La mansión de María Félix, ubicada en una de las zonas más exclusivas de Polanco, Ciudad de México, ha sido escenario de una investigación discreta y meticulosa que ha dejado al descubierto secretos sorprendentes sobre la legendaria actriz y su legado.

Omar García Harfuch, titular de la policía capitalina, recibió una orden judicial para catear la propiedad sin hacer ruido ni permitir la presencia de prensa o testigos, lo que despertó una serie de interrogantes sobre lo que realmente se buscaba en ese lugar congelado en el tiempo.
La instrucción fue clara: revisar la mansión con máxima discreción.
Harfuch escogió personalmente a seis agentes de confianza para llevar a cabo la operación, evitando cualquier despliegue espectacular que pudiera llamar la atención de los vecinos o medios.
La casa, cerrada desde la muerte de María Félix en 2002, había estado bajo el cuidado de un anciano empleado que mantenía el lugar en condiciones impecables, respetando la memoria de la diva mexicana.
Al entrar, el equipo se encontró con un ambiente detenido en las décadas de los 70 y 80, con salones llenos de obras de arte originales, fotografías, muebles y objetos personales que reflejaban la personalidad y el poder de María.
Cada detalle parecía cuidadosamente colocado, como si la mansión misma fuera un santuario dedicado a la figura pública que ella construyó con disciplina y obsesión.
Sin embargo, lo que más llamó la atención no fue el lujo, sino las ausencias: espacios vacíos en las paredes, huecos en libreros y mesas que indicaban que objetos valiosos habían sido removidos.
Esta limpieza selectiva generó más preguntas que respuestas, sugiriendo que alguien había decidido qué debía quedar y qué debía desaparecer.

El punto culminante de la investigación fue el descubrimiento de una habitación secreta en el tercer piso, oculta tras un panel camuflado en la pared.
Esta estancia austera, sin lujos ni adornos, era el único lugar donde María Félix parecía permitirse ser ella misma, lejos del personaje público.
Allí encontraron una caja fuerte alemana con un sistema de seguridad complejo, que contenía fajos de dinero en efectivo en diversas monedas, cuidadosamente protegidos.
Además del dinero, había una carta manuscrita de María explicando su decisión de guardar el efectivo fuera del sistema bancario, como una medida de control y desconfianza hacia las instituciones financieras, tras haber vivido múltiples crisis económicas y políticas a lo largo de su vida.
La investigación reveló que María Félix había construido un complejo entramado financiero con propiedades en varios países, cuentas bancarias bajo diferentes nombres y una colección de arte y joyas que excedían lo conocido públicamente.
Su manejo del dinero reflejaba una estrategia de poder y autonomía, buscando mantener el control absoluto sobre su fortuna y evitar depender de terceros o sistemas inestables.
Los retiros periódicos de grandes cantidades de efectivo durante casi 30 años demostraban una planificación meticulosa para preservar su libertad económica y garantizar que su legado permaneciera intacto y bajo su control, incluso después de su muerte.
Más allá de la diva y la figura pública, María Félix fue una mujer inteligente, estratégica y profundamente consciente del contexto social y político en el que vivió.
Su vida estuvo marcada por matrimonios turbulentos, relaciones complejas y una lucha constante por mantener su independencia y poder en un mundo dominado por hombres.
Su imagen pública, cuidadosamente construida, ocultaba una realidad de disciplina, sacrificio y control absoluto sobre cada aspecto de su vida, desde su apariencia hasta sus finanzas.
Esta investigación ha permitido vislumbrar esa faceta menos conocida, revelando que su verdadero poder residía en la capacidad de decidir y controlar su destino sin pedir permiso a nadie.

La noticia del hallazgo en la mansión de María Félix causó revuelo en medios y redes sociales, generando debates sobre la figura de la actriz y su manera de manejar su fortuna.
Mientras algunos cuestionaron la existencia de tanto efectivo y la opacidad financiera, otros defendieron su derecho a proteger su patrimonio y celebraron su legado como símbolo de empoderamiento femenino.
La mansión fue vendida años después y la habitación secreta, junto con la caja fuerte, desaparecieron, pero las preguntas sobre los secretos que María Félix llevó consigo permanecen.
Su historia sigue siendo un testimonio de la complejidad del poder, la fama y la lucha por la autonomía en una época y sociedad que imponían límites severos a las mujeres.