🌕⚔️ La Nueva Carrera Lunar Ha Comenzado: Cómo SpaceX y Elon Musk Podrían Llegar a la Luna Antes que China y Cambiar el Equilibrio del Poder Espacial para Siempre

SpaceX anuncia la identidad de su primer turista lunar — Astrobitácora

La NASA lleva años buscando una forma de regresar a la superficie lunar más rápido de lo previsto.

El programa Artemis, con su arquitectura compleja y costosa, prometía un retorno histórico, pero también acumuló retrasos.

En este contexto, SpaceX apareció como el comodín inesperado.

No solo como proveedor, sino como posible protagonista absoluto del próximo alunizaje humano.

La clave está en Starship, el colosal sistema de lanzamiento completamente reutilizable de Elon Musk.

Diseñada originalmente para Marte, Starship fue seleccionada por la NASA como el Human Landing System, el vehículo que llevará astronautas desde la órbita lunar hasta la superficie.

Pero el plan oficial es largo, delicado y depende de múltiples lanzamientos, repostajes orbitales y sincronizaciones milimétricas.

Bajo la arquitectura actual de Artemis, una Starship lunar debe ser lanzada a órbita baja terrestre y luego ser repostada por varias Starship cisterna.

Una vez cargada, viaja hacia la Luna y entra en una órbita especial casi rectilínea.

Paralelamente, la NASA lanza el cohete SLS con la cápsula Orion y cuatro astronautas.

En órbita lunar, Orion se acopla con Starship, dos astronautas descienden a la superficie, completan su misión y regresan para volver a la Tierra.

Funciona… en teoría.

El problema es el tiempo.

SpaceX nos va a llevar a la Luna con esta tecnología: quieren acelerar el  proceso

China planea llevar astronautas a la Luna antes de 2030, con una arquitectura más directa y controlada por el Estado.

Para Estados Unidos, perder esa carrera no es solo simbólico: implica influencia estratégica sobre recursos lunares, zonas clave como el polo sur y el futuro de la exploración espacial.

Aquí es donde SpaceX propone algo radical: simplificar la misión.

Según declaraciones recientes y filtraciones, la empresa de Elon Musk ha presentado a la NASA una arquitectura alternativa que permitiría un regreso más rápido a la Luna, reduciendo dependencias y pasos intermedios.

Aunque muchos detalles siguen clasificados, el concepto central es claro: usar la capacidad extrema de Starship para hacer más con menos.

Pero el mayor desafío no está en llegar a la Luna.

Está en aterrizar.

Starship HLS es una bestia descomunal: 9 metros de diámetro, más de 50 metros de altura y cientos de toneladas de masa.

Aterrizar algo así sobre un terreno irregular, cubierto de regolito fino y polvo traicionero, es un problema de ingeniería nunca antes enfrentado.

Las misiones Apolo usaron patas de aterrizaje, pero aquellas naves eran pequeñas comparadas con este gigante de acero.

Curiosamente, SpaceX nunca ha mostrado un diseño definitivo de las patas de aterrizaje de Starship HLS.

Y eso ha encendido todas las alarmas.

¿Es demasiado difícil? ¿O están pensando en algo completamente distinto?

Una de las ideas más audaces es eliminar las patas por completo.

En lugar de apoyar la nave en cuatro o seis puntos, SpaceX podría convertir toda la base de Starship en una gigantesca superficie de aterrizaje.

El borde inferior sería reforzado con un anillo estructural, diseñado para deformarse de manera controlada y absorber la energía del impacto.

Antes del contacto final, los motores Raptor reducirían la velocidad a menos de un metro por segundo, mientras un sistema de chorros de gas compactaría el suelo lunar, creando una plataforma firme justo antes del aterrizaje.

No sería un “golpe”, sino un beso controlado con la superficie lunar.

Otra propuesta, aún más extrema, plantea algo nunca visto: aterrizar Starship de forma horizontal.

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En este escenario, la nave se acercaría verticalmente, reduciría su velocidad y, a pocos metros del suelo, rotaría lentamente hasta quedar casi acostada, como un avión aterrizando en una pista improvisada.

Una estructura amortiguadora absorbería el impacto y distribuiría el peso sobre una superficie enorme, reduciendo la presión sobre el suelo lunar.

El beneficio es inmediato: mayor estabilidad, acceso sencillo para los astronautas mediante rampas y la posibilidad de usar la nave como una base lunar instantánea.

Un volumen presurizado gigantesco, listo para ser habitado desde el primer día.

El costo también es claro: una Starship horizontal difícilmente podría despegar de nuevo.

Pero eso no necesariamente es un problema.

Podría quedarse allí, convertirse en infraestructura permanente y marcar el inicio de una presencia humana sostenida.

Mientras tanto, China avanza con un enfoque más conservador, pero constante.

Su programa lunar ya ha demostrado capacidad de aterrizar en el lado oculto, traer muestras y planificar bases.

La diferencia es filosófica: China juega a largo plazo, SpaceX apuesta por romper las reglas y acelerar el calendario.

Si Starship logra demostrar fiabilidad en órbita, repostaje rutinario y un método viable de alunizaje, SpaceX podría, en teoría, colocar humanos en la Luna antes de que China complete su plan.

No como una misión simbólica, sino como el primer paso hacia una presencia permanente.

La Luna ya no es solo un destino científico.

Es un tablero geopolítico.

Recursos como el hielo de agua, posiciones estratégicas y experiencia operativa decidirán quién lidera la siguiente era espacial.

Y en ese tablero, Elon Musk no está jugando a empatar.

Está apostando todo a una nave gigantesca, ideas imposibles y la convicción de que, en el espacio, quien se atreve primero… gana.

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