Aquí nos tocó vivir, emitido por primera vez el 1 de mayo de 1978, alcanzó la extraordinaria cifra de 45 años al aire.

No era un espacio de espectáculos, sino un archivo vivo de la antropología urbana.

En 2010, la UNESCO reconoció este esfuerzo otorgándole el registro de “Memoria del Mundo de México”, validando que las historias de los “invisibles” documentadas por Cristina son fundamentales para entender la historia emocional y social de la capital.

Paralelamente, desde 1997, su programa Conversando con Cristina Pacheco ofreció durante 26 años un espacio de intimidad donde intelectuales, políticos y luchadores sociales se sentaban frente a ella.

El secreto de su éxito, según colegas como Carlos Brito, era su rigor: Pacheco nunca improvisaba.

Leía cada libro, estudiaba cada trayectoria y abordaba al invitado con una empatía que lograba que, una vez apagadas las cámaras, muchos confesaran que había sido la mejor entrevista de sus vidas.

La despedida: “Siempre estaremos juntos”

El retiro de Cristina Pacheco fue tan honesto como su trayectoria.

El 1 de diciembre de 2023, anunció en vivo que se alejaba de la televisión por “razones serias de salud”.

Con la voz quebrada pero firme, enfrentó a su audiencia no con drama, sino con gratitud.

Aquel día, rompió su ritual de cierre: ya no hubo un “nos vemos el próximo viernes”, sino un tierno y definitivo “siempre estaremos juntos”.

Tras su fallecimiento, su hija Laura Emilia Pacheco reveló la crudeza de la realidad: un diagnóstico de cáncer agresivo detectado apenas semanas antes de su retiro.

“No estoy cansada, estoy enferma”, solía decir Cristina, dejando claro que si por ella fuera, jamás habría abandonado esa silla que era su refugio y su fortaleza.

Su deseo final fue morir en casa, rodeada de sus libros y sus seres queridos, lejos del frío de los hospitales, manteniendo la coherencia de una vida vivida con absoluta intimidad y decoro.

El reencuentro con José Emilio

La historia de Cristina no se puede contar sin mencionar su amor absoluto por José Emilio Pacheco.

Presentados por Carlos Monsiváis a finales de los años 50, su unión trascendió lo familiar para convertirse en un ecosistema cultural.

Tras la muerte de José Emilio en 2014, Cristina transformó su duelo en poesía, escribiendo sobre colibríes y regresos anhelados.

Hoy, figuras de la cultura como Consuelo Sáizar aseguran que Cristina finalmente se ha reunido con el amor de su vida.

El impacto de su muerte ha sido un “knockout” para figuras como Elena Poniatowska, quien recordó la entrega de Cristina como esposa e intelectual.

El periodismo mexicano pierde consistencia sin su voz, pero gana un estándar de profesionalismo.

Pacheco recibió múltiples galardones, como el Premio Nacional de Periodismo en 1985 y el Premio Inés Arredondo en 2022, pero su verdadero reconocimiento está en las calles de la ciudad que tanto amó.

Cristina Pacheco nos enseñó que la conversación es la materia prima de la humanidad.

Supo ver lo extraordinario en lo ordinario y le dio dignidad a quienes la ciudad suele olvidar.

Mientras Canal 11 transmite programaciones especiales para recordarla, el público mexicano se queda con la imagen de la mujer que, con un micrófono en la mano y una curiosidad infinita, nos hizo sentir que, a pesar de todo, este era el lugar donde “nos tocó vivir”.