💎🏙️ Así es la vida real de Raúl de Molina en 2026: mansiones en las alturas, autos de lujo, viajes imposibles y la razón secreta por la que no puede retirarse

Así es la lujosa mansión donde Raúl de Molina vacaciona en la República  Dominicana - Diario Libre

La historia de la riqueza de Raúl de Molina no comenzó entre alfombras rojas ni oficinas ejecutivas.

Empezó en la calle, con una cámara colgada al cuello y una ambición feroz.

En los años ochenta recorría Miami como fotógrafo para Associated Press y colaborador de medios como Time, Newsweek y Life Magazine.

Documentaba redadas antidrogas, escándalos políticos y celebridades desprevenidas bajo el sol de South Beach.

No eran simples fotos: eran su pasaporte a algo más grande.

Cuando la televisión descubrió el carisma detrás del lente, Raúl cruzó de lado.

En 1998 debutó junto a Lili Estefan en El Gordo y la Flaca, y el resto es historia.

Para entonces, ya conocía el mundo de las celebridades mejor que muchos de los famosos que entrevistaba.

En 2026, sus números impresionan.

Se estima que gana alrededor de 15 millones de dólares anuales y que su patrimonio ronda los 50 millones.

Ingresos provenientes del programa, apariciones, libros, eventos y participación accionaria en Univisión.

Pero Raúl no se disculpa por eso.

“He trabajado por cada dólar”, ha dicho.

Y también admite algo más: los ha gastado con la misma intensidad.

Su hogar principal es una declaración de poder.

Así es la lujosa mansión que Raúl de Molina compró con lo que gana en  Univisión – Attorneys

Vive en el piso 37 de la Torre Rise, en Brickell City Centre, una de las direcciones más exclusivas de Miami.

El apartamento, de más de 2,700 pies cuadrados, ofrece vistas hipnóticas al skyline, la bahía de Biscayne y el río Miami.

Tres dormitorios, cinco baños, comedor para doce personas y una cava de vinos tipo walk-in que parece sacada de un hotel europeo.

Pero lo que realmente define el espacio no es el tamaño, sino las paredes.

Cada rincón está cubierto de arte: modernistas cubanos, vanguardistas latinoamericanos y piezas adquiridas en mercados de India, África, Sri Lanka y China.

Algunas obras conviven con fotografías que él mismo tomó décadas atrás, cuando corría con chaleco antibalas detrás de la noticia.

“Esta casa es un museo de mi vida”, confesó una vez.

La cava de vinos es otro símbolo.

Etiquetas de Mendoza, Napa y Borgoña descansan detrás de cristales polarizados.

Raúl bromea diciendo que él los colecciona y su esposa Milly se los toma.

El lujo, aquí, no es impostado: es vivido.

Además de Brickell, Raúl ha tenido otras residencias.

Durante años vivió en Key Biscayne, un refugio tranquilo donde crió a su hija Mía lejos del ruido mediático.

Con el tiempo, el ritmo urbano lo llamó y regresó al corazón de Miami.

También frecuenta destinos del Caribe como Casa de Campo, en República Dominicana, y existen rumores persistentes de un pied-à-terre en Nueva York y planes futuros de adquirir una propiedad en España, cerca de Madrid.

Su pasión por los autos es igual de intensa.

Rolls-Royce Ghost, Bentley Continental GT y un Porsche personalizado forman parte de su colección.

No son piezas de museo: los maneja, los disfruta y los presume.

Ha convertido esa afición en experiencias de viaje, alquilando deportivos en Mónaco, recorriendo La Toscana y visitando resorts automovilísticos en Dubái.

Raúl de Molina muestra su lujoso apartamento | ¡HOLA!

Y luego están los viajes.

La familia de Molina ha recorrido el mundo como pocos: Petra, el Tíbet, Nepal, Sudáfrica, Japón, Egipto, Patagonia.

No son vacaciones improvisadas, sino experiencias cuidadosamente planeadas para aprender, absorber culturas y crear recuerdos.

Raúl insiste en que viajar es parte de la educación de su hija, una formación que ningún salón de clases puede igualar.

Ese compromiso con Mía ha sido también uno de los factores que más ha impactado sus finanzas.

Su educación universitaria en Washington D.C.

costó cerca de un millón de dólares.

Hubo tropiezos, excesos, lecciones duras y finalmente madurez.

Raúl lo admite sin filtros: ese gasto retrasó su retiro.

Hoy, con 66 años, Raúl sigue siendo uno de los conductores mejor pagados de la televisión en español.

Podría bajar el ritmo, pero no quiere.

Retirarse significaría renunciar a restaurantes de alta cocina, hoteles cinco estrellas, vuelos en primera clase y viajes constantes.

“Podría hacerlo si quisiera comer sándwiches en casa”, ha dicho.

“Pero no quiero”.

Esa es la paradoja de su vida en 2026.

Un hombre con una fortuna envidiable, pero con un estilo de vida tan exigente como el trabajo que lo sostiene.

Raúl no se arrepiente.

Vive grande, gasta grande y trabaja en consecuencia.

Para él, el lujo no es solo dinero: es identidad.

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